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| 3/31/2012 12:00:00 AM

La enfermedad española - Una crisis financiera y social que no cede

A pesar de severos recortes de presupuesto y drásticas reformas laborales, la economía ibérica sigue desplomándose. Por ahora, nadie parece ser capaz de evitar el colapso.

El jueves España vivió una huelga general, con estaciones de metro fantasmas, vuelos cancelados, fábricas cerradas, un bajonazo del 17 por ciento del consumo de electricidad y marchas en todo el país. Los españoles protestaron contra la austeridad y una polémica reforma laboral, que flexibiliza los despidos y disminuye las indemnizaciones de los desempleados. Los sindicatos advirtieron que "si el gobierno no rectifica, habrá un conflicto social creciente".

España, por lo visto la semana pasada, va mal. El gobierno no da abasto para atender a los casi 5 millones de desempleados. Los expertos piensan que la economía se va a contraer, por lo menos, 2 por ciento. Tan solo el año pasado los jueces expulsaron a 58.000 familias de sus casas por no pagar sus hipotecas. Cada día 430 empresas cierran. Y se calcula que por primera vez en décadas son más los emigrantes que los inmigrantes. El país está pasando por el peor momento de una crisis que ya lleva cuatro años, que tiene a Europa temblando y que no parece tener fin. Por ahora solo una pregunta parece importante: ¿España ya tocó fondo?

Mariano Rajoy lleva apenas 100 días como presidente del gobierno y ya está contra las cuerdas. La semana pasada fue crítica para el jefe del Parido Popular (PP). El viernes presentó un presupuesto para 2012 que incluye recortes de más de 27.000 millones de euros. Es "austero, fuertemente austero", admitió el ministro de Hacienda Cristóbal Montoro. En promedio, cada ministerio recibirá 17 por ciento menos que el año pasado. Rajoy además le subió 7 por ciento a los servicios, 21 por ciento a los peajes y prometió recaudar 25.000 millones de euros extra en impuestos.

El domingo anterior el PP tuvo, además, resultados decepcionantes en las elecciones regionales de Asturias y de Andalucía. No logró imponerse en ninguna de las dos comunidades autónomas y algunos piensan que la confianza en Rajoy se está esfumando. Javier Pastor, profesor de Ciencia Política en Madrid, le dijo a SEMANA que "el desgaste ha llegado más pronto de lo que pensaba el gobierno. Por un lado, está acorralado por Bruselas, Alemania y Francia, y por otro lado el malestar en la opinión pública es creciente".

Sin embargo, es improbable que Rajoy cambie de rumbo, pues todos estos drásticos anuncios ni siquiera fueron suficientes para tranquilizar los mercados y a sus colegas europeos. El propio Mario Monti, primer ministro de Italia, dijo que "España está preocupando a toda Europa" y que su situación puede crear "un efecto de contagio que podría extenderse por todo el continente". Willem Buiter, jefe economista del Citigroup, declaró abiertamente que España va a necesitar un rescate financiero este año. Y hay cada vez más analistas que se atreven a comparar a Madrid con Atenas.

Félix Ovejero, economista de la Universidad de Barcelona, le dijo a SEMANA: "No parece que el panorama vaya a cambiar. Este año el PIB decrecerá. Y la apuesta del gobierno por el ajuste presupuestario antes que por el crecimiento, en buena medida impuesta por Bruselas, no permite hacerse muchas esperanzas. No va a servir de nada. Es sencillamente irrealista creer que se van a cumplir las metas de disminución del déficit público".

Y es que los problemas son profundos y estructurales. Los préstamos baratos, otorgados sin mayor requisito, terminaron endeudando a ciudadanos, empresas y gobiernos. Los casos más preocupantes son las 17 comunidades autonómicas que, amparadas por la descentralización, gastaron sin control. Ovejero explicó al respecto que "no se puede ignorar una notable debilidad del Estado. Como resultado de una perversa dinámica de poderes locales, alimentados por nacionalismos conservadores, se han encontrado problemas financieros, despilfarros, ineficiencias y una incapacidad para respuestas coordinadas".

