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| 5/15/1995 12:00:00 AM

LA ESCOBA FUJIMORI

La arrolladora barrida de Fujimori para su reelección, modifica para siempre el panorama político del Perú.

SI LOS ULTIMOS DIAS ANtes de las elecciones presidenciales peruanas, el ambiente político era de tensa expectativa, la semana siguiente a los comicios ha sido marcada por la sorpresa ante el arrollador triunfo reeleccionista del presidente Alberto Fujimori. No porque no se supiera que Fujimori era el mayor opcionado, sino porque nadie se imaginó que la barrida iba a ser tan absoluta y total.
En efecto, Fujimori tuvo el 64 por ciento de los votos, lo cual duplica la suma de los sufragios depositados a favor de los otros 14 candidatos presidenciales. De éstos ninguno, ni siquiera Javier Pérez de Cuéllar, logró salvarse de una verdadera hecatombe política. El socialdemócrata Apra -Alianza Popular Revolucionaria Americana-, el populista de derecha Acción Popular, el Partido Popular Cristiano y el Frente Izquierda Unida, las fuerzas que durante años manejaron al país desde el poder o desde la oposición, dejaron de existir legalmente como partidos por haber obtenido menos del 5 por ciento de los sufragios. En cuanto al Apra y al Partido Popular Cristiano, la existencia de estructuras en el primero y de ideología y mística en el segundo, podrán sacarlos adelante, así deban pasar primero por la humillación de obtener 100.000 firmas de ciudadanos que no hayan apoyado a ningún otro grupo. Pero para los otros dos, la lápida es el único panorama.
Semejante resultado preocupa a los observadores por la desaparición del papel mediador de las organizaciones partidarias, pues después de todo, el propio presidente carece de un partido al cual rendir cuentas. Para Fujimori, los resultados del domingo 9 de abril terminaron de matar a lo que el llama 'partidocracia', y sugirió que promoverá nuevos canales de expresión popular. Pero con el control de la mayoría absoluta en el Congreso y apoyado en el soporte de las Fuerzas Armadas, nadie duda de que el descendiente de inmigrantes japoneses podrá imponer sin traba alguna su programa de ortodoxia neoliberal y su idea del rediseño del Estado.
Desde el punto de vista democrático, muchos sostienen que un triunfo tan arrollador del gobernante en ejercicio, en un país que aunque presenta buenos índices macroeconómicos tiene 12 millones de pobres absolutos, indica que, al menos en democracias tan débiles como las latinoamericanas, el presidente no es un contendor en igualdad de condiciones. Al fin y al cabo, no fueron pocas las denuncias de manipulación electorera de los actos oficiales y, al final, de intentos de fraude masivo.
Por lo pronto, el resultado trae estabilidad y continuidad en los programas, lo cual hace las delicias del sector empresarial, donde el triunfo de Fujimori fue recibido con euforia mal disimulada. La Bolsa de Lima reaccionó con un incremento del 10 por ciento promedio en el precio de las acciones, para un cierre del lunes en un alza general del 7,13 por ciento.
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