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| 4/27/1992 12:00:00 AM

LA CEI: SUEÑO O PESADILLA

MIENTRAS LOS LIDERES DE LA CEI NO LOGRAN ACUERDO SOBRE LA CONFEDERACION, EN LAS CALLES EL HAMBRE ACECHA.

LA COMUNIDAD DE ESTADOS INDEPENDIENtes (CEI) es un sueño", concluyó Leonid Kravchuk, presidente de Ucrania, al finalizar la reunión de 11 estados ex soviéticos, realizada el 20 de marzo en Kiev. "Es un sueño por el que vale la pena luchar", respondió Boris Yeltsin, presidente de Rusia. El duelo verbal entre los dos presidentes es el duelo entre el gobierno de Rusia, que busca a toda costa mantener la maltrecha unidad de la CEI bajo su dominio, y el gobierno ucraniano, para el cual la CEI es la antesala del divorcio.
La reunión de Kiev, la capital de Ucrania, había sido convocada para tratar de encontrar acuerdos sobre los puntos que están pendientes sobre el funcionamiento y alcances de la Confederación que reemplazó a la fenecida Unión Soviética. Pero si bien se lograron 17 puntos de acuerdo, en las cosas importantes fue un verdadero fracaso. Los participantes no lograron avanzar en la espinosa discusión sobre la sucesión de los bienes de la ex URSS, y literalmente la patearon hacia adelante. Como en toda sucesión los herederos tiran cada uno para su lado; pero en este caso no se trata de una casa o de unas joyas, sino de cabezas nucleares y submarinos atómicos. En cuanto al punto crucial de la reunión, el futuro del Ejército Rojo, Ucrania se negó a firmar un acuerdo para crear un comando militar unificado, mientras que sigue incumpliendo el compromiso de enviar a Rusia las armas nucleares para su desmantelamiento. Lo cierto es que de todo lo acordado Ucrania, la anfitriona, no firmó ni un solo tema.
El periódico semanal Literaturnaya Gazeta tituló su análisis sobre la reunión así: "De nuevo quieren, pero ya no pueden", señalando con pesimismo el creciente conflicto entre Rusia y Ucrania. Es que la CEI está prácticamente paralizada, reducida al rol de espectador de las guerras civiles que suceden en su territorio, y de la crisis económica que desarticula sus países, impotente ante ello.

AHORA LA FEDERACION RUSA
Al estallido de la URSS se agrega ahora el desarrollo de: los movimientos independentistas en la Federación rusa. El 21 de marzo se realizó un referéndum en la república de Tatarstán, en el cual el 61.4 por ciento de los votantes se manifestó por la soberanía. Tatarstán es una rica república petrolera ubicada al sudeste de Moscú, con tres millones y medio de habitantes. 43 por ciento son rusos y 48 por ciento son tártaros, esencialmente de origen turcousulmán. El referéndum, que fue declarado ilegal por las autoridades rusas, es un indudable estímulo a las reivindicaciones de las otras repúblicas de la Federación.
Obviamente existe una gran diferencia entre las ex repúblicas soviéticas y las pequeñas repúblicas rusas, que tienen menos poder para confrontar al gobierno de Yeltsin. Pero en el marco de la desintegración de la URSS y de la generalizada crisis económica, sus reclamos pueden tomar impulso y plantear nuevos retos al gobierno de Yeltsin.
Sin ir más lejos, el 6 de abril se realizará la discusión sobre la nueva Constitución en el Congreso de Diputados del Pueblo de Rusia. Uno de sus puntos centrales será el de las relaciones con las repúblicas autónomas. Varias de ellas ya han rechazado los términos del nuevo estatuto federal propuesto, cuestionando de antemano la nueva Constitución.
Hace unos años, casi nadie sabía repetir de memoria los nombres de las repúblicas soviéticas, y hoy se habla con naturalidad de Estonia y de Azerbaiján. Ahora hay que agregar al diccionario geográfico los nombres de Bashkiria Buryatia, Checheno-Ingushetia y otros más hasta sumar 17 repúblicas autónomas, pues darán que hablar en los próximos meses.

LA VIDA NO ES SUEÑO
Pero si la CEI es todavía un sueño, la vida diaria es una pesadilla. La liberación de precios realizada en enero elevó los costos de los productos 10, 20 y 100 veces, actuando como un vendaval que arrasó con los rublos de sueldos y ahorros.
El vendaval arrojó a las calles a decenas, luego a cientos, y ahora a miles de personas que venden de todo. Al principio eran pocos, pero ahora son tantos que hacen hileras dobles para que los probables vendedores caminen entre ellos escogiendo las mercancías. Antes se hacían colas para comprar. Ahora se hacen para vender lo que antes compraban.
Pero no son vendedores de profesión, aunque muchos ya son parte de redes comerciales. Son mamás y abuelitas (babushkas), de 80, 70, 50 y 40 años, chicas jóvenes de 20 y 25, que están paradas hasta las nueve o 10 de la noche, con cinco grados bajo cero, vendiendo un cepillo de dientes, una botella de vodka, una crema de Lancome, las lámparas de la casa, o la leche y el pan que compraron por la mañana después de una hora de cola en el almacén estatal.
Un jubilado gana 360 rublos, algo más de tres dólares; un profesor calificado de lenguas extranjeras recibe 900 rublos, un médico 600 y el director de una planta nuclear gana siete dólares.
La inflación de enero fue de 400 por ciento y los salarios se quedaron iguales; el 90 por ciento de la población gana menos de 1.500 rublos y está por debajo del nivel de pobreza; se calcula que en los tres primeros meses de este año la producción de alimentos habrá descendido sustancialmente. El círculo se cierra alrededor de los rusos, que literalmente se están muriendo de hambre.
Para abril se anuncia una nueva etapa en el plan de liberación de precios, referida en primer lugar a la energía y el combustible, lo que hará elevar los precios de los demás productos nuevamente.
Este abrupto descenso del nivel de vida estaría causando, aparentemente, un descenso en la popularidad de Yeltsin. Según una encúesta publicada por Nezavisimaya Gazeta en febrero, un 42 por ciento de los moscovitas manifestó estar descontento con el gobierno, contra sólo un 26 que dijo estar satisfecho. Hace seis meses, cuando se derrotó el golpe de estado, todo eran sueños e ilusiones. Pero la realidad está demostrando que la vida no es un sueño, y que los sueños, sueños son.
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