Lunes, 22 de septiembre de 2014

| 1989/02/13 00:00

LA CUENTA, POR FAVOR

Reagan mandó las flores. A Bush le va a tocar pagar las cuentas.

LA CUENTA, POR FAVOR

Ahora es, claro, el presidente de los Estados Unidos y eso a cualquiera le cambia la vida. A algunos, hasta la personalidad. A él, sus amigos lo notan más tranquilo, mucho más confiado, lejos del purgatorio donde lo mantuvo Ronald Reagan, su maestro, durante ocho largos años "Perro faldero", llegaron a llamarlo sus críticos mas ácidos. Los mismos que interpretan también a su manera, en la nueva imágen de Bush, el mencionado efecto de liberación: "El hombre está saliendo de una especie de esclavitud sicológica con respecto a su superior", dijo esta semana un asesor de la Casa Blanca. Y otro agregó: "Usted lo hubiera visto.
A Reagan le tenía pavor. Se volvía un nudo. Frente a él, George no sabía cómo actuar, qué decir, ni siquiera qué hacer con sus manos". Lo que digan estas lenguas tiene sin cuidado a los defensores más leales del mandatario. "Un vicepresidente debe ser asi-dicen ellos. El sumergió de manera consciente su propia personalidad durante ocho años, trabajó con lealtad, humildad y modestia para su jefe y mucho fue lo que aprendió en el camino. Antes no hablaba. Ahora, cuando lo hace, uno siente que estuvo pensando el asunto durante mucho tiempo y que sabe exactamente lo que tiene en mente".

Los resultados, hasta el presente, hablan por sí solos. En poco tiempo, desde su elección, Bush ha logrado decirle a los norteamericanos quién es ese tipo que estaba a la sombra del presidente y ha mantenido a sus críticos a la raya de sus columnas periodísticas. Aun éstos reconocen la habilidad con la que el nuevo presidente ha cultivado nuevos aliados y seducido viejos enemigos, borrando de paso los recuerdos de una campaña cruda, conformando un gabinete al parecer lleno de buenas experiencias, moderado en la política y muy capaz, en una transición de mandatarios que todos califican hoy como la más acertada de las últimas décadas.
Como vicepresidente, sacó partido de una ventaja que sólo otro hombre, Martin Van Buren, tuvo en 1836: también él resultó elegido para suceder al jefe que sirvió. Y como en lo político a su jefe le fue bien, tampoco tiene que soportar los celos de una administración derrotada. Lejos de aceptar que le tiene pavor a su maestro, Bush ha dicho que la imagen de Reagan será la de un acicate que lo moverá y despertará cuando se sienta flaquear. Y hay una dosis de orgullo en su modestia cuando expresa: "Al mediodía del 20 de enero, yo comenzaré a hacerlo a mi manera".

Resulta obvio, sin embargo, que él ya comenzó. En este periodo de transición, por ejemplo, reveló un talento personal para lo que podría llamarse carpintería política, acercándose con exito a Dukakis, a Jesse Jackson, a Coretta Scott King, a los defensores del medio ambiente, al Congreso, a la línea dura de su partido y a la prensa.

Su propio gabinete es un reflejo. Y su elección particular de John Sununu como jefe de la Casa Blanca tuvo, entre otros propósitos, el de dejar bien en claro, frente a todos, que no se iba a dejar manipular por terceros, así éstos pertenecieran a su círculo más cerrado. "Aquí no habrá presidente encargado", le dijo entonces a sus asesores. En aquellos días habían estado creciendo las especulaciones alrededor de Jim Baker, su secretario de Estado, de quien se aseguraba controlaría al mismo Bush, como una especie de Richelieu o Maquiavelo detrás del trono.

Haber construido un puente entre la Casa Blanca y el Congreso ha sido quizás el logro mas util de Bush en esta etapa de transición. Quienes temían que la confrontación surgiera del mismo seno de su Partido Republicano, dada su vieja rivalidad con el senador Robert Dole, se quedaron de una pieza cuando Bush nombró en la nochebuena a Elizabeth Hanford, esposa de Dole, como su secretaria de Trabajo. Y es que en un par de meses no sólo ha cambiado Bush.
También, y sobre todo, ha cambiado el mundo. "Ha sido una vuelta de 360 grados", precisa el director del Servicio Exterior en la Casa Blanca. Gracias en buena parte a 12 Reagan y a Gorbachov, enfrentados ambos a probables colapsos económicos, George Bush hereda un planeta sin guerra fria, que parece inclinado a devolverle el poder a los políticos, a la diplomacia, a la seducción que supieron poner en práctica Ronnie y Gorby. Podría ser el receso de los militares. Les tomará mucho tiempo a los poderosos seguir reduciendo su arsenal nuclear y luego el convencional, pero mientras tanto el juego de la política ocupará felizmente, no se sabe por cuánto tiempo, la agenda de todos. "Comenzamos-dice un comentarista británico-un periodo histórico en el que las relaciones dé poder serán, entre los grandes, más igualitarias. Claro que, como la historia dolorosamente lo comprueba, periodos así son los que siempre y por simple lógica han terminado en nuevas guerras".

