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| 6/11/2011 12:00:00 AM

La dictadura moribunda

Con su presidente herido y recuperándose en Arabia Saudita, Yemen parece estar cerca de entrar en una transición política.

Después del ataque al palacio presidencial en Yemen, el viernes 3 de junio, las autoridades de ese país se apresuraron a decir que Ali Abdalá Saleh solo había sido "ligeramente lesionado en la cabeza". Pero con el paso de las horas, y al ver que el mandatario no aparecía para pronunciar su anunciado discurso en televisión, las sospechas de que la situación era más seria empezaron a aumentar. Quienes así lo creyeron no se equivocaron, pues esa misma noche Saleh fue trasladado a Arabia Saudita para recibir tratamiento médico. Más tarde se supo que sufrió quemaduras en el 40 por ciento de su cuerpo y tuvo que ser operado por una perforación en uno de los pulmones.

La situación, sin duda, es grave. Aunque Saleh está fuera de peligro, su recuperación tomará varias semanas. Por eso casi nadie cree en las palabras del vicepresidente Abd Rabbu Mansur Hadi, quien aseguró que "el presidente está mejorando, se recupera y regresará al país en los próximos días". Es evidente que se necesitarán más que unos días para que Saleh pueda volver. Si es que vuelve. Mientras tanto, la pregunta que todos se hacen es qué pasará con Yemen durante su ausencia.

Antes del ataque al palacio presidencial, las protestas habían tomado tanta fuerza que ya se estaba hablando de la posibilidad, cada vez más real, de que estallara una nueva guerra civil. El Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) había suspendido su mediación después de que Saleh se negó, por tercera vez, a firmar el acuerdo en el que se comprometía a ceder el poder a cambio de inmunidad total.

Ahora, tras la salida del dictador, el secretario general del CCG anunció que está dispuesto a reanudar la mediación para llevar a cabo la transición política. Los partidos opositores, entre tanto, aceptaron la designación de Hadi como presidente encargado, pues la asumieron como un primer paso para iniciar el traspaso del poder. El buen ambiente se completó con la decisión de ambas partes de establecer un cese al fuego para tratar de bajar la tensión que se ha vivido en el país en los últimos meses.

Las cosas, sin embargo, no son tan fáciles. Saleh sigue contando con muchos aliados que tratarán de garantizar su regreso y asegurar su permanencia en el poder. Además, sus hijos y algunos de sus sobrinos todavía tienen el control de elementos claves de las fuerzas de seguridad, lo que complicará aún más la situación.

Pero incluso si se logra consolidar la transición política, no hay garantías de que la calma regrese a Yemen. En un país con movimientos secesionistas en el norte y en el sur, donde existen fuertes rivalidades tribales y entre las élites, y que además vive con la permanente amenaza de Al Qaeda, cualquier cosa puede pasar. Por eso las partes tendrán que ser muy cuidadosas para evitar que el proceso de transición desemboque en una cruenta guerra civil.

Sin duda, el papel que desempeñen Arabia Saudita y Estados Unidos será determinante. Los otrora aliados de Saleh están afanados por impulsar el acuerdo de transición antes de que el mandatario se recupere e intente volver a su país. Pero también están preocupados por las implicaciones que esto pueda tener, pues son conscientes del peligro que representa Al Qaeda. Precisamente, la semana pasada el diario The New York Times aseguró que Washington, aprovechando el vacío de poder, estaba atacando objetivos de la red terrorista con aviones no tripulados, como parte de una campaña secreta.

Lo cierto es que después de treinta años, la era de Saleh aparentemente ha llegado a su fin. Ahora Yemen deberá conformar un consejo presidencial transitorio que guíe al país durante el proceso de elección de un nuevo gobierno. Saleh, mientras tanto, tendrá que preocuparse únicamente por su recuperación, pues sus días como presidente, al parecer, son cosa del pasado.
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