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| 3/25/2006 12:00:00 AM

La esperanza permanente

La tregua de los independentistas vascos de ETA ilusiona a España. Pero el gobierno del Psoe se juega la vida entre la paz y la desmembración del país.

Será un proceso largo y difícil". Así calificó el presidente del gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero, la inminente negociación de paz con el grupo terrorista ETA, que declaró hace pocos días un alto al fuego. Es la cuarta vez que ETA se muestra dispuesta a negociar con el gobierno, pero la primera en que anuncia el cese de hostilidades de manera "permanente". Casi toda España se muestra feliz y esperanzada con la noticia, pero el gobierno no quiere excederse en optimismo, ya que el camino hacia la paz apenas está comenzando.

"ETA se encuentra muy debilitada militarmente, ha perdido mucho apoyo popular a su causa y se halla en el mejor momento para negociar una paz que le permita defender sus objetivos dentro de la democracia del país", dijo a SEMANA José Manuel Castro, politólogo de la Universidad Complutense de Madrid. Creada en 1959 en Bilbao, la organización 'Euskadi Ta Askatasuna' (ETA) (que significa 'País Vasco y Libertad'), nació como un grupo armado independentista contra el dictador Francisco Franco. Desde sus inicios, sus principales fuentes de ingresos provinieron de asaltos bancarios, secuestros y de un 'impuesto revolucionario' cobrado a los empresarios vascos. Su 'golpe' más sonado fue la bomba que asesinó en 1973 al almirante Luis Carrero Blanco, el delfín de Franco.

Pero tras la muerte de éste y el establecimiento de la democracia, ETA se negó a desaparecer e inició una campaña sangrienta por la 'autodeterminación del País Vasco' con más de 800 muertos. En 1977, al comienzo de la etapa de transición hacia la democracia tras la muerte de Franco, el gobierno aprobó una amnistía general que benefició a numerosos presos de ETA, pero las negociaciones de paz no se iniciaron. La primera tregua de ese grupo se dio sólo en 1981, con Leopoldo Calvo Sotelo a la cabeza del gobierno. El diálogo duró algunos meses, pero ETA rompió la tregua. En 1988, con el socialista Felipe González como presidente, la organización declaró una tregua de 60 días y las negociaciones tampoco fructificaron. Las últimas aproximaciones datan de 1996, con el recién elegido gobierno del Partido Popular (PP) de José María Aznar, pero la tregua sólo duró una semana.

En 2000, la balanza comenzó a inclinarse contra ETA cuando el Partido Popular y el Partido Socialista Obrero Español (Psoe) firmaron el 'Pacto por las libertades y contra el terrorismo' y las policías de España y Francia aunaron esfuerzos para capturar a los cabecillas. Como resultado, en 2004 las autoridades francesas atraparon a sus máximos dirigentes, Mikel Antza y Soledad Iparraguirre. Para entonces habían sido detenidos 131 miembros del grupo y ETA prácticamente se encontraba desarticulada.

Pero el año pasado, contra la voluntad del PP, ahora en la oposición, el gobierno socialista de Rodríguez Zapatero obtuvo del Parlamento español su autorización para iniciar negociaciones con ETA. Los voceros del PP, con Mariano Rajoy a la cabeza, sostienen que la debilidad es una mala política ante los terroristas, y que lo que vendrá podría abrir la puerta para una eventual desmembración del país con la independencia del País Vasco.

Algunos expertos aseguran que los atentados islamistas del 11 de marzo de 2004 radicalizaron a la población contra el terrorismo, lo que le quitó toda legitimidad a la lucha armada de ETA, y que a ello se sumó la tregua decretada en Irlanda del Norte por el IRA. "Esto indicaría que la dinámica de la Europa comunitaria los ha convencido de que o desaparecen, o negocian y siguen luchando democráticamente", según explicó a SEMANA Antonio Sanahuja, del madrileño Centro de Investigación para la Paz. De hecho, hace pocas semanas cumplió 1.000 días sin matar ni herir a nadie, aunque sí realizando atentados con bombas de bajo poder.

Rodríguez Zapatero se enfrenta así a un proceso en el que deberá equilibrar las ansias de paz de los españoles con la obligación de preservar la unidad de España. Si consigue la paz con ETA en los dos años que le quedan, los socialistas seguirán en La Moncloa. Pero si no, los conservadores volverán al poder y ETA retornará a los atentados.
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