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| 5/28/2011 12:00:00 AM

La china o el coronel

En una semana los peruanos elegirán a su próximo presidente. Keiko Fujimori remontó y ahora lidera las encuestas, pero Ollanta Humala no da nada por perdido.

Cuando empezó la campaña electoral en Perú, pocos creían que Keiko, la hija del exmandatario Alberto Fujimori, tuviera alguna posibilidad real de llegar a la Presidencia. Los analistas sostenían que lo máximo que podría lograr sería llegar a segunda vuelta, pero que una vez en esa instancia perdería contra cualquier oponente. La razón, la fuerte resistencia que genera el fujimorismo en el país.

Pero con lo que no contaban los expertos era con que el rival de Keiko sería Ollanta Humala, un candidato nacionalista y ex militar que todavía carga el lastre de su cercanía con Hugo Chávez en los comicios de 2006 y que genera mucha incertidumbre en materia económica. Ante este nuevo panorama, Keiko se ha convertido en una especie de 'mal menor'.

Esto se ve reflejado en las encuestas, que registran un importante crecimiento de la ex primera dama. En cuestión de dos meses, Keiko logró remontar los ocho puntos que le sacó Humala en la primera vuelta y pasó a liderar los sondeos con hasta cinco puntos de ventaja sobre su rival. Aunque todavía no es una cifra contundente, en especial si se tiene en cuenta la volatilidad del electorado peruano, es evidente que Keiko viene en ascenso y llega como la candidata más fuerte para las elecciones del 5 de junio.

El fortalecimiento de Fujimori se puede explicar por el miedo que genera Humala en el sector privado. El principal temor es que haya un retroceso en el modelo económico de libre mercado que ha llevado a Perú a un crecimiento histórico en la región. La incertidumbre es tan grande que una vez se conocieron los resultados de la primera vuelta electoral, la Bolsa de Lima registró una caída de 12 por ciento en solo tres días.

Humala ha tratado de calmar a la clase dirigente con un discurso de izquierda moderada, pero no ha tenido mucho éxito. Tampoco ha sido muy claro al explicar su plan de gobierno, pues ha incurrido en varias contradicciones, sobre todo en temas delicados. Su propuesta de aprobar una nueva Carta fue vista como un rasgo antiinstitucional peligroso, pero ahora insiste en que se trataría de "reformas constitucionales" adoptadas por medios estrictamente democráticos. En medio de las críticas por la ambigüedad, solo ha atinado a decir que su "programa de gobierno sufrirá ajustes". El problema es que ya ha presentado cuatro versiones que modifican su plan original, y esto lo hace ver como un candidato que no tiene las cosas claras.

Keiko, por su lado, también ha incurrido en varias contradicciones, pero al parecer a ella no le han pasado factura. De defender a muerte el gobierno de su padre y de calificarlo como "el mejor de la historia del país" pasó a admitir que hubo algunos errores y a pedir perdón por ellos. Incluso alcanzó a insinuar que si llega a la Presidencia no pedirá el indulto del 'Chino', condenado a 25 años de cárcel por corrupción y crímenes de lesa humanidad. Pero como le dijo a SEMANA el analista político Alberto Vergara, "es difícil creerle a alguno de los dos en este momento. Ella está tratando de convencernos de que no es fujimorista y él, de que no es chavista".

Lo único claro es que a la mayoría de peruanos no les gustan ni Keiko Fujimori ni Ollanta Humala. "La mitad de la población está yendo a votar por candidatos que no le gustan, a los que teme, de los que sospecha", le dijo a SEMANA el conocido columnista Mirko Lauer. El hecho de que hayan sido ellos los que llegaron a la segunda vuelta es un reflejo del inconformismo de los ciudadanos con el establecimiento, con el sistema político y con una desigualdad cada vez mayor. "La gente lo vive como una especie de resistencia al orden establecido", asegura Lauer.

Según las encuestas, los electores ven a Keiko como la candidata más idónea para impulsar el crecimiento económico, garantizar la seguridad y luchar contra el crimen. Vergara asegura que la llegada del exalcalde de Nueva York Rudolph Giuliani como asesor en materia de seguridad ciudadana ha reforzado esta imagen del fujimorismo como movimiento fuerte, de mano dura. Humala, por su parte, ha enfocado su campaña en programas de asistencia social y es percibido como el candidato más apropiado para mejorar la distribución de la riqueza y para luchar contra la corrupción.

Su esfuerzo se ha concentrado en tratar de borrar su imagen de chavista radical, que ya le costó las elecciones en 2006, y ahora se muestra como el Lula peruano. Un esfuerzo que resultaría beneficiado por la actitud del Nobel Mario Vargas Llosa, quien exasperado por la posibilidad de que el fujimorismo, su gran enemigo, vuelva al poder, ha resuelto liderar un movimiento de intelectuales a favor de Humala, a quien había repudiado en las elecciones anteriores, precisamente por su relación con el presidente venezolano.

La contienda está tan apretada que serán los indecisos los encargados de definirla. El gerente de la Compañía Peruana de Estudios de Mercadeo y Opinión Pública, Manuel Saavedra, le dijo a SEMANA que mucho va a depender del resultado del debate programado para el domingo 29 de mayo, que incidirá sobre todo en los indecisos, que aún suman cerca del 12 por ciento a nivel nacional, y en aquellos electores que en este momento piensan votar por Keiko pero que podrían cambiar su voto de aquí al día de las elecciones (8 por ciento); así como también aquellos que piensan votar por Humala y no están 100 por ciento seguros de ello (6 por ciento)". Se calcula que al menos el 25 por ciento de los peruanos define su voto en el último momento.

Lo preocupante es que la campaña se ha alejado de los verdaderos debates y ha caído en el juego sucio. En palabras de Lauer, ha sido "sombría, fea, llena de acusaciones de lado y lado". Keiko, por ejemplo, no ha desaprovechado ninguna oportunidad para recordar los fuertes lazos entre Hugo Chávez y su rival, y ha ido un paso más allá al afirmar que la campaña del candidato nacionalista ha sido financiada, en gran parte, por el presidente venezolano. Humala, entre tanto, ha recordado de forma permanente los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el gobierno de Fujimori.

La propia Keiko lamentó la guerra sucia después de escuchar las recriminaciones de Humala contra su suegro. El candidato nacionalista se refirió a la denuncia de la cadena Univisión, que reveló que el padre de Mark Vito Villanella, esposo de la candidata, fue condenado en Estados Unidos por evasión de impuestos. "Vemos un denominador común en los padres de esta pareja (Villanella-Fujimori). Los padres de ambos consortes son ladrones. Uno en Estados Unidos, porque el señor es norteamericano, y el otro en el Perú", dijo Humala.

Y es que la campaña ha estado tan centrada en diversas acusaciones que WikiLeaks se ha convertido en un importante protagonista. El diario El Comercio ha sido el encargado de revelar algunos cables que han tenido un impacto directo en la contienda electoral. Uno de ellos tiene que ver con la presunta participación de Ollanta Humala en la tortura y desaparición forzada de algunas personas cuando estaba a cargo de la base Madre Mía, en 1992. Aunque el actual candidato fue absuelto por las autoridades, la aparición del cable, firmado en 2006, ha vuelto a poner el tema sobre la mesa. Pero sin duda lo que más ha llamado la atención es la publicación de varios cables que dejan claro que los fujimoristas, desde hace varios años, estaban planeando el regreso de su máximo líder al poder. Todavía no han alcanzado su objetivo principal. Pero si Keiko logra imponerse el próximo 5 de junio, habrán logrado consolidar a la heredera directa.
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