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| 6/28/1982 12:00:00 AM

LA FURIA DE LOS "PUCARA"

Los aviones argentinos han dado duros golpes a la Royal Navy.

Poco después de las diez y media de la mañana del viernes 21, aviones "Pucara" que habían estado agazapados hasta entonces en los toscos aeropuertos de hierba que plagan las islas, bravamente atacan a las fragatas inglesas. Aviones ligeros, los "Pucara", bestias malditas para la desaparecida guerrilla argentina a la que tanto hicieron sufrir. Pero hacer daño a las fragatas, es otra historia. Dos fueron derribados antes de que llegaran aparatos más terribles: en total -según las cuentas de Londres- algo más de cuarenta aviones de guerra entre "Mirages", "Skyhawks", "Aermacchi", enfilaron, en secuencias sucesivas, al estrecho.
Treinta y cinco "Harriers" intentaron formar una pantalla para proteger a los buques, mientras los buques hacían cuanto podían por defenderse a sí mismos. Los corresponsales de guerra británicos, testigos directos de lo ocurrido, describieron con una mezcla de fascinación y horror, la orgía de estruendo, humo y explosiones rojas que se desencadenó en el estrecho: Eran cortinas incesantes de misiles, disparados desde todas partes; cayeron bombas a izquierda y derecha. "Vi un avión que intentaba deseperadamente librarse de un misil que le perseguía. Desapareció detrás de una colina y luego vi una gran columna de humo. Me dice el capitán que le parece que vio al piloto lanzarse en paracaidas."
Cuando volvió la calma, los dos bandos tenían muchas heridas: una fragata británica "HMS Ardent" estaba a punto de hundirse, veintidos hombres de su dotación estaban muertos y treinta más heridos. Otros cuatro barcos de La Royal Navy habían sido dañados, uno de ellos seriamente. De entre cuarenta y cincuenta aviones de guerra argentinos, Londres aseguraba haber derribado dieciseis: nueve "Mirage", cinco "Skyhawk" y dos "Pucara".
El sábado sería un día de sopesar, pérdidas y analizar tácticas. Los británicos tomaron la bahía de Ajax al otro lado del estrecho de Gratjam e izaron una "Unión Jack" que en días claros podrá verse desde el lugar en que habían izado la primera, desde San Carlos.
Puesto que la violencia habia escalado y ya era la fuerza lo que iba a decidir, las frases de los políticos se hacían por momentos más sonoras. Margaret Thatcher decía que "el valor de nuestros soldados ha traido un nuevo orgullo al país. Por lejos que estén geográfcamente. Solo nos separa de ellos un latido del corazón" Al otro lado del mundo, Buenos Aires insistía en que sólo había cuatrocientos soldados británicos acorralados en San Carlos. Luego dijeron que eran setecientos. Luego subieron la cifra a dos mil. En Londres, el ministro de defensa, John Nott, aseguraba que las tropas "están afanzando posiciones, antes de avanzar" ¿Avanzar hacia dónde? Hacia Port Stanley. El gabinete de guerra no quiere presionar a quienes mandan las fuerzas británicas en el Atlántico Sur. Simplemente se ha asegurado de que sepan que sería conveniente una recaptura lo más rápida posible. Una guerra de desgaste está descartada. Aun cuando las guarniciones de tierra no parece que hayan presentado hasta ahora una resistencia ni siquiera mediana, y únicamente se confirma que verdaderamente Argentina cuenta con una marina cuando su jefe supremo, el almirante Anaya, lanza un discurso encendido, la aviación está probando tener una efectividad y sobre todo, una capacidad de sacrificio terribles.
El domingo volvieron a lanzarse sobre el estrecho. Y luego el lunes. Los británicos se les opusieron con todo: baterias de misiles tierra aire instaladas en San Carlos Harriers, misiles de los buques. Según Londres, en estos días derribaron al menos catorce aparatos argentinos, lo que elevó a treinta las pérdidas de la aviación enemiga entre el viernes y el lunes. Pero los aviones volvieron a hacerle daño. A la fragata "Antilope" se la tragó el estrecho después del ataque del domingo -un hombre murió- y el lunes, el portavoz de defensa reconocía que "varios buques han podido ser dañados". Calcula Londres que, desde el desembarco de las tropas británicas, la aviación argentina ha perdido un tercio de sus efectivos.
Los sicológos de Margaret Thatcher sabían que a trece mil kilómetros de sus bases, los largos días de espera socavarían la moral y la capacidad de combate de sus soldados por muy profesionales que fueran. Había que gritar "Go", adelante, y atacar la yugular del enemigo, Port Stanley, hostigarlo, cercarlo. Los expertos recordaban que en 1942 la guarnición británica de Singapur superior en número a las tropas japonesas se rindió por falta de agua potable.
La acción del 2 de mayo, la recuperación del archipiélago inhóspito 650.000 ovejas y 1.800 habitantes, provocó una reacción en cadena de consecuencias imprevisibles, la puesta a prueba de las alianzas, el sobresalto de las Naciones Unidas, una guerra de nuevo cuño, la vulnerabilidad de los navíos de superficie, la guerra como laboratorio de acción de los misiles controlados por radar. Los estrategas se frotaban las manos. A partir de 1982 habría que revisar los manuales y las teorías de guerra en el mar. "La segunda guerra mundial empezó en Guernica. La tercera ha empezado en las Malvinas" Me decía un observador pesimista.
Lo que yo veía ante mis ojos era una imagen conocida de una mujer aún joven llorando ante la pantalla del televisor: "Mi hijo está allí, no se si me lo van a devolver vivo"
Manuel Lenguineche Buenos Aires
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