Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/06/26 00:00

LA CONTRARREVOLUCION DESDE ARRIBA

Otra voz: el disidente Aleksandr Zinoviev le pone los "peros" a Gorbachov.

LA CONTRARREVOLUCION DESDE ARRIBA

Mientras en la Unión Soviética se acaba de realizar la primera reunión del Congreso de los Diputados del Pueblo, que eligió a Mijail Gorbachov como Presidente del país, siguen escuchandose voces provenientes de sectores que consideran que las reformas emprendidas por Gorbachov son una desviación de los objetivos doctrinário del marxismo. SEMANA presenta el siguiente artículo del disidente Aleksandr Zinoviev, que refleja ese punto de vista.
La prensa occidental ha calificado a la perestroika gorbachoviana de "revolución desde arriba". La fórmula ha seducido a los partidarios del secretario general, que han visto a su vez, en su propio impulso reformador, una revolución efectuada por iniciativa de la jerarquía suprema, y controlada por ésta.
El empleo, en este caso preciso, de la palabra "revolución", es excusable en boca de periodistas occidentales a los que no les preocupa mayormente el rigor terminológico y que no sirvieron de conejillos de indias a la "reestructuración" soviética. Pero el pueblo de la Unión Soviética, tras setenta años de vida regida por las consignas de una revolución grandiosa y muy real, de la cual ha saboreado todos los efectos, tiene otro punto de vista sobre este asunto. En el supuesto de que admitieran que este ajetreo y esta demagogia sean efectivamente una revolución, los soviéticos se preguntan: ¿en qué dirección se mueve, en relación con la iniciada en 1917? ¿,Y si, por el contrario, fuera en realidad una contrarrevolución contra lo que ha sucedido en el pasado y que, sin embargo, exigió al pueblo tantos sacrificios? Las reformas de Gorbachov, que presentan algunas ventajas para una parte ínfima de la población, no mejoran en nada la situación de la inmensa mayoría e incluso la deterioran claramente en el caso de muchos, amén de que amenazan con agravar tremendamente las cosas.
Es evidente que las masas sólo pueden interpretar esta "revolución desde arriba" como un atentado contra las conquistas fundamentales de la revolución socialista de 1917; en otras palabras, que sólo pueden entenderla como una contrarrevolución decidida por la jerarquía. Y no faltan los argumentos que respaldan esta opinión. En el plano económico, se quiere introducir elementos del capitalismo con el pretexto del "autofinanciamiento" y del estímulo a la empresa privada. En la década del veinte, Lenin aceptó resignadamente la NPE (Nueva Política Económica), pero sólo la consideraba como una medida temporal, porque no dejaba de ver en ella un retroceso frente a los ideales de la revolución. Tras setenta años de edificación victoriosa del sistema comunista, recurrir a métodos análogos a la NPE, significa forzosamente hacer concesiones al capitalismo, en momentos en que las circunstancias no las exigen de un modo especial. El abandono, aunque sólo fuera momentáneo,del principio de que es el Estado el que debe fijar los precios (regulación planificada) va en el mismo sentido. En el seno de la sociedad soviética, se pretende transformar el papel del dinero y todo el sistema económico. Lo que ocurre hoy en la U.R.S.S . en materia de reforma de precios y de autofinanciamiento es una violación clara de los principios de la economía socialista. Aunque sea alabado por la prensa, el proyecto de crear un vínculo entre la propiedad social y las organizaciones obreras entra en conflicto igualmente flagrante con las ideas comunistas. Querer aumentar la productividad de las empresas recurriendo a métodos occidentales equivale a poner en tela de juicio la conquista sagrada de la revolución: la garantía del empleo. La finalidad de las empresas comunistas no es el afán de lucro, sino dar trabajo a los ciudadanos del país, y asegurarles cierto bienestar sin los inconvenientes del capitalismo. En el terreno de la organización social, presenciamos tentativas de abandonar los principios leninistas del centralismo democrático.
En el plano cultural, se toleran influencias occidentales, que tienen como corolario el relajamiento ideológico y el que los jóvenes pierdan el sentido de la moral. En la vida diaria, por último, los intereses del pequeño burgués se han apoderado de los espíritus. Es desde esta perspectiva que el soviético medio, que ha sido educado en el marco estricto de la ideología comunista y que ha disfrutado del modo de vida que este engendra, considera los acontecimientos de la "revolución" gorbachoviana.
