Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1986/07/28 00:00

LA CONSTANCIA VENCE...

Con perseverancia, venciendo obstáculos políticos y jugándosela como comunicador, Reagan consiguió por fin su sueño de ayuda a los "contras".

LA CONSTANCIA VENCE...

Como era de esperarse, la solicitud del presidente Reagan de entregar cien millones de dólares en ayuda a los "contras" en Nicaragua, volvió a la Cámara y, en resultado que tampoco sorprende, esta vez obtuvo el respaldo de una mayoría de 221 contra 209, rechazada en marzo en la misma Cámara por 222 a 210 votos y aprobada en el Senado 53 a 47. La administración presentó nuevamente en el Congreso esta vez la modificación del presupuesto y, como ha sucedido en ocasiones anteriores, con su innegable habilidad política Reagan logró salirse con las suyas.
La clave del triunfo esta vez podría sintetizarse en el "no dejes que los demás hagan por ti lo que puedes hacer por ti mismo" con que Reagan decidió encarar ahora su campaña en busca de la ayuda a los antisandinistas. El creciente desprestigio de los "contras", los renovados esfuerzos de Contadora y los torrentes de comentarios y editoriales desplegados en la prensa norteamericana en contra de lo que opositores de la ayuda consideraban sería otro "Vietnam", parecieron en un momento dado dejar entrever la posibilidad de que los resultados de la votación anterior en la Cámara deberían ser el reflejo de un sustancial cambio en la opinión pública norteamericana con respecto a la política de los Estados Unidos en Centroamérica. Lo cierto es que la nueva decisión parece darle la razón a quienes afirman que se trataba tan sólo de una diferencia táctica entre republicanos y demócratas.
Sin dejar de lado los hechos que se han sucedido de marzo hasta hoy, que pudieran interpretarse como favorables al argumento de quienes apoyan la ayuda, como son la nueva demora en la firma del pacto de Contadora, el acuerdo logrado entre los líderes de las distintas facciones de los "contras" después de su reunión en Miami el mes anterior y del retiro de Edén Pastora, y la comprobada presencia en Nicaragua de un avión soviético AN-30, provisto de equipo de fotografía altamente tecnificado, lo cierto es que los motivos que llevaron a cambiar su voto a los 11 congresistas que esta vez le dieron la victoria a Reagan, parecen estar más relacionados con la forma como el Presidente adelantó en esta oportunidad su campaña que con cualquier otra cosa.
Si bien el presidente de la Cámara, Thomas O'Neill, opositor a la ayuda, no le permitió dirigirse directamente a los representantes el día anterior a la votación, argumentando que el Presidente realizara su campaña de LobbyEng en el seno mismo de la Cámara resultaba "poco ortodoxo y anticonstitucional" Reagan se dirigió igualmente a ellos desde la Casa Blanca, en alocución televisada transmitida solamente por cable (las tres grandes cadenas se negaron a pasarla directamente), pero reproducida por la mayoría de los medios de comunicación casi en su totalidad. En ella, con tono sereno y lenguaje medido, el Presidente, sin esgrimir ningún nuevo argumento y en nombre de la "libertad de Centroamérica y la seguridad nacional de los Estados Unidos", apeló -a diferencia de la ocasión anterior- no al sentimiento anticomunista sino a las fuerzas bipartidistas del Congreso, con el fin de impedir que "Nicaragua se convierta en una base militar soviética". Los nuevos votos logrados, sin embargo, fueron conseguidos aparentemente no por el contenido de la alocución sino por la intensa campaña podria decirse que "teléfono a teléfono" que el mismo Reagan realizó en los días anteriores a la votación desde su oficina, el avión presidencial o donde quiera que se encontrara.
Aprobada en la Cámara, es de esperarse que la solicitud no encuentre tropiezo alguno en el Senado, y que para el 15 de febrero de 1987 haya sido entregada la totalidad de los 100 millones consistentes no sólo en dinero sino también en armamento y asesoría militar.
"Es sólo la ratificación de la política criminal y de guerra de los Estados Unidos contra Nicaragua" manifestó poco confundido el presidente Daniel Ortega, quien anunció, además, que su gobierno no tolerará la apertura de un frente interno. Al día siguiente, y apelando al estado de emergencia decretado en octubre del año pasado, el gobierno nicaraguense clausuró el diario La Prensa, abiertamente antisandinista.
Aunque las consecuencias a largo plazo son aún imprevisibles, lo que sí es indudable es que la decisión constituye una revitalizadora inversión a las fuerzas contrarias al gobierno sandinista y contribuye al debilitamiento de los esfuerzos por lograr una solución concertada en la región, con el consecuente costo en vidas humanas y en posibilidades de mejoramiento de las condiciones de sus habitantes. Aún remota la posibilidad de acciones extremas como una invasión por parte de los Estados Unidos, muy posiblemente dentro de un año, los protagonistas vuelven a repetir la escena, como lo han hecho en los últimos años, prácticamente alterando en el libreto el monto de la suma requerida para sostener a unos "contras" que muchos aseguran no lograrán jamás representar por sí mismos una amenaza real antisandinista. Por ahora, desconfiando de la habilidad de sus asesores y confiando una vez más en la propia, Reagan confirmó el "hemos perdido una batalla pero no la guerra", expresado por su director de Comunicaciones en marzo. Y con ello, así mismo, el "nada ha cambiado. No tenemos razones para aplaudir. La amenaza contra Nicaragua sigue estando ahí", manifestado entonces por el presidente de Nicaragua, Daniel Ortega.

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