Por lo pronto, con esa reducción de costos en la defensa y con la liberación de tanta mano de obra calificada, Washington y Moscú se ahorrarán millones, gracias a su negociación y podrán intentar revitalizar su economía, mientras se disputan Europa a las buenas.

En su primer año de gobierno, Bush deberá responder a la propuesta de Gorbachov sobre más reducciones del arsenal mundial; persuadir a sus aliados europeos de mantener un frente unido de defensa a pesar de las presiones internas en paises como Alemania; apoyar la modernización de las Fuerzas Armadas en los mismos paises europeos, convenciéndolos de que no abandonará de todas formas sus compromisos de defensa; abordar los problemas en el Medio Oriente, buscando conversaciones directas entre israelies y palestinos, a la luz de las palabras mágicas de Arafat en Ginebra. Todo esto ha dicho o sugerido Bush que lo hará. Pero, eso si, después de enfrentar su mayor dolor de cabeza: el bendito presupuesto nacional norteamericano.
Si no lo hace con cuidado, el mundo seguirá cambiando y en desventaja para los estadounidenses. "Dentro de 10 años-según el ex presidente de la Cámara de Representantes, Thomas O'Neill-Alemania Occidental será el país más rico del mundo y el Japón el más poderoso, económicamente hablando"
Según los observadores financieros, Estados Unidos ha perdido el control de su destino económico y depende de otros para financiar sus propios déficits. Era el más rico prestamista del planeta y ahora es el deudor más grande del mundo. El yen, moneda japonesa hoy 40% más fuerte que el dólar, controla numerosos bancos de los cinco continentes. Gracias a su propia filosofia de mercado, los norteamericanos continúan temiendo pero a la vez financiando en su propio país el crecimiento arrollador del imperio del sol.

Estados Unidos paga 152 mil millones de dólares anuales por el servicio de su deuda externa. En el Grupo de los Siete, que los norteamericanos integran con Japón, Alemania Occidental, Gran Bretaña, Francia, Italia y Canadá, todos se han comprometido a coordinar sus economías domésticas para prevenir que algunos lleven a los otros a un recesión o a una elevada inflación. Y todos han manifestado públicamente su necesidad de que los Estados Unidos logren controlar su déficit fiscal. Del plan y de la seguridad que Bush les brinde, depende que los otros seis grandes continúen apoyando al dólar como moneda base del mercado internacional. Se estima que si esta administración norteamericana no controla los déficits de su presupuesto nacional (más de 155 mil millones de dólares anuales) y de la balanza comercial (10 mil 300 millones de dólares mensuales), habría otro crack financiero en la bolsa de valores.

Según numerosos observadores políticos, Estados Unidos ha sostenido una prosperidad aparente, gracias al aumento de sus deudas. Los mismos asesores de Bush reconocen por debajo de cuerda que la administración Reagan favoreció más el gasto que el ahorro, minando la economía y desgastando el nivel de vida de los norteamericanos. Para cubrir el enorme déficit presupuestal, Reagan endeudó al país hasta la coronilla.

Según Richard Darman, director de Presupuesto de la administración Bush, lo que hay que hacer es mejorar la capacidad productiva de esta nación. "A veces-dice-demasiados programas de benefisencia crean en la comunidad una relación de absoluta dependencia con el Estado, desestimulando el trabajo y la dignidad de los individuos. La ética del placer está rivalizando ahora con la ética del trabajo".

Bush ha puesto el destino económico de los Estados Unidos en este hombre de 45 años, para algunos el funcionario mas insoportable y arrogante de la Casa Blanca. Pero, hasta ahora, nadie se ha atrevido a poner en tela de juicio su brillantez y su eficiencia (fue asistente de Reagan, subsecretario del Tesoro y estuvo en el gobierno de Kennedy). Su cargo tendrá, no cabe duda, influencia en todos los sectores de la nueva administración. Ha sido él, realmente, el hombre del empalme económico. Los secretarios de la Casa Blanca saben que Darman ayudó a redactar el presupuesto que propuso Reagan al Congreso, dejando brechas que Bush podrá negociar (junto a Darman) con los legisladores en la redacción del presupuesto definitivo.

