Domingo, 21 de septiembre de 2014

| 2013/09/21 03:00

Rousseff, la chica superpoderosa

Con su histórico desplante a Washington por las chuzadas de la NSA, Dilma Rousseff deja a Estados Unidos como un tigre de papel y anuncia medidas que pondrían en peligro la unidad de internet en el mundo.

Dilma Rousseff canceló la cita que tenía con Barack Obama el próximo 23 de octubre. Con el gesto Brasil no solo muestra su indignación por el espionaje de la NSA, sino que reafirma su voluntad de ser una potencia global. Foto: AFP

“Everything”, dijo enfática y en inglés la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, el 5 de septiembre, al exigirle a Estados Unidos que le entregara todo lo que la Agencia de Seguridad Nacional (NSA) de ese país sabía de ella tras interceptar sus comunicaciones. Así lo reveló el programa de televisión Fantástico, del canal O Globo. Desde entonces, las relaciones entre el Palacio de Planalto y la Casa Blanca pasan por su peor momento desde 2011, cuando Rousseff llegó al poder. 

El escándalo, motivado por las filtraciones del exagente Edward Snowden, no podía haber salido a la luz en peor momento. En Washington preparaban la visita de Estado de Rousseff, el 23 de octubre, la única agendada este año. Pero Rousseff decidió cancelarle la invitación al hombre más poderoso del mundo, a pesar de que Obama intentó disuadirla con una llamada de último minuto. Un desplante sin precedentes para una ocasión de ese nivel. 

Mientras tanto, el expresidente Lula, exigió a Barack Obama pedir disculpas públicamente, cosa que no va a suceder porque Estados Unidos considera que su programa de espionaje no solo es necesario y estratégico, sino legítimo para salvaguardar sus intereses. 

Ante esta situación, el ministro de Defensa de Brasil, Celso Amorim, viajó la semana pasada a Argentina, en compañía del general José Carlos dos Santos, el director del Centro para la Defensa Cibernética del Ejército, para estrechar la cooperación entre ambos países y enfrentar “la guerra cibernética, porque es la guerra del futuro”, como dijo en Buenos Aires antes de su encuentro con la mandataria Cristina Fernández. 

Como si fuera poco el ministro de Comunicaciones de Brasil, Paulo Bernardo, dijo que estaban contemplando obligar a las compañías prestadoras del servicio de internet a usar servidores locales para garantizar la seguridad de sus comunicaciones. Esto no es tan fácil de lograr técnicamente, pero de conseguirse, abriría una tendencia preocupante a lo que se ha llamado la balcanización de la red, dividida en feudos locales. 

La medida, sin embargo, no convence a los escépticos locales. “El anuncio parece un mero discurso político, nada más. Brasil no puede operar en internet solo con tecnología local. Ni siquiera China puede hacerlo,” dijo a Semana Pedro Doria, columnista de tecnología del diario O Globo.

Internamente, la decisión de Dilma ha sido tan criticada como celebrada. Trascendió que dentro del círculo de asesores que consultó estuvo su publicista de campaña João Santana. Por eso la oposición no tardó en afirmar que el desplante era un cálculo electorero, a un año de las elecciones presidenciales, para mostrarse como una mujer de carácter, luego de que las protestas en junio afectaron duramente su popularidad.

El impacto del espionaje estadounidense seguramente será tema obligado la próxima semana durante la Asamblea General de la ONU, en la que también se discutirá sobre el ingreso de Brasil como miembro permanente al Consejo de Seguridad. Y en ese punto, el respaldo que Obama pueda ofrecerle a Rousseff será decisivo. 

La actitud que tome el presidente norteamericano podría dar la pauta de qué tanto considera un aliado al gigante suramericano. Lo malo es que cualquiera que sea dejará la sensación de que hoy en día Washington ha perdido tanta presencia internacional, que es posible gritarle en la cara al otrora capataz de la región. 

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