Sábado, 25 de febrero de 2017

| 2001/10/01 00:00

¿La `Euro´ realida?

Crónica de una visita a un pequeño pueblo ubicado en el noroeste de España donde hay gran incertidumbre entre los ciudadanos, con respecto a la llegada del Euro el próximo primero de enero.

¿La `Euro´ realida?

Con premura se acerca el momento en dar vuelta a una página más en el monumental libro de la historia europea. Cuando el reloj marque las 12 de la noche del próximo 31 de diciembre, y el mundo celebre la llegada de un nuevo año, 12 países de Europa brindarán con vino, cerveza o champaña por un motivo más: la llegada de la moneda única, el euro. Tal vez miles de ciudadanos con espíritu conservador, desde las frías tierras de Dresden en los límites con la Europa del Este hasta las hermosas playas de Lisboa, suspiren melancolía a través de sus poros y dejen derramar una que otra lágrima por ver desaparecer las monedas nacionales de cada uno de sus países; al fin y al cabo, la moneda, y más aún en cada país de Europa, representa un símbolo de unidad, de nación, de cultura, y de identidad.

Al pensar en este cambio sin precedentes que se avecina a esta orilla del Atlántico, visité por un par de días un pequeño pueblo costero de Galicia al noroeste de España llamado Sanxenxo. La idea era indagar de primera mano, cuál es el ambiente que se respira en los lugares apartados de las grandes ciudades y capitales europeas, y qué piensan los habitantes de zonas rurales y aisladas del mundo cosmopolita, sobre la llegada de la nueva moneda.

Sanxenxo, con un poco más de 16.000 habitantes y 42 kilómetros cuadrados es un poblado pintoresco que recibe con los brazos abiertos la brisa marina que el Atlántico sopla contra su costa. Una calle principal que soporta una decena de hoteles y restaurantes hace casi de límite entre las aguas oceánicas y el asfalto de tierra firme. Muchas de las viviendas que tienen una panorámica exclusiva, pertenecen a españoles adinerados que viven en grandes ciudades y encuentran en Sanxenxo un lugar para la calma y el descanso vacacional. La vida es apacible, sustentada en el turismo y en la pesca a menor escala, y el reloj parece que avanzara mucho más lento de lo que usualmente lo hace, en gran medida debido a la ausencia de grandes problemas en el diario vivir.

Mientras recorría este hermoso destino turístico que no aparece usualmente en las guías de las agencias de viajes, corroboré en gran medida una sospecha. El euro está a punto de llegar a Europa –incluido también Sanxenxo-, pero los ciudadanos permanecen aún como espectadores del proceso de la unión monetaria, su visión de lo que ocurre es totalmente pasiva, las campañas publicitarias que se organizan a nivel estatal, y en el caso español –a nivel de cada una de las comunidades en que se encuentra dividido el territorio- llegan a través de la televisión y los diarios, pero son densas en contenido y ayudan más a enriquecer el ambiente académico que a crear conciencia en los millones de personas sobre las implicaciones, usos, ventajas y desventajas de adoptar una moneda única para doce países.

Francisco Fraga, un pescador oriundo de esta localidad gallega, y seguidor del "Generalísimo" en la etapa franquista de España, entiende muy poco cuando se le pregunta por la nueva moneda. Escasamente sabe que un euro equivale a 166 pesetas (2.220 pesos colombianos aproximadamente). "Cuando llegue la nueva moneda tendré muchos problemas para saber la equivalencia de precios, y no sé qué tan bueno sea este cambio. Adoro las pesetas, es la moneda que ha acompañado la historia de España. Recuerdo con nostalgia los billetes de la Guerra Civil, me resisto a creer que una nueva moneda llegará a mi bolsillo".

Como Francisco pero aún más susceptible por la desaparición de la peseta, encontré en un bar a Ana Luisa Muñoz. Mujer de temple y carácter fuerte, que con un marcado acento gallego me expresó con tristeza: "No quiero los Euros. La peseta ha sido parte diaria de mi vida durante toda mi vida. Cómo olvidar la peseta cuando mis padres me daban los domingos una de ellas para pensar en que mis sueños de niña los podía hacer realidad ahorrando unas cuantas. A partir de enero que vaya a comprar el pan no sabré exactamente a cuánto equivaldrá, no soy una persona acostumbrada a andar con una calculadora en la cartera".

