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| 3/28/2015 10:00:00 PM

La gran crisis familiar que afecta al gobierno de Bachelet

El escándalo por corrupción protagonizado por su hijo tiene a Michelle Bachelet a la defensiva. Su gobierno afronta su primera gran crisis.

"Chile solo tiene un problema y es la desigualdad”, dijo Michelle Bachelet pocos días después de posesionarse para su segundo periodo como presidenta de Chile. Con un mandato contundente, cifras económicas sólidas y el control de las dos cámaras, parecía tener las mejores condiciones para adelantar su agenda de cambio social. Sin embargo, la llegada del otoño al hemisferio austral ha coincidido para la presidenta con el inicio de una de las etapas más duras al frente de su país, y probablemente también de su vida personal.

Según denunció la prensa, su hijo, el analista político Sebastián Dávalos, y su nuera, la empresaria Natalia Compagnon, solicitaron un préstamo por 10 millones de dólares durante la campaña reeleccionista de Bachelet. Y un banco les habría entregado ese dinero para llevar a cabo un proyecto marcado tanto por los conflictos de interés como por el amiguismo entre el sector público y el empresarial.

La investigación adelantada por la revista Qué Pasa muestra que la pareja quería comprar a través de su compañía –la sociedad Caval Limitada– unas 44 hectáreas de tierra al sur de Santiago, en la provincia de O’Higgins. Un negocio particularmente jugoso por la fuerte demanda de viviendas de lujo en la zona, que a su vez podría ser objeto de un cambio en el plan regulador que eliminaría las restricciones actualmente en vigor por tratarse de un sector rural. En ese sentido, los predios se convertirían muy pronto en suelo urbanizable, por lo que dejarían de venderse por hectárea y comenzarían a comercializarse por metro cuadrado.

El hijo de Bachelet y su pareja, sin embargo, no contaban con el dinero necesario para la compra. Tampoco su empresa. Según trascendió de la investigación periodística, los bancos Santander, Scotiabank, Bci e Itaú rechazaron la solicitud de préstamo por más de 10 millones de dólares efectuada por la sociedad Caval, pues ni siquiera había cumplido dos años de vida, tenía un capital de menos de 10.000 dólares y sus socios no contaban con la solvencia necesaria para respaldar el crédito. En realidad, la empresa de Dávalos y de Compagnon ni siquiera tenía oficinas.

Sin embargo, un día después de la victoria de Bachelet en la segunda ronda de las elecciones, Andrónico Luksic, vicepresidente del Banco de Chile y uno de los hombres más ricos del país, les aprobó el préstamo en condiciones evidentemente privilegiadas. Todo se mantuvo en secreto durante 2014, y el l5 de febrero pasado la sociedad Caval vendió los terrenos por más de 15 millones de dólares, una operación por la que obtuvo una ganancia del 50 %. Y un día después, la citada revista publicó su investigación.

Adicionalmente, a Bachelet le salió esta semana un nuevo escándalo familiar. Según denunció un medio local, su consuegra, Margarita Soto Acevedo, pasó de ganar cerca de 1.100 dólares mensuales cuando llegó a la Secretaría de la Junta Nacional de Jardines Infantiles (la Junji) en enero de 2010, a percibir cerca de 3.500 dólares a principios de este año. En un comunicado, la entidad explicó que la mayor parte de ese monto se debía a las bonificaciones que Soto se había ganado y al ajuste de un incremento laboral efectuado a finales de noviembre.

Sin embargo, aunque las autoridades aún no han establecido si el negocio del hijo de Bachelet y el aumento de sueldo de su consuegra son ilegales, el asunto sí pone en evidencia graves faltas éticas, pues se trata de procedimientos que buscan hacerle el quiebre a la ley y constituyen casos de abuso de posición privilegiada. Y eso, que constituye una injusticia para el ciudadano de a pie, es para la presidenta un golpe brutal desde el punto de vista político. Como le dijo a SEMANA Miguel Ángel López, investigador del Instituto de Asuntos Públicos de la Universidad de Chile, “para la presidenta del trabajo social, del ejemplo y del esfuerzo, su hijo y su círculo familiar representan exactamente lo opuesto de lo que ella proyecta. Y el pueblo chileno ha tomado nota de esa contradicción”. En efecto, en 2015 la popularidad de Bachelet se desbarrancó y hoy se encuentra por debajo del 40 por ciento.

El gobierno trató de desmarcarse del asunto señalando que se trataba de una operación privada que la presidenta desconocía, y con esa respuesta agravó aún más su situación. En efecto pocos le creyeron en Chile pues en el país es ampliamente conocida la cercana relación de la presidenta con su hijo y su nuera, con quienes frecuentemente pasa las vacaciones. Y gran parte de los medios y de la opinión pública registraron que la mandataria reaccionó más como madre que como cabeza del ejecutivo. De hecho, pasaron siete días entre el estallido del escándalo y la decisión de apartar a Dávalos de su cargo de director sociocultural de la Presidencia y Bachelet solo se refirió al asunto dos semanas más tarde. Cuando se decidió, lo hizo en una tensa rueda de prensa, en la que habló con voz entrecortada y aceptó pocas preguntas, que contestó con frases secas y tajantes, muy lejos del tono amable y cercano que la ha caracterizado. No era para menos. Los escándalos de corrupción, que hasta entonces habían sido devastadores sobre todo para la derecha con casos como el de los grupos Penta o la SQM –que financiaron irregularmente campañas políticas–, entraban por la puerta grande a su gobierno.

Todo lo anterior no deja de ser sorprendente, pues sucede en un país que este año celebra el aniversario número 25 del final de la dictadura de Augusto Pinochet, una fecha que no solo marca el regreso de la democracia al país sino también su ascenso como estrella económica latinoamericana. De hecho, Chile y México son los únicos países del área que hacen parte de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde) y sus indicadores socioeconómicos son envidiables, pues en el último lustro esa nación austral registra índices de crecimiento superiores al 5 %, una tasa de desempleo del 6,5 %, un índice de desarrollo humano superior al de muchos países de la Unión Europea, el mejor Índice de Competitividad Global de América Latina y uno de los mejores Índices de Percepción de la Corrupción del mundo, por encima de países como Austria y Francia.

Pero entonces, ¿están equivocados los indicadores que señalan a Chile como un país ejemplar? No necesariamente. Como le dijo a esta revista Camilo Feres, profesor de la Facultad de Gobierno de la Universidad del Desarrollo, “en estos asuntos, los poderes político y económico estuvieron sometidos a un escrutinio exhaustivo y público. Y eso es una señal clara de que estamos frente a una democracia que, más allá de sus innumerables imperfecciones, funciona. La Fiscalía está cumpliendo en un grado tal con el papel que le asignó la ley, que hoy el poder que la creó sufre de ello”. Lo que en plata blanca significa que nadie, comenzando por el hijo de la presidenta, debe usufructuar la cosa pública para favorecer sus negocios particulares.
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