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| 8/26/1985 12:00:00 AM

LA COSA SE PUSO NEGRA

Imposición del estado de emergencia deteriora aún más la situación política de Sudáfrica, después del asesinato de 15 personas

El deterioro de la situación política sudafricana no fue detenido con la declaratoria del estado de emergencia en 36 distritos negros, anunciado por las autoridades de Pretoria el domingo 21 de julio. A los cuatro días de haber sido proclamada la medida, 10 personas negras habían sido asesinadas por las fuerzas policiales y otras 653 habían sido arrestadas, incluidos 4 blancos opuestos al apartheid. Las detenciones de numerosos dirigentes de organizaciones políticas se habrían multiplicado en las últimas horas sin que los incidentes en las zonas "calientes" en la periferia de Johannesburgo y de Port Elizabeth hayan amainado. El principal líder de la oposición exiliado en Lusaka (Zambia), Oliver Tambo, presidente del Congreso Nacional Africano (ANC), convocó a una "ofensiva general" para "convertir el apartheid en un sistema impracticable y hacer a Sudáfrica ingobernable". También planteó extender la lucha a las zonas blancas y "hacerle frente al enemigo utilizando las armas de la guerra moderna".
La imposición del estado de emergencia --que da a la policía plenos poderes para detener a "sospechosos", implantar el toque de queda cuando y donde quiera, eliminar toda asistencia legal a los detenidos e imponer la censura de prensa-- no es una medida rutinaria. Hacía 25 años que no era declarada por el régimen racista sudafricano. En 1960 fue esa la manera de contener la furia popular cuando la policía mató a tiros a 69 negros que formaban parte de una manifestación pacífica en Shapeville. "Esta es una declaración de guerra para los habitantes de las ciudades negras", comentó un vocero del comité de personas detenidas. "Es una nueva fase de la represión en Sudáfrica", agregó. El premio Nobel de la Paz, Desmond Tutu, el obispo anglicano de raza negra: asistió a los funerales de las 15 personas que murieron la semana anterior a la declaratoria del estado de emergencia. Tutu dijo allí que en los últimos 17 mese 500 negros han sido ultimados por la policía durante disturbios raciales.
Para el presidente sudafricano Pieter W. Botha, la medida del domingo constituye un reconocimiento de que sus planes para implementar algunas reformas políticas han sido un fracaso. Luchando contra los sectores más derechistas del gobierno Botha --uno de los continuadores de sistema de segregación racial o apartheid-- trató de dar una participación decorativa a las minorías mestizas e indias, tratando de desactival la bomba racial del país. Pero el éxito le ha sido esquivo. De hecho, su gobierno está abocado a hacerle frente a una de las peores crisis globales en la historia del país: por un lado está la crisis económica --18% de inflación, caída de los precios del oro, alto desempleo, sequías recurrentes-- y por el otro la crisis total del proceso de reformas mediantes el cual esperaba "desmontar" el apartheid: una especie de Cámara de Representantes para las capas mestizas e indias, una ley autorizando matrimonios mixtos, la posibilidad para los negros de formar sindicatos y partidos, y la autorización para que los negros puedan obtener la propiedad de sus casas.
Estas aparentes concesiones lejos de apaciguar a la población segregada --que considera ridículas tales medidas-- desataron una espiral de violencia cuyos coletazos son los hechos de estos últimos días. En septiembre pasado, cuando llegó la fecha para elegir la representación india y mestiza en el Parlamento tricameral, la oposición se lanzó al boicoteo siendo reprimida militarmente.
