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| 5/16/2004 12:00:00 AM

La caja de Pandora

Crece el escándalo de las torturas en Irak: hay fotos más escalofriantes e informes de violaciones sistemáticas. Bush sólo piensa en su reelección.

Washington. 12 de mayo. 2 de la tarde. Un dispositivo de seguridad de película venía escoltando una maleta azul. Los 100 congresistas esperaban en la sala S-407, famosa por ser el escenario de discusiones delicadas, como la que hace unos meses decidió la salida del presidente Aristide de Haití. Estaban ansiosos.

El Pentágono tenía otras 300 fotografías y videos inéditos de abusos a prisioneros iraquíes. Les habían advertido que las imágenes eran tan horribles que era imposible mostrarlas al público.

Los senadores y representantes estuvieron tres horas a puerta cerrada en la sala mientras les proyectaban el material. No se les permitió hacer copias ni preguntas a los funcionarios, y sus asesores tuvieron que permanecer afuera. Al final los agentes recogieron los discos, volvieron a guardarlos en la maleta y se marcharon.

Hubo diversas reacciones. Algunos legisladores no pudieron ver la totalidad de las imágenes y salieron con náuseas. "Hay que tomar la peor foto de las que se conocían y multiplicarla varias veces", dijo el senador demócrata Ron Wyden. Los congresistas contaron que vieron imágenes de torturas en que perros bravos muerden a presos desnudos amarrados, sádicas violaciones de prisioneros con tubos de neón y palos de escoba. También hay escenas en que los prisioneros son obligados a tener relaciones homosexuales y a masturbarse entre ellos mientras los soldados se ríen; unas prisioneras tienen que exponer sus senos; un preso esposado se golpea la cabeza contra la pared para desmayarse y no seguir viviendo tanta humillación.

"No sé cómo diablos esta gente entró a nuestro ejército", dijo el senador Ben Nighthorse. Lindsay Graham, senadora republicana, agregó: "La opinión pública tiene que entender que estamos hablando acerca de violación y asesinato. No se trató simplemente de hacer pasar a algunas personas por una experiencia humillante".

Otros republicanos coincidieron en el horror de las fotografías, pero explicaron que se oponían a su divulgación. Argumentaron que estas pondrían en peligro los juicios contra los militares involucrados en los abusos y calentarían aún más los ánimos en Oriente Medio, un riesgo que Washington no quiere tomar después del salvaje asesinato del contratista norteamericano Nick Berg en represalia por la humillación ocasionada por las primeras fotografías.

Tal vez estos argumentos sean válidos, pero podría ser más perverso que estas imágenes se filtraran a los medios, como sucedió con las primeras. Y por otro lado, nadie duda que la verdadera razón para mantenerlas en secreto es el efecto que causarían en la opinión pública estadounidense justo antes de las elecciones. En efecto, con el escándalo la popularidad de Bush ha caído de 52 por ciento a 46 por ciento en un mes, según una encuesta de CNN, USA Today y Gallup. Esta cifra es la más baja desde el inicio de la guerra. Para colmo, el 54 por ciento de encuestados ahora piensa que la invasión de Irak fue un error.

Esta tendencia puede agravarse a raíz de la publicación de un informe de la Cruz Roja Internacional que reveló que entre el 70 y 90 por ciento de los presos iraquíes son inocentes y han sido encarcelados ilegalmente. El informe habla también de varios abusos en las carceles de Irak y en la base militar de Guantánamo, Cuba. La Casa Blanca sabía esto desde febrero y no hizo nada al respecto. Algunos expertos creen que de haber actuado, los abusos de Abu Ghraib se hubieran evitado. Todas estas revelaciones tienen al gobierno de Bush al borde de una situación similar a la que vivió Lyndon Johnson cuando perdió el apoyo interno a la guerra en Vietnam.

¿Cuál es la estrategia de Bush para evitar que esto le suceda?

Irak, 13 de mayo. 8:00 de la mañana
En momentos en que en Washington pedían su cabeza, el secretario de Defensa Donald Rumfeld llegó de sorpresa a Bagdad. A su llegada las tropas le dieron un recibimiento de estrella de cine. Rumsfeld dijo a los militares: "Ustedes han ayudado a liberar a 25 millones de seres humanos, también han realizado una cantidad de actos de cortesía, generosidad y compasión para el pueblo iraquí".

