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| 6/20/1994 12:00:00 AM

LA GERONTOCRACIA

Con acusaciones de fraude de por medio, como tantas veces en su carrera, Joaquin Balaguer se dispone a convertise en el presidente más anciano del mundo.

SI HUBO O NO FRAUDE EN LAS ELECCIONES presidenciales del lunes de la semana pasada en República Dominicana, su principal beneficiado tal vez no lo sepa. Porque se trata de Joaquín Balaguer, un hombre de 86 años, ciego y enfermo, sin duda el político más viejo del hemisferio occidental y uno de los más tenaces, pues este sería su séptimo mandato obtenido en muchos intentos más.
No es que las acusaciones de fraude le sean ajenas, porque en varias de sus múltiples reclecciones sus márgenes de victoria han sido sospechosamente estrechos. Pero ya es difícil pensar en ese anciano tramando una operación de esa naturaleza. De tal modo que, si lo hubo, habría que buscar a los responsables en la cúpula militar que le rodea, que, según todos los indicios, habría visto con malos ojos la ascención al poder de su contendor José Francisco Peña Gómez, quien no sólo tiene tendencias hacia la izquierda sino que sería el primer presidente negro en un país con un alto porcentaje de población de esa raza.
Balaguer ya tiene, con esas condiciones, un puesto en la historia,porque hace cuatro años, cuando ganó su sexto mandato, ya era un hombre exageradamente anciano como para que nadie pensara siquiera que podría terminar su período. Pero ahora, aún más viejo y más cansado, el sempiterno presidente juega de nuevo con un tiempo que para él parece correr más lentamente.
Adorado por muchos de sus conciudadanos por su estilo paternalista y por su relativo éxito administrativo, su inteligencia parece mantenerse incólume dentro de un organismo que se niega a desaparecer. Nacido en 1907, es doctorado en derecho por la Sorbona de París, y desde muy corta edad ocupó cargos diplomáticos en Colombia y México. Llegó por primera vez al poder como presidente del Consejo de Estado que gobernó al país luego del asesinato del dictador Rafael Leonidas Trujillo, y allí permaneció hasta 1962, cuando fue derrocado por los militares y tuvo que exiliarse en Puerto Rico.
Regresó en 1965, en medio de la guerra civil que siguió al derrocamiento de uno de sus rivales de hoy, el escritor Juan Bosch, y que dio pie a la invasión lanzada sobre el país por el presidente estadounidense Lyndon Johnson. Tras el gobierno interino de Héctor García Godoy, Balaguer, como candidato del Partido Reformista (hoy Partido Reformista Social Cristiano) derrotó en las elecciones de 1966 al propio Bosch, quien abandonó el país durante cuatro años y, a su regreso, fue derrotado nuevamente por el presidente Balaguer, quien se consolidó en el poder por dos períodos más, en 1970 y 1974.
Pero en 1978 fue derrotado por Antonio Guzmán, del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) y de nuevo en 1982, cuando el vencedor fue Salvador Jorge Blanco, del mismo partido de Guzmán.
Las difíciles condiciones en que gobernó Blanco llevaron, sin embargo, a que el viejo estadista volviera por sus fueros, y en 1986, con 79 años de edad, se convirtiera otra vez en presidente. En 1990, enfrentado a otro octogenario, de nuevo Juan Bosch, ganó por un estrechísimo margen, que su rival persiste en considerar un fraude de enormes proporciones.
Balaguer ha sido un aliado circunstancial de Estados Unidos durante muchos años, pero esta vez sú triunfo es un revés más para la política internacional del presidente Bill Clinton. La razón es la pésima relación personal y oficial de su gobierno con el presidente constitucional de Haití (el país con el que comparte la isla de La Española), el sacerdote Jean-Bertrand Aristide. Se dice que Balaguer desprecia profundamente a Aristide, y esa es la razón por la cual la frontera común ha sido la tabla de salvación de los militares haitianos.
Lo cual resulta curioso si se tiene en cuenta que la campaña contra Peña Gómez se basó en la acusación de que este es una especie de haitiano disfrazado que quería fusionar a los dos países. Y eso es más paradójico si se piensa que Balaguer ha sido el único político dominicano que ha ventilado esa idea, en un escrito suyo de los años 40, en el que abogaba por la elección de un presidente común, por la adopción de un a sol a Constitución y por una nacionalidad doble.
Pero Balaguer sabe mejor que nadie que la guerra política es a muerte y todo vale. Hasta querer gobernar bien pasados los 90 años. -
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