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| 11/10/2012 12:00:00 AM

"La corrupción puede hacer caer al partido y al Estado"

El presidente de China, Hu Jintao, se refirio al principal flagelo que atraviesa ese país durante el Congreso del Partido Comunista de China número 18. La colectividad se ha visto envuelta en casos de enriquecimiento ilícito.

El presidente de China, Hu Jintao, se refirió al problema de corrupción que atraviesa su país, en la apertura del Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) número 18, en Beijing.
 
"Combatir la corrupción y promover la integridad política es un tema político de gran gravedad. Si fallamos en su manejo, podría ser fatal para el PCCh e incluso causar su colapso y la caída del Estado," dijo.
 
"Nadie está autorizado a ponerse por encima de la organización del Partido", afirmó el mandatario, quien a su vez puntualizó que "todos aquellos que incumplan su disciplina y las leyes, independientemente de quiénes sean o la posición que ocupen, deben ser llevados ante la Justicia sin piedad".
 
No se trata necesariamente de una declaración de principios ni de un simple saludo a la bandera, pues este año el gigante asiático se ha visto atravesado por una serie de escándalos en los que han estado envueltos sus dirigentes.
 
Escándalos en el ‘Politburo’
 
Dentro de las mayores polémicas por corrupción registradas este año se encuentra el protagonizado por Bo Xilai, exlíder del PCCh en la ciudad de Chongqing, situada en el sudeste chino.
 
Bo fue candidato para la cúpula que saldrá del Congreso, el Politburo, una posibilidad a la que se le dio carpetazo debido al juicio que afronta el funcionario por corrupción.

Su situación, además, se ha visto agravada porque su esposa Gu Kailai, fue hallada culpable del asesinato en diciembre del 2011 del británico Neil Heywood, con quien la familia mantenía relaciones cercanas.
 
A este caso se une el del exministro Liu Zhijun, a su vez expulsado del PCCh por presuntos sobornos recibidos en el marco de la construcción de la red ferroviaria de alta velocidad china.
 
Las altas esferas de gobierno de ese país se han visto además convulsionadas por las revelaciones del New York Times respecto a las fortunas que han amasado los familiares del primer ministro Wen Jiabao, quien siempre se ha definido como una persona de orígenes humildes.
 
Según el diario de la Gran Manzana, los familiares del señor Wen —entre los que se encuentran su esposa y su madre— han controlado activos por un valor que asciende a los 2.700 millones de dólares.
 
La información tuvo una amplia difusión y un notable impacto en los medios mundiales, salvo en China, donde toda la edición del diario fue censurada y se impidió consultarla por la internet.
 
La desaceleración de la economía del gigante asiático también puede ser un factor que incremente el descontento ante los actos de corrupción cometidos por sus dirigentes.
 
El país del dragón ha pasado de tener un crecimiento de dos dígitos durante la década pasada, a un mero 7,5 por ciento tras una revisión a la baja de las previsiones gubernamentales.
 
Y los pronósticos no son halagadores, pues incluso los medios oficiales consideran que la próxima década será más dura para China en términos políticos y económicos.
 
Contextos y efectos

Los escándalos por corrupción suceden en un contexto marcado por la formación de una nueva clase media, el incremento de la participación ciudadanía en las denuncias de corrupción estatal a través de blogs y otros medios, y el descontento por los fuertes controles a los movimientos monetarios para sacar dinero del país, así como la preocupación por la degradación ambiental y los casos de contaminación de algunos alimentos.
 
Al respecto, anota el semanario británico The Economist, el PCCh se acerca a los 70 años gobernando, un lapso que corresponde al tiempo máximo que ha pasado un solo partido en el poder. Un récord compartido por el Partido Comunista Soviético de la ex U.R.S.S. y el Partido Revolucionario Institucional de México.

Se trata de un momento clave en la historia reciente de China, que ha llegado a una instancia en la que tendrá que afrontar las asignaturas pendientes sobre libertad política y financiera.
 
Las alternativas que le esperan al próximo presidente de China, Xi Jinping, pasan por escuchar las aspitraciones de la nueva clase media, o apostar el todo por el todo a una represión de las manifestaciones de disidencia en las calles y en la internet.
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