Las incógnitas que surgen son las siguientes: esta "revolución desde arriba", ¿es una campaña más, montada por las autoridades y cuyos lemas, cuya fraseología, son falsos?; ¿,o se trata de un proyecto auténtico, cuya finalidad es reestructurar realmente al país con apego exacto a la fraseología y a los lemas empleados?
Pero si se tratara sólo de una farsa de los jerarcas, ya ha ido demasiado lejos, y ha agravado aún más la crisis ideológica y moral que afecta al país. Por lo tanto, habría que ponerle atajo antes de que sea demasiado tarde. Sí, por el contrario, las intenciones de la jerarquía son serias, entonces estamos en presencia de una contrarrevolución que atenta contra las conquistas fundamentales de setenta años de historia soviética. Y, de ser ese el caso, se impone la obligación de defender tales conquistas, porque de lo contrario se instaurará un comunismo "democrático" que habrá perdido las ventajas del comunismo, pero sin presentar las del capitalismo. El pueblo, a no dudarlo, se adaptará de una u otra manera a estas nuevas condiciones, y reestablecerá el statu quo, pero la situación se habrá deteriorado en relación con el período precedente.
Esos son los temores que asaltan a la mayor parte de la población: a los obreros y a los campesinos, que prefieren un trabajo garantizado en condiciones relativamente fáciles y en el lugar donde residen; y a los profesionales -millones y millones de personas - que quieren una situación estable, no sujeta a los caprichos de campañas sucesivas.
El control ejercido por el Estado sobre todos los aspectos de la vida del país, el funcionamiento de las empresas y de las instituciones en el marco preciso del plan, la garantía del empleo, el control del comportamiento de los individuos de parte de las distintas organizaciones, el modo de vida colectivista, los órganos poderosos encargados de hacer respetar el orden público y la repartición de los bienes materiales y culturales en función de la posición social: todos estos elementos, al igual que muchas otras características del modo de vida comunista, generalizadas durante la era Brezhnev, son aceptados sin cuestionamiento por la inmensa mayoría de los soviéticos. Estos quieren vivir para disfrutar de la vida hoy, y no para satisfacer los deseos maniáticos de algunos arribistas del partido y de sus secuaces. Quieren consolidar las conquistas de la revolución comunista y sacar provecho de ellas en la medida de sus posibilidades. Y quedarán satisfechos con una evolución de la sociedad en el sentido de un refuerzo de las características comunistas de ésta, más que con el debilitamiento de esos rasgos.
¿Debemos entender -se pregunta el soviético medio- que hemos construido durante setenta años, que hemos vivido en condiciones difíciles, que hemos realizado sacrificios sin límite, sólo para que ahora nos digan que todo era un error, que hay que hacer todo de nuevo'? ¿,Y quién nos garantiza que esta reconstrucción, que esta perestroika no será vista más adelante como un caso de revisionismo, y que los partidarios de la que vendrá después no se pondrán, a su vez, a hablar de una nueva "revolución desde arriba" ? Y, si es que hemos seguido el camino equivocado, ¿,cómo se explica que hayamos soportado pruebas que ningún país capitalista ha debido soportar? ¿Qué es,entonces,lo que nos ha permitido transformarnos en una superpotencia con la que los países occidentales más avanzados en el plano económico tratan obsequiosamente de reconciliarse?
El principal adversario de las reformas gorbachovianas es, de ello no cabe la menor duda, la masa. Y, aunque admitiéramos que estas reformas se llevan a cabo sin encontrar resistencia, aún así la gran mayoría de la población no se verá que su situación mejora sustancialmente. Porque estas transformaciones sólo tienen un aspecto grandioso para los occidentales ingenuos.
El sistema social del país sigue inmutable. Presenciamos en realidad, sencillamente, pequeñas reestructuraciones formales, que repercuten enormemente en Occidente e irritan a los ciudadanos soviéticos más juiciosos. Estos pequeños cambios afectan a cada individuo y conllevan una degradación de sus condiciones de vida y de trabajo. Las masas luchan y seguirán luchando por mantener las ventajas reales del modo de vida comunista de las que han logrado disfrutar al cabo de setenta años de historia soviética, y por defenderlas contra los méritos ilusorios de las formas de vida de estilo occidental que la jerarquía trata de imponerles. Por eso, es necesario examinar también la actitud de aquellos a los que se considera como "conservadores".

