Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1998/06/15 00:00

LA CAJA DE PANDORA

Las pruebas nucleares de la India anuncian un futuro más peligroso e impredecible que la Guerra Fría.

LA CAJA DE PANDORA

Las pruebas atómicas que realizó el gobierno indio la semana pasada tomaron al mundo por sorpresa. Pero el mayor sobresalto fue el del presidente norteamericano, Bill Clinton, quien estaba en Berlín conmemorando los 50 años del bloqueo soviético. Sus servicios de inteligencia habían sido incapaces de predecir lo queiba a ocurrir, tanto es así que Richard Shelby, el presidente de la comisión correspondiente en el Senado, lo describió como"la falla de inteligencia de la década" . Semejante falta de atención sería perdonable si no fuera porque el renacimiento del programa bélico nuclear de la India era una historia anunciada.
Y lo era porque el partido que se encuentra en el poder, el Bharatiya Janata, es una organización ultranacionalista que nunca ha ocultado su voluntad de que la India debe ser una potencia nuclear. El triunfo en febrero pasado del primer ministro Atal Bihari Vajpayee fue para muchos observadores indios un momento crucial en la historia de su país, que había sido gobernado hasta entonces por organizaciones seculares y multiculturales, como el Partido del Congreso. Pero la decadencia de sus adversarios y un hábil populismo lograron encumbrar a ese, un partido extremista que se basa en la supremacía de la cultura de los 700 millones de hinduistas sobre la de 120 millones de musulmanes cuya presencia en el país se remonta a más de 1.000 años.
Bomba atómica
Con ese perfil ideológico no era de extrañarse que Vajpayee decidiera asumir los costos internacionales de hacer pruebas nucleares con tal de demostrar a su electorado que sus promesas no eran vacías. Las manifestaciones de júbilo que se presentaron espontáneamente en las principales ciudades indias probaron que su cálculo era correcto. Pramod Mahajan, un asistente de Vajpayee, dejó entrever en respuesta a las anunciadas sanciones económicas que el mensaje de las pruebas atómicas tiene un destinatario doméstico: "No nos preocupan las amenazas. La noticia del día es: La India desafía a la opinión mundial", dijo al periódico norteamericano The Washington Post. Los periódicos locales, como el Indian Express, no fueron menos grandilocuentes: "Las pruebas han encendido el durmiente espíritu nacional de los indios", tituló.
Esa reacción popular, si bien limitada a las castas más altas, pareció demostrar que detrás de las preocupaciones por la amenaza externa planteada por China y Pakistán (ver recuadro) yace una profunda necesidad colectiva de la India por ser reconocida como una gran potencia mundial que, como dice el comentarista Tunku Varadarajan, "es la que ha contribuido con más tropas a los esfuerzos de paz de la ONU". Todo indica que para el actual gobierno indio entrar al club de los países poseedores de bomba atómica es el primer paso para lograr el viejo objetivo nacional de acceder al Consejo de Seguridad de la ONU.
La pregunta es si el gobierno de Nueva Delhi calculó correctamente el riesgo que corría o si en el esfuerzo por situarse en el primer plano internacional resultó aislándose. Porque, como era de esperarse, la reacción internacional asumió diversos grados de condena. En la vecina y adversaria Pakistán las pruebas desencadenaron una ola de clamores nacionalistas para que Islamabad demuestre que también tiene capacidad nuclear. Y en el resto del mundo hasta un cercano aliado, como el presidente ruso Boris Yeltsin, dijo que "India me ha decepcionado", mientras Clinton mostraba su profunda molestia. Tanto su gobierno como el de Japón, principales soportes económicos de Nueva Delhi, anunciaron la imposición de sanciones y que presentarían el caso ante la reunión del Grupo de los Ocho en el fin de semana.
El gobierno indio se defiende con su viejo argumento de que los tratados contra la proliferación de armas nucleares y contra las pruebas de ese tipo son discriminatorios porque no contemplan el desarme de las cinco potencias nucleares declaradas, Gran Bretaña, Francia, Rusia, China y Estados Unidos, que son además los actuales miembros del Consejo de Seguridad. Nueva Delhi sostiene que, por otro lado, al no ser parte de esos instrumentos, no se puede obligar a cumplirlos a un país democrático que ha sufrido varias guerras fronterizas, una de ellas con una potencia nuclear como China.
Eso puede ser cierto. Pero también lo es que la entrada a codazos de la India al club nuclear ha puesto al descubierto la vulnerabilidad del mundo unipolar ante la amenaza de múltiples carreras armamentistas en el mundo entero. Porque la amenaza de sanciones económicas, que afectarían sobre todo los programas de ayuda contra la pobreza, no parece suficiente para detener a un gobierno elegido por la élite de un país como la India, donde la miseria de sus habitantes de las castas más bajas es aceptada casi como una herencia cultural.(Ver recuadro)
Al final de la semana el gobierno de Islamabad, que desde hace tiempo posee la capacidad técnica para hacerlo, anunció que llevaría a cabo sus propias pruebas nucleares. Esa decisión demostró que las viejas potencias nucleares se están quedando sin argumentos para convencer a los demás países de que ellos son los únicos con derecho a tener armas atómicas. Abierta esta caja de Pandora, muchos observadores anunciaban su profunda nostalgia por la Guerra Fría.

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