¿Cuáles son entonces las perspectivas? Algunos intelectuales negros estiman que el gobierno de Botha "ha perdido la oportunidad de negociar con los sectores moderados de la oposición antiapartheid, los cuales han perdido credibilidad entre la población. La emancipación política de toda la comunidad negra es el núcleo del debate. Esta es la única y verdadera cuestión. La segregación ya no es más que una vieja costumbre", ha dicho uno de esos analistas radicados en la capital sudafricana. Este temor a haber perdido el tren de la historia es lo que se refleja en las palabras de tono desconsolado del obispo negro premio Nobel de la Paz, quien dijo a Newsweek que "si el apartheid no desaparece, no hay esperanza". Tutu, quien ha estado en las últimas horas haciendo llamados a la calma, encarna las aspiraciones de esa ala moderada liberal sobrepasada por los hechos. "Si hubiese un plan, un calendario, para el desmantelamiento del apartheid, nosotros podríamos contener esta escalada de violencia", ha sugerido. Pero ese "calendario" existió y no funcionó, pues la minoría blanca no puede desmontar el sistema que le permite hegemonizar el poder contra los intereses del 75% de la población. En Sudafrica 4 y medio millones de blancos ejercen una dictadura brutal sobre 22 millones de negros, 2.6 millones de mestizos y un millón de asiáticos. La minoría blanca posee el 87% de las tierras, lo que obliga al 70% de la población a concentrarse en el 13% de tierras restantes, donde no pueden ejercer la propiedad de ésta.
Breyten Breytenbach, un destacado escritor sudafricano, ratificaba el temor de que ya es demasiado tarde para llegar a una solución pacífica. "Asistimos a una liberación interior por parte de la mayoría de los sudafricanos, a una guerra civil que está a punto de convertirse en una revolución", declaró al diario parisino Le Matin. ¿Quiénes son los "radicales" y los "blandos" de la oposición? El Congreso Indio de Transvaal (TIC) y el Consejo de Iglesias Sudafricana (SACC) son grupos moderados y en estado de semidesmantelamiento por la represión policial. Está el Frente Unido Democrático (UDF), que engloba a 600 partidos políticos, sindicatos, organizaciones estudiantiles grupos religiosos. Está el Congreso Nacional Africano (ANC) la principal organización antiapartheid cuyo íder histórico es Nelson Mandela enarcelado durante estos últimos 21 años. Oliver Tambo, ex secretario de Mandela cuando él se hallaba libre, es el presidente de la ANC y es quien el 23 de julio llamó a una "ofensiva general" contra la "dictadura militar" sudafricana. Estos últimos son los "duros" del proceso. Siempre han contado con apoyo diplomático soviético y tienen bases en Zambia y Tanzania.
Los observadores piensan que Botha está obligado a discutir con la UDF, por lo menos, antes de ser obligado por los hechos a tenérselas que ver con los marxistas de la ANC, quienes están llamados a dirigir un proceso de lucha armada que podría empeorar mucho las cosas a Pretoria.
La reacción internacional ante la cruenta represión desatada al amparo del estado de emergencia ha sido desigual. Inglaterra ha exigido la liberación de los presos políticos --incluido Nelson Mandela-- mientras que Estados Unidos ha sido más frío. Washington ha dicho estar "preocupado" con la situación y ha expresado sus deseos de que retorne la calma. Francia ha sido el primer país de Occidente en reaccionar con vigor. Tomó tres medidas concretas: llamó a su embajador en Pretoria, pidió en las Naciones Unidas una reunión urgente del Consejo de Seguridad y congeló "toda nueva inversión" económica en Sudáfrica. Contrasta con esta actitud, la postura asumida por Ronald Reagan de continuar con su política de "compromiso constructivo" con el gobierno de Pretoria --eufemismo que equivale a apoyo directo al régimen del apartheid con eventuales llamados a las buenas maneras cuando la cosa se pone caliente.
Fue tan débil la declaración del Departamento de Estado que el representante demócrata Stephen Solarz, miembro de la Comisión de Asuntos Exteriores de la Cámara, la calificó de "insuficiente e inapropiada".
Inglaterra también ha rechazado toda posibilidad de aplicar sanciones económicas a su ex colonia y ha dicho que llamar a su embajador en Pretoria "sería lo menos constructivo" que podría hacer Gran Bretaña. El gobierno conservador de Canadá condenó "vigorosamente" la represión actual en Sudáfrica pero fue incapaz de ir más allá de eso. Todo indica que la decisión francesa contará con fuerte apoyo en las Naciones Unidas por parte de los países del Tercer Mundo y del bloque soviético.--
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