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| 2/24/2012 12:00:00 AM

La fragmentada oposición siria

Cuando se realiza una multitudinaria conferencia sobre el futuro del país, echamos un vistazo a los principales grupos de oposición que, a pesar del formidable obstáculo que es el régimen, no están unidos.

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BBC
Cuando en marzo de 2011 comenzaron en Siria las protestas contra el gobierno de Bashar al Assad, los manifestantes en las distintas ciudades del país cantaban por las calles "el pueblo sirio es uno, uno, uno, el pueblo sirio es uno". Pocas veces un canto de esperanza ha estado tan equivocado.

La conferencia internacional que tiene lugar este viernes en Túnez reúne a más de 70 naciones del globo bajo la denominación de “los Amigos de Siria”, pero su nombre correcto debería ser “buscando un amigo sirio confiable, con muchos amigos –o pocos enemigos- dentro de Siria”.

Mientras Estados Unidos, Europa y la Liga Árabe intentarán en lo formal lograr que el presidente Bashar al Asad declare un cese al fuego y permita el ingreso de ayuda humanitaria a su país, detrás del telón lo que estaría en juego, como indica el Financial Times, es "un test para ver si la dispersa oposición siria puede comenzar a conformar un frente unido".

Si ésta es la intención, el camino no ha empezado bien: uno de los principales grupos opositores, el Comité de Coordinación por el Cambio Nacional y Democrático, ha boicoteado el encuentro por mostrar "una peligrosa tendencia a especificar quién representa a los sirios".

El Comité teme que el Consejo Nacional Sirio, calificado por Hillary Clinton como un "representante creíble del pueblo sirio", sea el escogido por las potencias occidentales para encabezar una transición política y gobernar desde Damasco en el futuro.

Debido a décadas de persecución política en Siria, ninguno de estos dos grupos existía antes de que se lanzaran a la calle aquellos que soñaban con un pueblo unido, como tampoco existía la tercera pata de esta mesa inconclusa: el Ejército Libre de Siria.

Los "elegidos"

Los partidos de la oposición han estado prohibidos en Siria desde la implementación de las leyes de emergencia por parte del partido Baas en 1963.

Casi cinco décadas después, la oposición política siria está conformada por líderes exiliados, grupos clandestinos en el interior del país, izquierdistas, secularistas, islamistas y nacionalistas.

Formado en la segunda mitad de 2011 en Turquía, el Consejo Nacional Sirio, que asiste a la conferencia de Túnez, reúne entre sus filas a un abanico de agrupaciones que van desde facciones kurdas, comités locales de todo el país, grupos democráticos nacidos en las calles de Damasco y la Hermandad Musulmana.

Liderado por Burhan Ghalioun, político sirio exiliado en Francia, el Consejo quiere el fin el gobierno de Al Assad, rechaza cualquier diálogo con el presidente, oficialmente se opone a la intervención militar extranjera pero pide la ayuda de la comunidad internacional "para proteger a los sirios".

Pero sus deseos de una democracia plural no han logrado alejar la desconfianza que genera, tanto dentro de la oposición como en algunos funcionarios occidentales, la presencia de grupos islamistas en su coalición, como ocurrió primero en Egipto y luego en Libia.

Pertenecer a la Hermandad Musulmana fue en Siria, desde 1980, suficiente para ser condenado a muerte. Dos años después, efectivamente, se cree que hasta 20.000 personas fueron muertas en el levantamiento de Hama, encabezado por los islamistas.

El líder de la agrupación, Mohammad Riad Shaqfa, también exiliado, ha señalado que la hermandad no busca instalar una república islámica en Siria, sino un sistema democrático pluralista.

Los otros opositores

Entre los que no están tan seguros del compromiso con la Democracia de la Hermandad Musulmana, se encuentra el Comité de Coordinación por el Cambio Nacional y Democrático, grandes ausentes en la reunión de este viernes.

Este grupo formado en 2011, liderado por Hussein Abdul Azim, está compuesto por bloque opositores dentro del país que piden un cambio pacífico, rechazan la intervención extranjera y no se opondrían a que miembros del actual gobierno jueguen un rol en la transición política.

El triángulo escaleno lo completa el Ejército Libre Sirio, conformado en agosto e 2011 en Turquía por el excoronel de la fuerza aérea Riyad al Assad y otros desertores de las fuerzas armadas.

Se desconoce la magnitud de esta fuerza disidente. Aunque ellos se adjudican unos 15.000 soldados, las estimaciones independientes no le asignan más de 8.000 y no está claro cuál es el control que Riyad al Assad ejerce en todos los combatientes que han adoptado el nombre de su organización.

Al momento de constituirse, anunciaron su intención de "trabajar mano a mano con la gente para lograr libertad y dignidad, derrocar al gobierno, proteger la revolución y los recursos del país, y hacer frente a la irresponsable máquina militar que está protegiendo al régimen".

Aunque el excoronel dice desde Turquía que todos los días se producen deserciones en el ejército oficial, el núcleo duro del régimen de Al Assad está basado en la fidelidad de oficiales alawitas (la secta chiita a la que pertenece el poder) miembros de su familia y de su clan.

(En 1982, cuando el padre de Bashar, Hafez al-Assad, ordenó la aniquilación del movimiento insurgente en Hama, solo una brigada de todo el ejército desertó).

Diferencias, divisiones

En un país de 21 millones de habitantes, con una mayoría sunita (74%), dos grandes minorías alawita y cristiana (ambas un 10% de la población) y otras comunidades aún más pequeñas como la kurda, la unidad nacional nunca ha sido un objetivo sencillo.

Como dice el corresponsal de la BBC en el norte de Siria, Ian Pannell, "el país es un balance frágil de religiones, sectas y etnias, y la preocupación es que esas diferencias se vuelvan divisiones".

La comunidad internacional tampoco conforma un bloque indivisible. Los dos países que vetaron la última resolución del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas condenando al gobierno de Al Assad, Rusia y China, no han viajado a Túnez.

Obviamente nadie del gobierno sirio ha dicho presente y la televisión estatal acusó a los organizadores de ser "históricos enemigos de los árabes" y "símbolos del colonialismo".

Mientras, los opositores en Siria siguen esperando en medio de los bombardeos que llegue alguna clase de ayuda, sea desde el exterior o desde el interior.

Incluso miembros del Consejo Nacional Sirio reconocieron al New York Times que en su última reunión en Qatar, donde mantuvieron conversaciones por internet con activistas en Homs, Hama e Idlib, solo escucharon reproches de por qué ellos iban de un hotel de lujo a otro mientras en el terreno no había ni suministros médicos.

Estos activistas tienen motivos para reprochar. Según sus propios datos, más de 7.000 personas han muerto en estos once meses de levantamiento, más de 90 solo este jueves.

Ellos son los que salieron primero a las calles en marzo de 2011 para decir que el pueblo sirio era uno. El tiempo les ha demostrado lo contrario.
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