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| 5/16/1988 12:00:00 AM

LA CONSAGRACION DE LA PRIMAVERA

Sin contendores peligrosos, Mitterrand debe ganar este domingo, la primera vuelta de las elecciones francesas

Es la coincidencia perfecta entre la naturaleza y la política. Al tiempo en que la primavera se extiende pintando de verde el paisaje después de los meses de invierno, la democracia francesa está aprovechando para sacar a relucir sus mejores galas, con el mismo desparpajo de las parisinas que empezaron a salir por las calles la semana pasada, una vez que el sol volvió a reinar en la ciudad luz.
El motivo de tanta animación es claro. Por quinta vez en la historia de la quinta república creada por el general De Gaulle en 1958, los franceses se alistan a elegir el jefe de Estado encargado de conducir el país durante los próximos siete años.
Como en algunas obras de teatro el programa se ha dividido en dos actos. El primero tendrá lugar este domingo 24, cuando unos 38 millones de votantes tendrán la posibilidad de escoger entre uno de los nueve ciudadanos que han reunido los requisitos exigidos para ser candidatos a la presidencia de la república. De ese grupo, tan sólo los dos primeros se clasificarán para la segunda vuelta, programada para el 8 de mayo. En esa fecha, los franceses volverán a las urnas para decidir quién es de una vez por todas el próximo inquilino del Palacio del Elíseo.
Tal como se ha vuelto ya tradicional, el duelo en esta oportunidad tiene lugar entre las fuerzas de la izquierda y las de la derecha, que perdió el poder en 1981 y que --si la lógica se impone-- volverá a ser derrotada.
No obstante, esta vez la confrontación parece ser más de nombres que de ideas. El favorito indiscutido de la izquierda es el actual presidente Francois Mitterrand, quien hace apenas dos años largos era una de las figuras más impopulares de la Francia contemporánea. Sin embargo las cosas cambian y, gracias a una cuidadosa estrategia, Mitterrand cuenta con un apoyo multitudinario. Las diferentes encuestas indican que el presidente debe llevarse un 38 por ciento de los votos en la primera vuelta.
El resto de los candidatos de izquierda está muy lejos. Los comunistas, que están de capa caída en esta década, están --para colmo de males-- divididos. El candidato oficial del Partido Comunista Francés André Lajoinie, está tratando de enterrar las aspiraciones de su ex compañero, Pierre Juquin, quien se lanzó en disidencia como "comunista renovador". Por ahora, todo parece indicar que Lajoinie vencerá a Juquin, pero nada más. Las encuestas revelan que el candidato del PCF obtendrá cerca de un 6 por ciento de los votos (tres veces más que Juquin), cifra muy inferior al 15 por ciento obtenido por George Marchais, candidato comunista en 1981.
En la derecha, las cosas no están mejor. Hasta el momento el favorito es Jacques Chirac, actual primer ministro y alcalde de París, quien a los 55 años de edad tiene el apoyo de cerca de un 25 por ciento de los electores. Gracias a su gestión como jefe del gobierno y a una intensa campaña Chirac ha logrado desplazar a Raymond Barre, quien antes de comenzar la contienda oficial tenía una cómoda ventaja sobre el primer ministro.
No obstante, aparte de ser opacado por la energía de Chirac, Barre ha llevado a cabo una campaña desastrosa, mal planeada y mal ejecutada. Como consecuencia, este profesor universitario de tendencia neo-gaullista, ha caído repetidamente en las encuestas. Los diferentes especialistas sostienen que Barre conseguirá tan sólo un 15 por ciento de los votos el próximo 24 de abril.
Si no se cuida, Barre podría incluso perder frente al hombre fuerte de la ultra-derecha, el diputado Jean Marie Le Pen, dirigente del Frente Nacional, quien ha tomado inusitada fuerza últimamente. Apoyado en su política contra la inmigración ("Francia para los franceses" es uno de sus lemas de campaña), este ex paracaidista de 59 años ha logrado reunir un electorado conformado por desempleados, jubilados, ex militantes comunistas y jóvenes con ideas neo-nazis.
Es precisamente la fortaleza de Le Pen la que le preocupa a la gente de la derecha. Hasta el momento ni Chirac ni Barre se le han aproximado abiertamente al candidato del Frente Nacional, pero no falta quien diga que sin el apoyo de éste no hay posibilidad de que la derecha triunfe en la segunda vuelta. En previsión a cualquier movimiento, Mitterrand colocó el tema de la integración sobre el tapete la semana pasada y emplazó a Chirac a decir lo que opina sobre el asunto.
Si la lógica se impone, los contrincantes del 8 de mayo acabarán siendo, precisamente, Mitterrand y Chirac. Desde el comienzo de la campaña el liderazgo le sigue perteneciendo al presidente, quien a pesar de haber entrado a la lucha sólo a finales de marzo, ha demostrado que es mejor candidato que cualquiera de sus rivales. Con sus 71 años, el jefe de Estado ha dejado en claro que tiene la vitalidad, el poder oratorio y la astucia política para vencer a sus adversarios.
Adicionalmente, Mitterrand ha aprendido a no plantear ningún programa revolucionario y a presentarse, no como el candidato socialista, sino como el presidente de todos los franceses. Si esa estrategia resulta o no, se vera el 8 de mayo. En el intermedio, Francois Mitterrand debe salvar el obstáculo de este domingo el cual, gracias a la ventaja que tiene, se está pareciendo desde ya a un simple requisito.--
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