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| 6/19/1995 12:00:00 AM

LA CAIDA DEL IMPERIO CUBANO

Las protestas de los exiliados cubanos ante las medidas migratorias de Washington reflejan su pérdida de influencia y exasperan alas otas comunidades.

QUE ESTADOS UNIDOS DEvuelva a los balseros cubanos, pase. Que México los expulse, es algo que el exilio en Miami puede aguantar. Pero que Haití se dé el gusto de deportarlos, es un insulto histórico.
Es esta clase de insultos, sin embargo, lo que muchos están disfrutando en Estados Unidos, al ver cómo se desploma el poder de una comunidad que ostentaba los privilegios migratorios, más amplios de la legislación norteamericana.
A fuerza de cabildeo, votos y plata, los exiliados cubanos lograron que el gobierno estadounidense concediera asilo automático a los emigrantes cubanos que llegaban a la Florida en balsas; la poderosa Fundación Cubano-Americana suscribió un convenio sin antecedentes con el Servicio de Inmigración para traer miles de cubanos regados por el mundo en espera de entrar a Estados Unidos, y cada vez que un grupo de ellos llegaba a un país dispuesto a deportarlos, movían cielo y tierra para que el gobierno estadounidense lo impidiera.
Pero ahora las cosas han cambiado. Como resultado de acuerdos entre ambos gobiernos, el presidente Clinton ha puesto en marcha medidas en virtud de las cuales los balseros serán repatriados como cualquier ilegal que trate de traspasar las fronteras del país del Norte.
Entre la población anglo de la Florida, estas medidas han dejado la sensación de que por fin los cubanos serán tratados sin privilegios. Pero lo que más ha sorprendido a los exiliados es que un alto porcentaje de hispanos no cubanos apoyan las medidas de Clinton. En una encuesta del Miami Herald de la semana pasada, un 46 por ciento de hispanos estuvo de acuerdo con la repatriación de los balseros y un 66 por ciento consideró que Clinton tomó la decisión acertada. En opinión de un 71 por ciento, los cubanos debían quedarse en la isla y hacerle resistencia a Castro en lugar de abandonarla.
Detrás de estas cifras hay un rechazo de las comunidades que, aunque no se atreven a decirlo abiertamente, están hastiadas de la cosa cubana, de las diatribas radiales, y no se aguantan un lamento más por la Cuba de ayer y contra el "tirano de hoy".
Según expertos este rechazo es el resultado de que los cubanos no han estrechado lazos con otras comunidades. "Creo que es claro que los cubanos se han aislado políticamente del resto de la población", dijo Miguel González Pando, director del Cuban Living History Project de la Universidad Internacional de la Florida. Un paisa explicaba a SEMANA que lo que más le molestaba de la actitud de los exiliados era su falta de gratitud con el país que les abrió las puertas. "Es como si vos me invitas a la casa y después de un tiempo yo me traigo a toda la familia, la instalo en tu cuarto y cuando no haya más campo, te pida que te vayas y que deje la puerta abierta para que sigan llegando más parientes ".
El mensaje de cansancio no sólo ha llegado a las encuestas. Hace una semana se anunció que el noticiero de Caracol Miami que tiene una amplia cobertura en América Latina, superó en audiencia a emisoras cubanas como Radio Mambi y La Cubanísima.
Lo peor es que en su protesta, los exiliados han convocado a dos paros y a una jornada de desobediencia que incluye tomarse las calles y acostarse en las intersecciones congestionadas. El efecto entre los no cubanos ha sido contraproducente por las demoras y porque la policía en lugar de desplazarlos a patadas como lo harían con cualquier otro, los escoltan y desvían el tráfico. La encuesta reflejó ese disgusto: un 54 por ciento de los hispanos, un 59 por ciento de los negros y un 65 por ciento de los blancos dijeron que debían ser arrestados. Y la sorpresa es que un 29 por ciento de los cubanos también apoyaría esa medida.
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