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| 3/31/2012 12:00:00 AM

La despenalización de las drogas divide a Centroamérica

El tema de la despenalización de las drogas ha dividido a los presidentes centroamericanos. La influencia y el apoyo económico de los Estados Unidos juegan un papel crucial en estas desavenencias.

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Radned
El pasado fin de semana, los presidentes Daniel Ortega de Nicaragua, Mauricio Funes de El Salvador y Porfirio Lobo de Honduras le dieron un gran plantón a su homólogo guatemalteco Otto Pérez Molina.
 
Los mandatarios decidieron no asistir a la cumbre citada por éste último en la ciudad de Antigua para hablar de seguridad y narcotráfico. En el centro del huracán, la propuesta de despenalización de las drogas hecha por Otto Pérez Molina y que pretendía llevar consensuada a la próxima Cumbre de las Américas que se llevará a cabo en Cartagena de Indias en abril próximo.

Mauricio Funes, de El Salvador, dijo en rueda de prensa que los tres presidentes habían decidido no asistir a la cita regional porque "no queríamos aparecer como que estábamos apadrinando una iniciativa que el Presidente de Guatemala tiene todo el derecho de proponer, pero no de imponer, y esa es la diferencia".

Demasiados intereses en juego
 
En el tema de una posible liberalización del uso de algunos estupefacientes existen dos factores que desempeñan un papel fundamental, según el analista político de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales, FLACSO, Edmundo Urrutia: la posición del gobierno estadounidense y las diferencias ideológicas.
 
Urrutia considera que para países como Nicaragua, El Salvador y Honduras pesa mucho la opinión de Washington a la hora de hablar de legalización de drogas. Ya sea porque prefieren evitar un enfrentamiento en ese sentido con la Casa Blanca, la que no quiere oír hablar del tema, o porque de antemano consideran que sin su apoyo, cualquier iniciativa de este tipo, no es viable.
 
Este último aspecto podría centrar la posición del gobierno de Nicaragua que, según Urrutia, podría estar pensando que con los Estados Unidos en contra, se trataría de un esfuerzo político innecesario.
 
De otra parte, está el caso de El Salvador, cuya enorme dependencia económica de la potencia norteamericana y el abultado número de salvadoreños que viven en el vecino país del norte, le impedirían apostar abiertamente por la polémica propuesta de Pérez Molina.

El otro elemento a tener en cuenta en estas desavenencias es el ideológico, apunta Urrutia: "Como sabemos los gobiernos de Nicaragua y El Salvador son gobiernos apoyados por la izquierda y no tienen mucha afinidad con un gobierno como el de Guatemala, encabezado por un ex militar. Hoy en día, existen profundas diferencias ideológicas entre los gobiernos de América Central, y darle el apoyo al gobierno de Guatemala en este tema sería fortalecerlo y darle legitimidad", algo que, según Urrutia, van a evitar a toda costa los gobiernos de izquierda de la región.

La osadía de Pérez Molina
 
Lo paradójico de esta situación es que sea precisamente un gobierno considerado de derecha, el de Pérez Molina, el que haya logrado internacionalizar una propuesta a todas luces progresista. Una actitud, que el analista de FLACSO califica, como mínimo, de osada, "No solo es osada sino también, a mi modo de ver, autónoma frente a los Estados Unidos".
 
Urrutia cree que detrás de la propuesta de despenalización de las drogas del Presidente de Guatemala hay dos razones fundamentales. Por un lado, una profunda convicción respecto a que después de 30 años de políticas represivas contra el narcotráfico sin resultados, llegó la hora de buscar nuevas medidas.
 
En segundo lugar los beneficios políticos que Pérez Molina sabe que puede obtener de todo esto. "El gobierno de Guatemala ha logrado concitar la atención de diferentes sectores y de otros estados, con esta bandera de la despenalización". Y eso, según el experto, tiene enormes réditos políticos.

Por ahora queda claro que los diferentes gobiernos centroamericanos mantienen múltiples diferencias que les impiden conseguir un consenso rápido alrededor de la propuesta de liberalización del consumo de drogas de cara a la próxima Cumbre de las Américas. Sin embargo, Edmundo Urrutia está convencido que esas diferencias podrían desaparecer en el momento en el que el debate se dé en un contexto continental con la mayoría de los estados latinoamericanos representados. Eso sería otro cantar.
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