Del mismo modo que Occidente clasificaba durante un tiempo a los jerarcas soviéticos en "halcones" y "palomas", hoy los divide en "reformadores" y "conservadores", y atribuye a los primeros todos los rasgos positivos (desde el punto de vista occidental) y a los segundos todos los aspectos negativos. Este es un esquema que refleja menos la situación real existente en el seno de la jerarquía soviética que las ideas y los deseos de cierto tipo de analistas occidentales. Pero, en los hechos, todos los jerarcas soviéticos, en su calidad de funcionarios del sistema de poder y de gobierno, persiguen exactamente los mismos objetivos. En este plano no existe ninguna diferencia entre el "reformador" Gorbachov y el "conservador" Ligachev. Sería absurdo creer, por ejemplo, que los "conservadores" desean el estancamiento económico, que no quieren que aumente la productividad de las empresas o que mejoren las instituciones y las relaciones internacionales, y que se proponen restaurar el estalinismo en el país. Si es que gravita la amenaza de una nueva fórmula de estalinismo en la U.R.S.S., ésta proviene precisamente de los "reformadores". Son los gorbachovianos, y no los conservadores, los que quieren imponer al país métodos voluntaristas de inspiración estaliniana. Son ellos los que quieren obligar a los soviéticos a dar un "salto hacia adelante", sin importarles los efectos negativos que éste pueda tener.Son ellos los que quieren trasladar a millones de personas a regiones a las que no quieren ir. Bajo sus frases rimbombantes que suscitan el entusiasmo de la prensa occidental, arrastran en realidad al país a un nuevo gulag enmascarado por la "democratización", la "liberalización", la "glasnost" y la "perestroika", y cuyas consecuencias históricas podrían ser más nefastas que las del gulag estaliniano. Observemos, al pasar, que éste interesó realmente a los occidentales sólo cuando había terminado y era posible, incluso en la Unión Soviética, hablar de él y denunciarlo. ¿Tendremos entonces que esperar para que Occidente abra los ojos ante las tendencias profundas del gorbachovismo, a que éste se derrumbe, o caiga en desuso tras haber alcanzado su objetivo? ¿Acaso no será ya demasiado tarde para la suerte de los países de Europa Occidental?
"Conservadores" y "reformadores" sólo se distinguen por la forma en que evalúan la situación real en su país y en el mundo, por sus cálculos de las posibilidades de la U.R.S.S. y de su sistema social, y por último, por la táctica escogida para aplicar la misma estrategia política. Los "conservadores" quieren resolver los problemas de la sociedad comunista a través de medios afines a la naturaleza de ésta, preservando todos los aspectos positivos (o que consideran tales) conquistados en setenta años. Para ellos, estos setenta años de historia no han sido en vano.
En lo que respecta a la situación personal de los individuos en el seno del sistema de gobierno, el gorbachovismo, según los "conservadores", representa un peligro: el de volver a la forma estaliniana de organización del poder rechazada durante la era Khruschev. Al respecto, no olvidemos que los miembros del aparato del partido y del Estado eran los que en esa época tenían la situación menos segura y menos estable. Al identificarse con el sistema de poder en su conjunto y con el régimen social, este inmenso ejército de funcionarios considera hoy la inestabilidad de su propia situación como un signo de inestabilidad de toda la sociedad.
Repito: las nociones de "conservador" y "reformador" son en este caso puramente convencionales. Para evaluar lo que sucede hoy en la Unión Soviética es necesario tomar en cuenta la inadecuación que existe entre el comportamiento externo de la jerarquía y su naturaleza oculta, sin olvidar,al mismo tiempo, las fluctuaciones de esta actitud de fachada.
Si la línea general cambia realmente, el 99 por ciento de los partidarios de Gorbachov se volverán en su contra y atacarán el "aventurerismo gorbachoviano" con la misma violencia con que atacan el "conservatismo brezhneviano". Es un fenómeno común en la historia soviética. La desestabilización del país fue obra de ex estalinianos. Y, salvo raras excepciones, los gorbachovianos fueron brezhnevianos activos. Esta capacidad para cambiar de color y de apariencia social es connatural a los miembros del sistema-meros productos de la sociedad comunista y a la sociedad en su conjunto, que es un camaleon gigantesco. Por eso, los mismos que hoy ponen por las nubes a la perestroika,la revolución desde arriba, darán de ella una interpretación totalmente opuesta.

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