Por años los españoles pensaron que su crecimiento era imparable. Pero, como cantó hace poco un grupo de flamenco en Barcelona, "un día se destapó el falso sueño español, basado en cemento, deudas y especulación". Ahora regiones enteras están moribundas. Uno de los sitios más golpeados es Jerez de la Frontera, ciudad de Andalucía famosa por sus vinos dulces, cuyo déficit se acerca a los 1.000 millones de euros. Ahí hay 34.189 desempleados y la Alcaldía no tiene con qué pagar a sus policías, bomberos o a los empleados del cementerio. La semana pasada diez colegios cerraron y 3.750 alumnos se fueron a sus casas por una huelga de los servicios de limpieza. "Mientras no se limpie, los niños no vuelven a clase. Hoy el orín llegaba hasta la mitad del pasillo", dijo Esther, una madre, al diario El País.

En Jerez también está en paro el transporte público, que ni siquiera puede comprar gasolina. Hay decenas de calles a oscuras por que no hay con qué reemplazar 9.000 bombillos del alumbrado público. Las instalaciones deportivas llevan más de un año cerradas, pues no hay presupuesto para los servicios. Por años la ciudad vivió por encima de sus posibilidades. Algunos aún recuerdan con rabia los 37 millones de euros que en 2001 invirtió la Alcaldía para remodelar el circuito automovilístico local.

Es el mismo derroche, la misma desmesura que se vivió en toda España. En todas las regiones hay elefantes blancos, megaproyectos abandonados y edificios paralizados en obra gris. Uno de ellos es el aeropuerto de Ciudad Real, una población perdida en las planicies de La Mancha. Invirtieron 1.100 millones de euros en un aeropuerto internacional, con capacidad para 2 millones de pasajeros anuales y una terminal ultramoderna. Desde agosto del año pasado, ningún avión ha aterrizado en esa pista. La página de internet del aeródromo simplemente dice: "Este dominio se encuentra desactivado". Los ciudadanos no entienden por qué ahora ellos tienen que pagar por este tipo de errores políticos que, por falta de visión o por relaciones non sanctas con promotores inmobiliarios, los llevaron a la ruina.

Todos los españoles están padeciendo, pero quienes realmente sufren son los jóvenes. Más de la mitad de los menores de 24 años están sin empleo. No importa si son profesionales, tienen maestrías y hablan varias lenguas, simplemente no hay trabajo. Claudia Olalla, joven arquitecta española, le explicó a SEMANA: "La sensación es que no hay futuro. Muchos amigos se van a Malasia, a China, a Dubái, a Latinoamérica o a otros países europeos. El sector de la construcción está muy tocado. Ya no son solo los albañiles, sino también los ingenieros y los arquitectos. Los que se gradúan van a las colas del paro en línea recta. A los que tienen trabajo les están bajando los sueldos. Una amiga con doctorado está cobrando 900 euros. Y hay familias que viven de la pensión de jubilación del abuelo".

A muchos les toca entrar en un categoría conocida como "nimileuristas", jóvenes que no ganan ni siquiera 1.000 euros. Otros pasan por todas las formas de precariedad: desempleo, salarios mínimos, trabajos temporales o no declarados. Eso es lo normal. Y están floreciendo ofertas de trabajo absurdas. Una empresa hace poco buscaba periodistas con experiencia que redactaran un artículo por 2,50 euros y una noticia por 0,75. También abundan los clasificados de "se busca profesional para incorporarse en régimen de colaborador y voluntario (sin retribución)".

Lo preocupante para España es que no parece haber salida. Y mientras las únicas soluciones al desempleo, a la falta de crecimiento y a las deudas sean los recortes, va a ser difícil que los problemas de la gente se acaben. Por ahora, como dijo Claudia Olalla: "El ambiente es muy pesimista. La gente tiene el tema de la crisis en la cabeza, hablan de eso todo el tiempo, todo el tiempo. No hay un líder claro que ilusione, este tío solo está gobernando porque dejaron de confiar en el anterior. Es deprimente". Y en las calles los manifestantes coreaban: "¡Mariano, Mariano, que no llegas al verano!" . Ante la ausencia de alternativas, por el desprestigio de los socialistas, ese grito sonaba vacío y desesperanzado.
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