El presupuesto de Reagan, para el año fiscal de 1990, que comienza el 1° de octubre próximo, es de 1.15 billones de dolares en gastos y 1.06 billones en ingresos, para un déficit consecuenia de 92.500 millones de dólares. Si este presupuesto fuese aprobado por el Congreso, cumpliría con la reciente ley Gramm-Rodman Flollins (CiRH), que permite solamente un déficit hasta de 100 mil millones de dólares anuales, para lograr en 1993 un balance perfecto. Si con los meses el presupuesto se pasara de esta suma, la ley entraría de inmediato en operación recortando sin pregunrtar el 50% de los dineros para los mililares el 50% de la suma para beneficios individuales. A esto es a lo que le temen Bush, el Congreso, los mililares y todo el pueblo norteannericano, pero es esta ley la única razón que ha permitido a Darman pacificar a los financistas extranjeros.

En opinión de muchos congresistas demócratas, las cuentas que hace Reagan resultan demasiado alegres."Hay más interés-dijo Lloyd Belllsen-en saber de qué manera cambiará Bush este presupuesto que lo que dice el presupuesto mismo". Los legisladores estiman que la economía norteamericana no crecerá un 3% como asegura Reagan si en cambio los intereses que sobre la deuda externa tiene que pagar el gobierno. Este año, por ejemplo, el déficit para los 12 meses fiscales del 89 sumó 160 mil 600 millones de dólares, mucho mas de lo que había predicho Reagan un año atrás.

Frente a la propuesta de su antecesor, Bush declaró que, al parecer, ella permitía cumplir con las metas que fijaba la GRH, sin aumentar los impuestos, compromiso que él había adquirido con los votantes durante su campaña y que seguramente los congresistas jamás cuestionarán, porque hablar de más impuestos pone en peligro la reelección de cualquier político. En todo caso, al presupuesto que pasó Reagan, Bush le hará reformas.
Bush quiere invertir más dinero en educación, medio ambiente,vivienda e investigación médica. Para poderlo hacer, seguramente tendrá que reducir el incremento que el generoso Reagan siguió proponiendo este año para los militares (la Defensa norteamericana se lleva un 26% de todos los recursos del presupuesto).

La administración Bush brindará estímulos para que las empresas privadas crezcan a largo plazo, sin estar tan pendientes de la ganancia trimestral; insistirá, por ejemplo, en que una compañía no tiene que vender siempre sus existencias para ganar más dinero; otorgará beneficios a quienes inviertan en investigación y desarrollo dentro del país.

Fue Richard Darman, el "pedante" de la Casa Blanca, quien precisa mente recomendó a Bush no hacer su propio presupuesto, sino discutir el de Reagan con los líderes del Congreso en una minicumbre. En Washington consideran al funcionario una especie de monje anacoreta que no fuma ni bebe, que prefiere las peliculas de televisión a las reuniones sociales y que cultiva una autosuficiencia que lo lleva a cortarse el pelo él mismo y con sus propias tijeras. Pero todos lo respetan y tiene fama de lograr lo que se propone. Planificador compulsivo, alguna vez apostó a bajar de peso con varios colegas de la Casa Blanca. A diferencia de sus compañeros, no se puso a seguir dietas sofisticadas.
Simplemente, dejó de comer. Perdió 30 libras en tres semanas, se ganó 150 dólares y a los pocos días recuperó muy campante su peso.

Con tipos así, George Bush piensa que es probable apretarle ahora los cinturones al país.

RELEVO EN CASA
Cuando al mediodía del viernes 20 salgan de la Casa Blanca los camiones con los enseres de la familia Reagan y entren los de la pareja Bush, la primera residencia de los Estados Unidos empezará entonces a lucir el toque que le imprime durante cada periodo la respectiva primera dama. Ahora el cambio se notará más, porque Doña Nancy se apoderó literalmete de la casa durante ocho años consecutivos.

De todas formas, según los que saben, todo se veía ahora más casual, con muchos familiares y amigos entrando y saliendo, informales, en confianza. Doña Barbara Bush, aseguran quienes la conocen, no echará a nadie de su puesto ni consultará antes con los astrólogos, como acostumbraba la señora Reagan. "Soy como me veo" dice la primera dama decía, a quien le satisface más el trabajo tetrás de bambalinas. "Sé que podría tener visiones de gloria y poder pero esa no sería yo".

