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| 1/10/1994 12:00:00 AM

La causa de Andrés

De la mano de Andrés Velásquez, la obrerista Causa R. se convirtió en nueva potencia política.

PROMEDIABAN LOS 60, y cada guerrillero venezolano lle- vaba un proyecto político entre el morral. Alfredo Maneiro decidió hacer realidad el suyo, y sembró la semilla entre los obreros del aseo y el aluminio del estado Bolívar. Se metió entre los sindicatos y creó el Movimiento Matancero, una organización clandestina que en medio de paros, golpizas y pedreas se impuso entre la dirigencia con un discurso conocido: la reivindicación, y el interés obrero frente al capital, del pobre frente al rico, del oprimido frente al opresor. Eran los tiempos de Viet Nam, y miles salían a las calles a darse pedra- das con los policías.
En Puerto La Cruz un indígena karina, estudiante de electricidad, Andrés Velásquez, estaba siempre en primera fila. Allí lo conocieron los agitadores comunistas y los guerrilleros que después fundaron el Movimiento Al Socialismo (MAS). No se sabe si terminó el bachillerato, pero si dónde se hizo obrero. Fue en la poderosa Siderurgica del Orinoco (Sidor, estatal), en Ciudad Guayana, suroriente de Venezuela. Entró como suplente de obrero, pero como titular en la política y la agitación.
En el Matancero conoció a Maneiro, y lo siguió. Alli comenzó, a los 20 años, la carrera política de Andrés Velásquez, "el de mente ágil, arrojo permanente y voz de trueno lejano". Maneiro murió cuando La Causa R. crecía entre el proletariado estatal de Guayana, Ciudad Bolívar y Puerto Ordaz, pero sin ser más que un movimiento como otros tantos, aunque con una diferencia: la mística de Velásquez, Mateus, Pablo Medina y otros. Velásquez comenzó a pasear sus 1,54 metros de estatura por toda Venezuela, viajando en lo que podía.
Venezuela decidió elegir a sus alcaldes y gobernadores, y La Causa R. creyó que debía participar con candidatos. Se apoyaba en fuerza sindical de Sidor entre los maestros de Caracas, y entre los descontentos. La Causa R. era, sin embargo, un enano entre los gigantes, Acción Democrática, Copei y MAS. "Era un grupito de locos con aspiraciones grandes sin experiencia alguna, que se creían con derecho a mandar en Venezuela", dicen. Y como loquitos los dejaron actuar. Pero el enano se creció y Velásquez y La Causa R. llegaron a la gobernación del estado Bolivar, en medio de la incredulidad general.
Con vestido nuevo, pero sin corbata, Velásquez asumió la gobernación. Los militares que lo perseguían ahora le obedecían, y el resto de habitantes lo aplaudían y le hacían venias. En su discurso de posesión resumió la filosofía de La Causa R.: "...Nosotros nunca pensamos gobernar para el pueblo. No. Que el pueblo gobierne es lo que nosotros queremos; no gobernar por él sino que el pueblo gobierne. Esa es la democracia radical. Esa es La Causa R.".
Con el tiempo, un periódico dijo que "nunca como ahora ha habido mas pulcritud en el estado Bolívar, ni más obras públicas, ni más sentido de administrar". En Caracas, Aristóbulo Istúriz intentaba, contra viento y marea, y sin recursos, hacer algo parecido desde la alcaldía del histórico Municipio Libertador, el principal de Caracas y el número uno de Venezuela.
Millares de descontentos de todo el país, cansados con la corrupción y los abusos desde el gobierno, "hartos de la Venezuela de todos los días", se fueron detrás de Velásquez y La Causa R. desde el día en que se lanzaron tras la presidencia de la República. La candidatura creció como espuma, a pesar de la cuestionable actitud de los militares, y a la guerra sucia desatada desde los directorios políticos rivales. "Pero la arrechera (la ira) y el deseo de castigar a los matraqueros (corruptos) y a los abusadores pudo más que las artimañas". Velásquez no ganó, por unos 150.000 votos, pero en la Cámara de Diputados La Causa R. ubicó 70 de 170 miembros, y en las asambleas legislativas de varios estados los causaerristas son apabullante mayoría.
Según analistas, "lo que hicieron estos obreros es un logro de relumbrón que dejará de brillar; los votantes que los apoyaron los usaron para protestar y castigar al establecimiento aunque de paso asustaron a todo el mundo".
Sin embargo, para otros, Venezuela tendrá Velásquez para rato, "pues, como él gritaba por la televisión, para él y su partido la causa es Venezuela".
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