Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1983/01/03 00:00

LA EXOTICA ESTRATEGIA DEL MX

Vivir en Wyoming ya no es un ideal: allí se instalará una franja de concreto gigantesca con dispositivos nucleares.

LA EXOTICA ESTRATEGIA DEL MX

Reviviendo aquél adagio que dice dice que "si quieres la paz prepárate para la guerra ", el Presidente Ronald Reagan sorprendió a medio mundo con el anuncio hecho el 22 de noviembre sobre su intención de sacar adelante el proyecto de instalación de los misiles intercontinentales MX.
Las razones expuestas por el mandatario en su mensaje televisado a la nación fueron claras y no dejan dudas sobre la posición de la Casa Blanca ante la Unión Soviética y, de paso, desechan las ideas de los más optimistas sobre una distensión nuclear acordada entre las dos principales potencias.
Tan pronto se conoció la noticia, el nuevo jefe del Presidium Soviético, Yuri Andropov, se apresuró a expresar su protesta por lo que supuestamente constituiría una violación del acuerdo sobre limitación de armas estratégicas Salt I, firmado hace ya diez años.
Básicamente, la defensa que hace Reagan de sus planteamientos se concentra en buscar un nuevo equilibrio de fuerza. Dotado de gráficos y cifras que la agencia soviética Tass se encargaría de denunciar "deliberadamente falsos", el presidente mostró a los televidentes una sombrosa situación de inferioridad. Si hace 20 años la supremacía de los Estados Unidos era indiscutible y hace 10 ambas naciones contaban con arsenales parecidos, hoy en día la balanza se inclina, según la Casa Blanca, ante Rusia en casi todos los diferentes tipos de armamento, ya sea nuclear o convencional, con una ventaja que a veces es hasta de tres a uno.
Como consecuencia de esto--opinan los expertos del gobierno--es que se explica el fracaso de los repetidos intentos para reanudar conversaciones sobre desarme, pues los soviéticos no están interesados en abandonar sus posición a cambio de logros de segunda categoría.
El proyecto MX (sigla que corresponde a "Misile Experimental"), había estado ya en el escritorio de los tres predecesores inmediatos de Reagan, sin que ninguno tomara una decisión abierta al respecto. Descendiente, como todos los misiles, de los proyectiles V1 y V2 que utilizara Alemania durante la Segunda Guerra Mundial, el MX o "Peacekeeper" (preservador de la paz), como lo rebautizó el presidente--tiene como objetivo aparente mejorar la eficiencia y el poderío norteamericanos en el campo de los misiles intercontinentales.

MISIL DE 20 METROS
Los 100 MX que planea construir el gobierno irían a sumarse a los 1.000 misiles "Minuteman" ya existentes, cuyas características, según el gobierno, son bastante inferiores a las del "Peacekeeper". Este último puede alojar 10 cabezas nucleares (más que el Minuteman) y aparte de mejoras en peso, autonomía y confiabilidad, tiene teóricamente, una mayor resistencia a los intentos de destrucción en caso de un ataque (tres veces la de los ya existentes).
El MX combina las anteriores propiedades con el diseño de los silos donde se almacenará. Según decisión del presidente, la totalidad de los 100 nuevos misiles serían colocados en una estrecha área de 20 kilómetros de largo por 3 de ancho y albergados en silos de concreto y acero superreforzados distantes 600 metros unos de otros.
Con sus 20 metros de alto, dos de diámetro, 95 toneladas de peso y su inmensa capacidad destructiva, el MX seria suficiente para despejar cualquier interrogante militar. No obstante, muy poco despues de que el gobierno anunciara su producción, la lluvia de críticas no se hizo esperar.
Amén de las opiniones de la gente que está en contra del proyecto por sus implicaciones políticas e ideológicas, gran cantidad de técnicos han puesto reparos a los supuestos sobre los que se basa el misil.
En particular, se discute la supervivencia de éstos ante un ataque nuclear directo. Según el gobierno, hasta un 70% de los MX quedarían intactos para contraatacar, pero esta cifra, aducen los expertos, puede ser reducida por la Unión Soviética variando un poco la forma del ataque.
De acuerdo con lo planteado por el presidente, los 100 misiles MX se instalarían en cercanías a la base Warren de la Fuerza Aérea, en el Estado de Wyming, al noroeste del país, donde ya hay montada una buena cantodad de Minuteman.
Pero, contraria a la afirmación de que el sitio fue escogido por sus ventajas militares sobre las demás alternativas, los expertos más objetivos opinan que el factor político, representado por un gobierno estatal amigo del presidente dentro de un territorio poco poblado, fue el decisivo para evitar las protestas que se hubieran suscitado en otras áreas.
No hay que olvidar, por lo tanto, la abrumadora votación por la cual la gente de 7 de los 8 Estados participantes en la consulta sobre desarme nuclear del pasado 2 de noviembre, votó a favor de la congelación del arsenal y que a mediado plazo puede incidir en actitudes mucho más directas.
Sumado a lo anterior, los políticos no han olvidado la manifestación pacifista del pasado junio, llevaba a cabo en Nueva York un millón de personas, la mayor concentración política en la historia de los Estados Unidos.
No se sabe realmente si el presidente triunfará en la discusión sobre los MX. El congreso es hasta ahora un enigma y la magnitud del programa--29 mil millones de dólares duraderos hasta 1986, año en que los MX deben estar listos--no parece muy compatible con la situación de "vacas flacas" por la que atraviesa la economía norteamericana, cuyo crecimiento en los primeros 9 meses de este año fue del 0%, oscurecido aún más por el alto desempleo y el déficit fiscal sin precentes.
Más aún, el mensaje de los votantes hace un mes fue definitivo y los congresistas no lo han olvidado. Como si fuera poco, la oficina de presupuesto del congreso, en un estudio dado a conocer el 29 de noviembre de terminó que el proyecto de los misiles MX no constituía parte fundamental del programa de defensa de la nación.
Actualmente las discusiones en torno al tema son agudas y si bien es tradicional que se respete la opinión del presidente en asuntos de seguridad nacional, es notorio un activismo en contra, puesto que las estimaciones sobre el valor del proyecto pueden ser menores de las que requiere realmente sin que se resuervan varios de los interrogantes yacitados.
Ricardo Avila (Corresponsal de SEMANA en USA).

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