Nancy y ella no son amigas intimas, pero doña Barbara dice sentir un profundo respeto por su predecesora. Las dos con opinión de terceros, son como polos opuestos. Mientras Nancy Davis, por ejemplo, actuaba en algunas películas de Hollywood, Barbara Bush se estaba mudando con sus padres a los valles de Texas. A Nancy no le gusta estar rodeada por sus familiares. Con excepción de su hija Maureen, politicameme activa, a nadie más se le ve por allá por Washington. En cambio, para doña Barbara, nada como la familia. No obstante, promete desde ya mantener los niños a la raya. "Usted no verá a mis nietos corriendo por ahí en mitad de una cena con jefes de Estado". Ni tampoco seremos con seguridad a una primera dama glamorosa, aficionada al último grito de la moda.

A propósito, la talla de Nancy es 4, la de Barbara 1416. Nancy conoció a su esposo en Hollywood, Barbara en el bachillerato. A la primera la mata el fox troz la segunda adora la tranquilidad. La debilidad de Nancy Reagan es hablar por teléfono. Barbara lee deja ese vicio a su marido George y se dedica en cambio a trabajar en el jardin. Nancy monta a caballo, Barbara juega tenis. La principal causa social de Nancy en la presidencia de su esposo fue la drogadicción. Para la señora Bush serán los analfabetas. Cuando pequeña, Nancy le prometió a su padre, un neurocirujano, que cuando creciera iba a ser actriz. Barbara en cambio le dijo al suyo, empresario de publicaciones, que ella quería convertirse en enfermera. Y ahora cuida de toda la casa.

Los amigos y familiares de Barbara Bush, de cuya objetividad en el juicio hay que dudar por obvias razones, pronostican que será una de las más populares primeras damas norteamericanas. "Es de una sola pieza" comenta su hijo Jeb, de 35 años, que está casado con una mexicana llamada Columbia, con quien tiene tres hijos.
"La gente sabrá a qué atenerse con ella porque dice lo que piensa. Aunque también los hará reir-" añade su hija Dorothy, quien lleva los libros de los negocios de construcción de su esposo Bill. Y Janel Steiger, su amiga, anota: "No creo que vean mucho a Barbara en las noticias pero será una primera danza muy activa que perseguirá sus metas con entusiasmo".

Algunos que la conocen bien sostienen que es ella la que lleva los pantalones en la casa. Son los mismos que describen a Bush como todo lo opuesto a ese candidato rudo que fue en su campaña. Y sus hijos parecen darles la razón. "Odio decir eso -apunta Dorothy pero mi papá me dejó hacer todo lo que yo quería.
Mamá era la que hacia las leyes y mantenía el orden. Papá siempre se nos entregaba".

Por lo pronto, doña Barbara llevará a la Casa Blanca-que se sepa una alfombra con los nombres de sus hijos y nietos, bordados por ella a mano. De acuerdo con la tradición, la señora Reagan invitó a doña Barbara a hacer recientemente un recorrido por los dormitorios de la mansión pero ya hace unas semanas las señora Bush habia adelantado que no cambiaría muchísimo el decorado. Nancy lo hizo hace poco a un costo, bastante criticado por cierto, de 700 mil dolares. "No hay por qué arreglar lo que aún no se ha roto-explicó doña Barbara. La señora Reagan supo además, tapar todas las goteras".

CUANTO GANA UN PRESIDENTE
A pesar de que antes de dejar el poder, Ronald Reagan aprobó un aumento del 50 por ciento en los salarios de congresistas, jueces y altos empleados del Ejecutivo, George Bush recibirá durante sus cuatro años la misma paga que Reagan. La Constitución no permite el aumento salarial para el mandatario en ejercicio y Bush lo será dentro de 30 días cuando la ley entre en vigencia, si el Congreso no la detiene.

Reagan dive que aprobó el aumento, entre otras razones, porque Bush podrá hacerse así a un personal mejor calificado y por lo tanto más costoso en la nómina. Por su parte y como Reagan, Bush recibirá 200 mil dolares anuales, un salario bastante modesto a nivel norteamericano, según los observadores económicos. Inferior al del premier Takeshita del Japón, que obtiene 250 mil al año, pero superior al del canciller alemán, Helmul Kohl (195 mil), al de la Primera Ministra británica, Margareth Thalcher (115 mil) y al de casi todos los demás jefes de Estado en el mundo. Rajiv Ghandi, premier de la India recibe apenas unos 8 mil dólares al año, el presidente argentino Raúl Alfonsin, 6 mil y Virgilio Barco 27 mil.

