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| 12/26/1988 12:00:00 AM

LA CORTINA SE RASGA

Serios disturbios en la URSS y en Yugoslavia demuestran que en todas partes se cuecen habas.


"La cortina se destroza", era el título de una vieja película de Paul Newman. Esta vez, la "cortina" se destroza delante de los ojos de Occidente que, con los vientos de la Clasnost --transparencia--conoce con todos sus detalles las mil contradicciones y luchas internas que se están viviendo no sólo en la Unión Soviética, sino también en la menos ortodoxa Yugoslavia.

La disputa nacionalista y étnica en la región del Cáucaso en la URSS, se ha convertido en un hecho de orden público. En las capitales de las dos repúblicas, Erevan, de Armenia y Bakú, de Azerbeiyánr en total más de un millón y medio de personas han salido por varios días consecutivos a protestar en las plazas.

La gravedad de los incidentes delinea un escenario inédito en la Unión Soviética de Gorbachov, con manifestantes que, en una especie de guerrilla, empuñan las armas contra la policía, dedicada a defender a los armenios.

El Partido y el Estado local parecen descompuestos en medio de la masa que se enfrenta a distancia, desde hace nueve meses, para reivindicar un pedazo de territorio, una especie de enclave en medio de Azerbeiyán, el Nogorno-Karabaj, de mayoría y cultura armenia. Moscú, con el portavoz del ministerio de Relaciones Exteriores., Gherassimov, confirmó que en los desórdenes del pasado martes 22 hubo tres muertos y 126 heridos.

La violencia étnica en el Cáucaso, que presenta además un delicado enfrentamiento religioso entre católicos (armenios) y musulmanes (azerbeiyanos)--ya han aparecido en las manifestaciones las primeras pancartas islámicas--, crea una situación política extremadamente difícil a pocos días del plénum del Soviet Supremo sobre la reforma constitucional, lo que agrava el clima tenso por las numerosas protestas contra el proyecto. Ya se han tenido manifestaciones en otras repúblicas como Georgia, Ucrania y en los países bálticos, contra el carácter centralizador del proyecto de reforma. El tercer Soviet Supremo republicano, el de Letonia, asumió una posición moderada con respecto al total rechazo de la reforma expresado por Estonia y también, aunque en forma distinta, por Lituania: aprueba las reformas constitucionales, pero con las instancias diferentes. A pesar de que Lituania y Letonia renunciaron a proclamar la propia soberanía, como lo hizo Estonia la semana pasada provocando una grave crisis constitucional, han expresado sus fuertes críticas al proyecto. Las tres repúblicas bálticas insisten en una revisión común de la reforma antes de las decisiones del Soviet Supremo de todas las repúblicas del próximo 29 de noviembre.

Pero si la Unión Soviética vive un verdadero otoño caliente, Yugoslavia, la puerta que separa los países del Este de los del Oeste, está hirviendo. "Modelo" en el mundo comunista por su unidad federal (seis repúblicas y dos provincias autónomas). Las instituciones federales tiemblan por la pobre y subdesarrollada provincia del Kosovo y la autogestión no aguanta junto con la economía (inflación galopante del 200 por ciento, baja productividad, producción industrial al 0.6). Queda en pie el no alineamiento, aunque sin la fuerza ni el protagonismo de su fundador, Tito, y el concordato con la Iglesia.

La gigantesca manifestación el 19 en Belgrado, a favor de la minoría serbia en Kosovo, guiada por el líder del Partido Comunista serbio, Slodoban Milosevic, y las protestas de los albaneses del Kosovo (la mayoría) en defensa de sus líderes destituidos por presiones de Serbia, habían creado en la provincia autónoma la situación más tensa desde las revueltas de 1981, que se saldaron con decenas de muertos (poco tiempo después de la muerte de Tito en el 80) y han sido el bombillo que ilumina la seria crisis yugoslava.

La presión por parte de la jefatura de Serbia continúa, pese a que existen pocas dudas de que la dirección del Kosovo accederá a las reformas de la Constitución de la república, de la que forma parte. Este sería el primer paso hacia la reforma de la Constitución yugoslava de 1974, auspiciada por Tito seis años antes de su muerte. Este impuso amplias competencias para las dos provincias autónomas comprendidas dentro de la república serbia, Kosovo y Voivodina, con objeto de frenar posibles tendencias hegemónicas de la república más grande y poblada de Yugoslavia, es decir, Serbia. En Eslovenia y Croacia, otras repúblicas, aumentan los temores ante la ruptura del frágil equilibrio de aquella Constitución y un creciente centralismo a favor de Serbia y a expensas de la soberanía de las demás repúblicas. Y sin unidad ni nacionalidades preservadas, Yugoslavia puede deshacerse con consecuencias graves no sólo para ella sino para las dos Europas. Dos Europas que recomienzan a poner en cuestión sus antiguas dificultades étnico-religiosas.--
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