Rumsfeld negó que el motivo de su viaje fuera calmar la tormenta por los abusos de la prisión de Abu Ghraib, pero a todas luces esa era justamente la razón de su visita. Un día antes del viaje varios senadores demócratas pidieron su cabeza en una audiencia ante el Congreso. Hasta la revista británica The Economist, que ha apoyado abiertamente la ocupación de Irak, tituló su artículo de carátula 'Renuncia, Rumsfeld'. Quienes culpan al Secretario de Defensa de las torturas apuntan al hecho de que cuando éste tuvo conocimiento de los abusos no alertó al Congreso y el mundo entero, e incluso el presidente Bush, según dijo, se enteró hace un mes por una emisión de la cadena ABC. Para colmo, el informe del general Antonio Taguba sobre las torturas concluye que éstas no fueron hechos aislados cometidos por unos cuantos soldados, sino que hubo complicidad de la inteligencia militar y las agencias de seguridad privadas.

En medio de ese agitado ambiente, Rumsfeld llegó con una historia completamente distinta a Irak. Según él, las torturas fueron casos únicos que serían castigados. "Rumsfeld está tratando de mostrarles a los iraquíes que la mayoría de soldados estadounidenses son buenos y que sólo unas malas manzanas fueron responsables de los abusos", le dijo a SEMANA la doctora Rania Masri, productora del documental About Bagdad.

Además de la visita sorpresa de Rumsfeld, Washington tenía otro plan para calmar un poco la ira que ocasionaron las fotografías de Abu Ghraib. El viernes por la mañana las fuerzas de la coalición liberaron 293 prisioneros de la cárcel de Abu Ghraib. Según dijo el brigadier general Mark Kimmit, en los próximos días serían liberados otros cientos. Estos presos se encontraban detenidos aparentemente sin ninguna causa, como en efecto denunciaba el informe de la Cruz Roja.

Sin embargo, para la población iraquí el daño ya está hecho y la visita de Rumsfeld estuvo acompañada de manifestaciones de indignación de los familiares de los prisioneros. La madre de uno de ellos se arrancó la piel con las uñas frente a las cámaras para mostrar su rechazo a los abusos de las tropas invasoras. El famoso diario electrónico de Revirbend de una niña en Bagdad dice: "La solución es: no violen, no torturen , no maten y salgan mientras puedan. ¿Caos? ¿Guerra civil? ¿Baños de sangre? Tomaremos el riesgo". Y en las calles de Bagdad los manifestantes piden la renuncia de Rumsfeld.

Pero nada de esto va a suceder. De momento, el presidente Bush no está preocupado por su imagen en el mundo árabe o el futuro a largo plazo, de la reconstrucción iraquí. Lo único que le importa es mantener el apoyo popular interno para su reelección. Y, toda su política externa, incluida la liberación de presos iraquíes, va dirigida hacia ese fin. Por eso mismo es poco probable que Rumsfeld renuncie. Apenas estalló el escándalo, el presidente Bush le dio todo su apoyo en una rueda de prensa: "Usted está haciendo un trabajo magnífico, usted es un Secretario de Defensa fuerte, dijo. Según explicó a SEMANA Adam Isaacson, del Center for International Policy: "La administración Bush no puede despedir a un Secretario de Defensa que se ha convertido en un símbolo de la guerra contra el terrorismo a cinco meses de las presidenciales" .

En los círculos cercanos al Senado estadounidense se maneja la tesis de que en lugar de Rumsfeld, el presidente Bush planea descabezar a algunos funcionarios de menor rango dentro de los organismos de inteligencia.

En todo caso el escándalo ya ha mancillado la imagen de Bush en el país, lo que podría costarle la elección. Por otro lado, los daños a largo plazo en el mundo son irreparables y lo perseguirán aunque logre ganar las elecciones. Ya nadie en Irak tiene una buena imagen de las tropas estadounidenses y el discurso de la guerra en Irak como una cruzada por la liberación de un pueblo, la defensa de los derechos humanos y las libertades civiles no convence ni a los más ingenuos.
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