De acuerdo con la ley, surgida del mismo Congreso, el próximo presidente de los Estados Unidos recibirá en 1993, 350 mil dólares al año. Entre los favorecidos inmediatos figura, sin embargo, el vicepresidente Dan Quayle, que empezará ganando 175 mil, apenas 25 mil menos que su jefe; la misma cantidad que recibirán quienes presiden ambas cámaras del Congreso. Los más contentos son los jueces federales y otros altos empleados del Ejecutivo, que obtenían 89 mil dólares anuales y ahora, gracias al aumento, recibiran 135 mil.
En el seno de la Cámara de los Representantes parece haber unanimidad en cuanto a aceptar el aumento, no asi en el recinto senatorial. La opinión pública no está viendo con buenos ojos que quienes tienen en sus manos la difícil tarea de recortar el presupuesto nacional, den inicio a la misma subiéndose los sueldos. Cabe anotar que, según la misma legislación, los congresistas al aceptar el aumento deberán renunciar a todo tipo de dineros extras recibidos por discursos y presentaciones en sitios fuera del Congreso, que es donde-dicen los que saben-queda el gallinero de oro. Un congresista está autorizado a recibir hasta 2 mil dólares por cada discurso que prepara y dice, pero no puede sumar más de 35 mil al año por este concepto. Ya el Sindicato Nacional de Pagadores de Impuestos criticó acerbamente el aumento de los sueldos alegando que la distancia entre los dineros recibidos por los gobernantes y aquellos de los gobernados era ya suficientemente abismal.

El presidente Thomas Jefferson propuso alguna vez pagar a los legisladores norteamericanos el valor de dos bullos de trigo al día (un bullo cuesta hoy 8.50). Según aquella sabia tesis de Jefferson, los congresistas de los Estados Unidos estarían recibiendo ahora 185 bultos de más. Y, como lo dijera el senador republicano John Danforlh: " Votar por nuestro propio aumento es la manera más fácil de financiar con toda seguridad, para la próxima campaña, 30 segundos de un comercial en contra".

BUSH Y LATINOAMERICA
Bush sabe que la deuda externa de América Latina, superior a 450 mil millones de dólares, amenaza la estabilidad no sólo económica sino politica de la región "Debemos echar otra mirada a ese problema", ha dicho en numerosas ocasiones "Es posible que los bancos no hayan prestado todo el dinero que debieran". Creo que t el departamento del del Tesoro como Seguridad Nacional deben formar parte de un comité que revise la deuda del Tercer Mundo". Los asesores de Bush temen que comunistas criollos o movimientos populistas de derecha y de izquierda estén moviendo sus piezas en algunos paises de la región para llegar al poder, pero rechazan de plano el perdón de la deuda que les propuso Gorbachov.
Por otra parte, se sabe que la entrega de negocios estatales al sector privado resulta ofensisa en algunas naciones Jim Baker, padre del plan y miembro del gabinete de Bush, aceptó posibles cambios en el mismo habrá entonces alteraciones, modificaciones y adiciones al famoso plan Baker. El objetivo es reducir en cada país la deuda y encontrar fórmulas de nuevos préstamos en términos más fáciles de pagar.

NORIEGA
Durante la campaña, los demócratas acusaron a Bush de haber sabido que el general Noriega traficaba con drogas y no haber hacho nada mientras era director de la CIA. En una reciente intervención, el presidente Bush dijo: "La última cosa que los Estados Unidos quisiera hacer es planear bajo que condiciones específicas usaría sus fuerzas militares. Yo añadiría que mucho menos en Suramérica o en América Central. Por razones históricas. Lo que si estoy dispuesto a evitar, por otra parte, es que Noriega continue con su propio manejo dictatorial como en Panamá".
En mayo próximo los panameños elegirán un nuevo presidente. Bush deberá decidir a quien apoya. Por otro lado, lo primero de enero de 1990, y dentro del proceso de nacionalización del Canal del Panamá, el administrador del mismo será por primera vez panameño, aun cuando el control del canal y la comisión que gobierna al mismo serán norteaméricanos hasta 1990.

