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| 2/22/2004 12:00:00 AM

La espía y su conciencia

La agente que reveló que Estados Unidos espiaba a los delegados de la ONU que decidían sobre Irak es una heroína para unos y una traidora para otros.

Katharine Gun, una ex traductora de la GCN (la agencia de inteligencia británica), debe presentarse este miércoles a una audiencia judicial. Esta bella mujer de 29 años está acusada de violar un secreto oficial y enfrenta dos años de prisión. Pero su caso podría acabar con la carrera del primer ministro Tony Blair.

Todo comenzó en marzo 2 de 2003. Estados Unidos y Gran Bretaña habían pedido al Consejo de Seguridad de la ONU que aprobara la invasión a Irak. Ese domingo el diario The Observer publicó un e mail secreto en el cual la potencia pedía ayuda británica para interceptar las comunicaciones de los representantes de México, Angola, Camerún, Chile, Bulgaria, Guinea y Paquistán, claves para inclinar la balanza.

Tras su arresto y destitución, se supo que la fuente había sido Katharine. Ella declaró que había actuado para evitar muertes de soldados y civiles en una guerra injusta. Barry Hughill, de la organización que la defiende dijo a SEMANA que "con su acto Katharine no puso en peligro la vida de soldados estadounidenses y en cambio, pensó que podía haber salvado a muchos".

Esta justificación ha convertido a Gun en heroína. Un grupo encabezado por los actores Sean Penn, Danny Glover y Martin Sheen, el reverendo Jesse Jackson, la feminista Gloria Steinem y la cantante Bonnie Rait pidieron a los medios estadounidenses que informaran sobre el caso y a los funcionarios que expresaran al gobierno británico su preocupación por Katharine, quien en Estados Unidos estaría protegida por la carta de libertades civiles. "En una democracia Katharine Gun no debería convertirse en chivo expiatorio por exponer las transgresiones de otros", declararon.

Ese movimiento viene creciendo. Un grupo de congresistas norteamericanos le pidió al primer ministro británico, Tony Blair, la liberación de Gun. Y una columna de The New York Times criticaba el juicio. El artículo concluía que en vez de acusar a Gun habría que preguntarse por las faltas de los líderes que llevaron al mundo a una guerra llena de engaños.

En efecto, el espionaje implicaba violar el protocolo de Ginebra que prohíbe esas prácticas entre aliados en tiempos de paz. Por eso Hughill asegura que: "Las preguntas que deberían hacerse son: ¿hizo el gobierno británico lo que le pedían? ¿Espió a naciones amigas? Si es así, ¿estaba enterado el Primer Ministro?".

SEMANA contactó a Bob Mc Nally, vocero de la GCN. Mac Nally confirmó que Katharine había sido despedida, pero no si el espionaje había ocurrido. "No hacemos comentarios sobre las especulaciones en los medios", dijo.

Pero es más que especulación. El 10 de febrero el vocero chileno Patricio Santamaría confirmó que la interceptación de teléfonos había ocurrido, y cuando el memo de Gun salió a la luz, Santiago pidió explicación a Estados Unidos y Gran Bretaña. Chile es muy sensible al juego sucio que sirvió a Estados Unidos para incidir en la caída de Salvador Allende. Por su parte el ex embajador de México ante la ONU Adolfo Aguilar Zinser dijo a AP que para él era obvio que los países que discutían sobre Irak estaban siendo espiados.

La revelación de Katharine Gun pudo ser el elemento que impidió que la ONU le diera una falsa aura de legitimidad a la guerra en Irak. Según explicó a esta revista Norman Solomon, del Institute of Public Accuracy, el que Estados Unidos se hubiera tomado tanto trabajo para obtener la segunda resolución implica que esta sí se requería para legalizar el ataque. Finalmente, el juicio a Gun puede revelar que Gran Bretaña hace el trabajo sucio de Estados Unidos. Esto confirmaría a su electorado que Blair es el perrito faldero del Presidente estadounidense. En un mundo justo Gun no debería pagar prisión por las incomodidades que ha ocasionado a los poderosos.
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