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| 8/13/1990 12:00:00 AM

LA DIVISION ANUNCIADA

Tras el congreso del PC, la gran paradoja de la URSS es que los perestroikos abandonaron a Gorbachov.

LA DIVISION ANUNCIADA LA DIVISION ANUNCIADA

Un observador desprevenido podría afirmar que el congreso número 28 del Partido Comunista de la Unión Soviética resultó un éxito para Mijail Gorbachov. El Presidente de la URSS no sólo conservó el puesto de secretario general, sino que logró que se aprobara una importante reforma a la organización ejecutiva del partido, incluida la creación del puesto de vicesecretario general. Allí, se eligió a un cercano colaborador de Gorbachov, Vladimir Ivashko, con lo que su control de las más altas instancias quedó asegurado. Y en el camino quedó su más poderoso enemigo, Yigor Ligachev.

Pero al hacer el balance final, Gorbachov salió del congreso con más problemas que antes. La razón es que sus aliados potenciales, los radicales, encabezados por Boris Yeltsin, iniciaron una desbandada que podría acabar con el delicado balance del poder en el seno del partido.

Desde que se abrió la primera de las 10 sesiones, se hizo evidente que las aguas estaban revueltas. Uno de los primeros oradores, proveniente de la región de Magadan, tomó la palabra con el fin exclusivo de pedir -en forma calificada de "histérica"- la dimisión del Comité central en pleno, acusándolo virtualmente de todos los males que aquejan al país.

En ese momento, las cosas parecían encaminarse a un desastre inminente para el profeta de la perestroika. Como el congreso estaba dominado en su inmensa mayoría por las facciones llamadas "conservadoras", todo indicaba que la confrontación por los principales puntos por tratar, incluidas las elecciones de los dignatarios del partido, podría llevar a una derrota estruendosa de Gorbachov.

Pero al contrario de lo que se esperaba, éste se salió con la suya prácticamente en todos los puntos que puso a consideración. Su discurso inaugural, en el que respondió a las acerbas críticas de Ligachev, logró el milagro de tibiar un ambiente en el que la frialdad había sido la norma. "Fue acaso la perestroika la que condujo a nuestro país a Afganistán? ", dijo."Acaso durante estos 5 años quedaron derrochados los enormes recursos naturales de la nación? Son acaso los reformistas los culpables de las catástrofes ecológicas y la tensión social en las más importantes regiones industrializadas del país?

El efecto de ese discurso, y de las palabras del ideólogo del Kremlin, Vadim Medvedev, causaron, en opinión de numerosos observadores occidentales, un efecto contundente en su auditorio. La actitud amedrentada de muchos de los delegados conservadores pareció confirmar la apreciación que desde algunos días atrás habían hecho los observadores soviéticos: que la gran mayoría conservadora del Congreso se movía no por razones ideológicas, sino por el temor puro y simple de perder el puesto.

Esa idea se confirma al observar que de los delegados, 1873 eran funcionarios de tiempo completo del PCUS, 796 ejecutivos de empresas y fábricas y 281 miembros de las Fuerzas Armadas, mientras los representantes de los obreros y campesinos no llegaban al medio centenar. Pero sea cual fuere la razón, el hecho es que el ala reaccionaria del partido no pudo o no quiso imponer su superioridad numérica en el Congreso, lo que se confirmó cuando Yigor Ligachev fue incapaz de ganar la elección del recientemente creado puesto de vicesecretario, y debió dejarlo en manos de un cercano aliado de Gorbachov.

En esas condiciones, todo parecía sonreír a Gorbachov. La idea de dejar el manejo diario del partido a un hombre de confianza, para poder enfrentar con manos libres los problemas del estado, parecía a punto de realizarse. Su reestructuración de la cúpula del partido, con el Politburó expandido para dar cabida a delegados de todas las regiones, también se había materializado. Los reaccionarios se habían dejado conocer su gran debilidad, esto es, la total ausencia de un programa o de un hombre alternativo para Gorbachov. La perestroika, contra todas las advertencias, sí parecía irreversible.

Pero al final, la delgada red que sostenía la unidad del partido terminó por romperse por su lado más vulnerable, esto es, por el abismo ideológico creado desde que comenzó el movimiento hacia la apertura. Los grupos radicales, es decir, "Rusia democrática", el "Grupo Interregional", "Plataforma Democrática", y otros conglomerados de partidarios de las reformas, llegaron al colmo de la frustración cuando Gorbachov no hizo eco de sus demandas. No resultó sorpresivo entonces que la hipotética alianza del llamado "grupo de centro", (en el que se incluye a Gorbachov), y los radicales, recibiera un duro golpe tras el retiro espectacular de Boris Yeltsin, el presidente de la República de Rusia. "Cuando llegue la verdadera competencia democrática, quiero estar con las manos libres ", explicó después.

En los últimos meses se han retirado del partido más de 200 mil miembros, y se espera que la decisión de Yeltsin y sus partidarios provoque una deserción aun mayor. Pero la verdadera preocupación de los observadores soviéticos reside en la mayor influencia que podrían adquirir los representantes de la "línea dura" en el seno mismo del partido. Por lo pronto, Gorbachov no podrá desentenderse del manejo de esa organización que, aunque moribunda, está intensamente arraigada en la vida del país. Varios miles de millones de rublos en infraestructura, 217 mil empleados de tiempo completo, cientos de periódicos, una continuada influencia sobre los militares y la KGB, todo ello enmarcado en una falta absoluta de objetivos a la vista, parecen conformar una fuerza demasiado peligrosa como para que quede a la deriva.

De esa forma, la primera derrota importante de Gorbachov no provino de las fuerzas de la reacción, sino de los radicales que hubieran podido ser sus aliados naturales. Para muchos, Gorbachov deberá por fin aclarar si su política pasa necesariamente por los cuadros del PC, o si su compromiso para sacar adelante a su atribulado país es tal, como para que él mismo abjure del credo comunista.--

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