Domingo, 22 de enero de 2017

| 2004/02/02 00:00

La Evita azteca

Pese a que la acusan de ignorante y codiciosa, Marta Sahagún, la primera dama de México, coquetea con la idea de ser presidenta.

Marta Sahagún es hoy en día más popular que su esposo, el presidente mexicano, Vicente Fox. Sus expectativas han crecido ante la crisis de representación del partido gobernante.

Marta Sahagún, la esposa del presidente mexicano Vicente Fox, viene dando indicios de que desea reemplazar a su marido en 2006. Cuando el 13 de enero un periodista de AP le preguntó a quemarropa si los rumores eran ciertos, ya no pudo seguir negándolo: "Ya veremos, dijo. Aún no he tomado una decisión y no puedo ser irresponsable. Tengo que reflexionar profundamente". Pero la verdad es que para muchos doña Marta, que rechaza el apelativo de 'primera dama', se comporta como si ya estuviera en campaña.

La semana pasada, por ejemplo, presentó un examen de evaluación para obtener un lugar en el consejo del Partido Alianza Nacional (PAN), un requerimiento previo para postularse a la candidatura por este partido. Esa misma semana, un viaje con su marido a Mérida para la inauguración de unas viviendas del programa Hábitat se convirtió en una especie de lanzamiento. Con el presidente esperándola en segundo plano, la doña repartía consejos y besos, solucionaba problemas y cargaba bebés mientras la gente gritaba: "Martica, te queremos en la presidencia". Fue tan evidente que se estaba robando el show de su marido que éste se lo tomó con buen humor y bromeó: "Ya la buscan a ella más que a mí", dijo.

Marta nació en 1953 en el seno de una familia conservadora. Estuvo casada durante 27 años con Manuel Bibriesca y tuvo tres hijos. Hace apenas 15 era una ama de casa sin formación profesional. "Es muy viva, se ha mejorado mucho sin estudiar", dice su ex esposo. Pero tras realizar cursos de administración de empresas y dirección de personal se convirtió en una mujer de negocios. De la mano de su gestor Manuel Clouthier, se afilió al PAN en 1988. Sahagún conoció a Fox en 1995 cuando éste era gobernador de Guanajuato. La nombró coordinadora de comunicación y durante su campaña a la presidencia de 2000 Sahagún se encargó del manejo de los medios. En 2001 se casaron.

La comparan con la legendaria primera dama argentina Evita Perón. Y en el libro La jefa, la periodista Olga Wornat cuenta que doña Marta le tiene una admiración secreta y que la cita con frecuencia en sus discursos. En efecto, Sahagún tiene los mismos toques populistas, como saludar de mano a todo el mundo por la calle y atender una por una las peticiones particulares de la gente humilde, pero también caprichos y gustos refinados como la afición por los vestidos lujosos y por aparecer en fotografías del jet set internacional.

Sus críticos también la acusan de abusar de su poder. Dicen que propone y quita funcionarios a su antojo y que ha orquestado varias de las políticas gubernamentales. Se habla también de despilfarros con el erario para obras sociales calificadas de "oportunistas" y la prensa critica el abuso que los hijos de la primera dama hacen de los recursos y las instalaciones gubernamentales. Para otros a Sahagún le falta preparación y no estaría capacitada para ser presidenta.

En el PAN también tiene críticos. El dirigente Luis Felipe Bravo negó en estos días que se esté pensando en ella para la nominación. Por su parte el coordinador de diputados Francisco Barrio aseguró que "no sería prudente una candidatura de la señora Sahagún por su cercanía con el presidente porque podría interpretarse como la intención de perpetuar en el poder a una familia". En efecto, los dirigentes del PRI ya han manifestado que una victoria de Sahagún equivaldría a una reelección de Fox.

No obstante, el pueblo quiere a su 'Martica', y ella sigue encabezando las encuestas de opinión. Sucede que con la caída de la dictadura del PRI, en el comportamiento electoral mexicano ya no hay nada escrito. Por la Constitución, Fox no puede ser reelegido y existe un vacío de poder que podría beneficiar a Sahagún. Pese a las críticas esta Evita del siglo XXI parece empeñada en satisfacer sus aspiraciones políticas.

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