CENTROAMERICA
Nadie sabe a quien a ciencia cierta que está pensando hoy Bush sobre Nicaragua.
En su primera conferencia de prensa después de elecciones, prometió mantener la presión sobre los sandinistas. Pero quienes lo conocen saben que está tan emocionalmente involucrado como Reagan en su propia doctrina. Muchos están de acuerdo en que la nueva administración se mueva rápidamente y retire su presión sobre los sandinistas para llevarlos a cumplir sus compromisos.

Las propuestas difieren en si los Estados Unidos deben apoyar el plan Arias para la paz en Centroamérica, si el gobierno de Bush debe ir con los sandinislas a una mesa de negociaciones, solos o acompañados por otros países aliados de la región.
Mientras tanto, en marzo, los salvadoreños elegiran un nuevo presidente en medio de una verdadera guerra civil. Se cree que será el partido ultraderechista Arena, que controla el Congreso y está acusado de promover los escuadrones de la muerte, el que triunfe con su líder, Roberto D'Abuisson, en el conteo final de los votos. En Washington se dice que posiblemente Bush tenga que pedir al Congreso ayuda para el gobierno de Arena. Un funcionario de la Casa Blanca sentenció: "Bush podría aceptar que el comunismo controlara Nicaragua. En ultimas, ellos no se hicieron al poder durante su gobierno. Pero jamáa aceptaría perder El Salvador. Si no se cuida, ese país se le podría convertir en su propia Nicaragua".

NARCOTRAFICO
Estados Unidos firmó junto con otros 42 paises en Viena un acuerdo sobre el tráfico de drogas, comprometiendose a buscar leyes que permitan a los gobiernos hallar, congelar o decomisar las cuentas bancarias o propiedades de los narcotraficantes.
Sujetos a un número de condiciones, esos paises acordaron pedir en extradición a los sindicados de narcotráfico, avanzar en los esfuerzos para impedir el envio de droga por correo e impedir las plantaciones, respetando los derechos humanos y las tradiciones culturales. Las Fuerzas Militares, la Armada norteamericana en especial, tendrán también bajo su jurisdicción el patrullaje de las fronteras y la pesquisa de narcotraficantes.

Una demostración de que Bush asumirá una línea más dura en este respecto fue el nombramiento de William Bennet para ocupar el cargo de director de la Politica Nacional de Control de Drogas, una posición de nivel ministerial creada recientemente por el Congreso. Bennet, un neoyorquino de 45 años, tiene una reputación de agresividad e independencia demostradas en sus posiciones anteriores, la última de las cuales fue la de secretario de Educación del gabinete de Reagan. Entonces fue uno de los principales promotores del uso de las fuerzas armadas en la lucha contra el tráfico de drogas y, en otro aspecto, de la realización obligatoria de pruebas para la detección del SIDA.
Fumador empedernido, cuentan que prometió dejar el vicio desde el 12 de enero, "pues ustedes no tendrán un director nacional contra la droga que fume".

CUBA
Sin el espectro de una confrontación URSS-USA, paises como Cuba y Nicaragua deben ver su situación de manera muy distinTa frente a los Estados Unidos. Y, claro, el cambio es tambien reciproco. Con la garantia de que los soviéticos ya no representan una amenaza para ellos ni tienen delirios de expansión en nuestro continente, los Estados Unidos contemplan a los gobiernos de izquierda en esos paises con actitud diferente. Los enviados de la ONU informan que cada vez hay menos presos políticos en Cuba. El gobierno norteamericano y el de la isla restablecieron un acuerdo que permite a ciudadanos cubanos integrarse a sus familias en los Estados Unidos. Observadores norteamericanos actuaron como mediadores en el retiro de 50 mil tropas cubanas y surafricanas de Angola. Los Estados Unidos dicen que cambiarían su política frente a Cuba en el instante en que el gobierno cubano suspenda su sostenimiento de la guerrilla en CenTro y Suramérica, además de poner fin a su abuso de los derechos humanos.

Castro repite una y otra vez que la economia cubana florecería si pudiera tener acceso a los mercados norteamericanos y se ofrece a colaborar en la lucha contra el narcotráfico internacional. Al ceder la enemistad Moscú-Washington, las cosas van seguramente a camiar para todos. No obstante, algunos analistas políticos opinan que, no importa lo pragmática que la administración Bush pudiera ser, parece improbable que normalice relaciones diplomáticas con el gobierno de Castro. Dicen ellos que Cuba no es tan importante para los Estados Unidos como los cubanos creen y que ningún presidente norteamericano va a arriesgar políticamente tanto por tan poco. Amanecerá y veremos.

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