Así poco a poco mientras recorría las calles y establecimientos, y sentía el viento frío propio de esta época del año, percibía también el frío en la mayoría de opiniones que los habitantes ofrecían al referirse a la nueva moneda que está a punto de nacer.

Pero todo no era desagrado y tristeza, en el ámbito hotelero el ambiente era un poco más distendido y el apoyo al euro dejaba ver más calidez y positivismo. La razón es simple: recibir viajeros de varias partes de Europa y que paguen en una misma moneda facilita mucho más los pagos, las transacciones y la vida de un puerto, aunque éste sea pequeño . En el hotel "Justo", conversé por algún rato con la administradora del lugar y decía: "En muchas ocasiones debí recibir como pago Escudos, ya que Portugal está a dos horas de aquí. Con el euro este tipo de inconvenientes desaparecerán, pero si me preguntaran por el cambio de moneda, creo que me quedaría con mis pesetas".

Por otra parte en los restaurantes se mezclaba un poco el positivismo con las críticas. En la carta, los precios de cada plato aparecían en pesetas y su equivalencia en euros, una manera usual de acostumbrar a los consumidores a ver los valores en la nueva moneda, pero uno de los meseros con incertidumbre decía: "Me da igual la moneda que haya, mientras haya empleo".

En la calle preguntando a desprevenidos transeúntes que disfrutaban un poco de la maravillosa vista que se tiene en ese lugar, recogí expresiones de diverso calado. "La peseta es como un barco que han hundido a propósito y debemos aferrarnos a la alternativa del euro que nos tiran como salvavidas" decía un hombre que pasaba los sesenta años. "No se mucho del euro, sólo que llega y todo será diferente. Me da un poco de miedo esta incertidumbre en la que estamos", afirmaba una mujer con tono expectante. "Qué te puedo decir, está bien... Deberemos acostumbrarnos", contestaba un adolescente sin mucho interés por el tema.

Teniendo en cuenta esa recolección de testimonios y opiniones, y pensando que sería demasiado rápido plantear críticas al euro por simples causales sentimentales, históricos o del manejo aritmético en un mundo cada vez más inmerso en las actividades del capitalismo, lo que sí parece quedar claro es que los ciudadanos –en este caso los de Sanxenxo, pero a la larga los de muchas zonas de Europa alejadas de las capitales-, que son quienes mueven el desde la base el mercado monetario y económico de cualquier sociedad, parecen estar relegados a las decisiones, proyectos , iniciativas y ambiciones de quienes lideran el tren de la Unión Europea y el proyecto del euro desde las oficinas ubicadas en Bruselas.

Por lo experimentado en Sanxenxo me temo que como estos españoles, también habrán franceses, griegos, belgas, italianos, alemanes, holandeses, etc. que escasamente saben de la llegada de una nueva moneda a sus vidas en dos semanas, pero no entienden cómo se vieron involucrados en este proyecto, ni cuales serán las consecuencias directas o indirectas de llevar a diario en sus billeteras o monederos, una nueva moneda común en doce países.

El día de mi partida, revisé El Correo de Galicia, diario regional que se vende en los puestos de periódicos de Sanxenxo y me encontré con una entrevista que le hicieron al español Pedro Solbes, quien se desempeña como comisario de asuntos económicos y monetarios de la Unión Europea, y en uno de sus apartes afirmaba: "Olvidémonos de lo que está sucediendo en este momento temporal. Lo que hay que hacer es acelerar el proceso y explotar al máximo las ventajas del euro". Luego de leerlo me pregunté: ¿ por qué no se aceleran las iniciativas para que los ciudadanos europeos tengan más voz y voto en las decisiones que los afectan para bien o para mal ? Pareciera que Europa se mueve en un modelo democrático de élites donde los ciudadanos terminan siendo el ratón de laboratorio a los numerosos experimentos de integración en que anda embarcado el continente. Por lo menos, así parece verse desde este pintoresco pueblo europeo.



*Corresponsal de Semana en España

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