Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 2006/11/25 00:00

La gran marcha

Con sus últimas movidas internacionales, el presidente Hu Jintao está ampliando la influencia global de su país de cara al siglo XXI. Análisis del sinólogo Guillermo Puyana.

El 23 de noviembre el presidente Hu Jintao se reunió con el ministro de Comercio e Industria de India, Kamal Nath. Los dos países acordaron doblar el volumen de su comercio a 40.000 millones de dólares hacia 2010

La diplomacia china del nuevo orden mundial es "omnidireccional" y "pluritemática", como la califican los propios pensadores de la cancillería china. Pero viendo las tendencias, uno podría agregar que además es "multifuncional", o, más precisamente, "multipropósito". No sólo comprende todas las regiones del mundo y está integrada o buscando integrarse a todos los temas de la agenda internacional, sino que busca cumplir metas muy diversas y a veces divergentes entre sí. Pero lo que es claro es que China, de todas maneras, mantiene una visión del poder político del Tercer Mundo en el escenario internacional, sobre todo de los organismos multilaterales.

¿Tercer Mundo? Esa era jerga maoísta, absolutamente desueta en el marco de los novedosos análisis de la política exterior, de los hard powers y los sofá powers de las naciones y las corporaciones. Si bien el discurso y el análisis internacional de China se han sofisticado, merced en parte a la llegada a los Think tanks chinos de política exterior de una elite de académicos formados en el exterior, la visión china del mundo sigue siendo materialista, pragmática y tercermundista. O mejor dicho, China se ve a sí misma como un país emergente y poderoso que lidera y lleva la vocería del Tercer Mundo y cumple un papel de fiel de la balanza y de promotor de multipolarismo, que es donde China percibe que es posible la paz mundial de largo aliento y un nuevo modelo de desarrollo mundial.

Así pues que el discurso tercermundista sigue en la agenda y en el pensamiento chinos. Y eso explica muchos sucesos recientes, pero particularmente la intensificación de los intercambios de alto nivel entre los países de África, América Latina y el sur de Asia

Aunque más justo sería decir: un mayor registro en la prensa mundial de los periplos diplomáticos que altos funcionarios chinos desde el nivel de Vicepresidente hasta el Primer ministro y el Presidente hacen a esas regiones, pero que en realidad han constituido un eje tradicional de la política exterior china. Desde principios de los años 50, en África y Asia se hicieron frecuentes las visitas del ilustre Zhou Enlai, que fueron cada vez más asiduas en la medida en que en África los países obtenían su independencia o se descolonizaban.

Tal vez América Latina fue una excepción. Primero, el área preeminente de la influencia de Estados Unidos no permitió una activa diplomacia china sino a partir de los años 80. En su percepción del mundo, los chinos actúan también con base en un esquema de orden lexicográfico en donde su relación con ciertos países termina matizando la de otros, una triangulación de relaciones bilaterales a escala regional, como lo anotó hace unas pocas semanas Rodrigo Pardo en una conferencia: China mide la intensidad de sus relaciones con América Latina bajo el rasero de su importantísima relación con Estados Unidos. Y mientras más cercano o más hostil sea un país a Estados Unidos, China actuará con tanta más cautela. Eso explica que en cuanto se refiere a América Latina, China haya fortalecido más sus relaciones con países con políticas exteriores más independientes, lo que quiere decir menos determinadas por Estados Unidos o con menos confrontación con este país.

Esta forma de actuar es muy razonable y tiene sólidos antecedentes históricos que la justifican. La recuperación de la representación de China en las Naciones Unidas se sustentó en esa diplomacia "omnidireccional" que incluyó fuertes lazos con África y Asia que sumaban votos hasta romper la alianza de Taiwán apoyada en Estados Unidos. La expansión diplomática de los 80 estuvo dirigida a África y América Latina y hoy, esta región es parte de la idea china del mundo multipolar.

Así es como la diplomacia omnidireccional tiene largas décadas de práctica y lo que ha variado es que aparece tanto en los titulares de los medios internacionales, como en los abstracts de los artículos de los especialistas mundiales. China simplemente se ha vuelto un tema demasiado notorio para ser ignorado en cualquier campo del análisis internacional.

Pero hay que anotar algo inocultable: el poderío económico de China ha elevado las preocupaciones de Estados Unidos y Europa por el incremento de sus inversiones y de su comercio en África, América Latina y el sur de Asia, de donde obtiene materias primas y en algunos casos know how que China requiere para su desarrollo. Frente a los términos de competitividad que ofrece este país, se ha presentado cierto desplazamiento regional de Europa y Estados Unidos a favor de China. Hay quienes anotan que para 2010 China será el segundo socio comercial de América Latina, por encima de Europa.

Hay algo definitivo en este desarrollo de la presencia china en el mundo: no es fruto de la casualidad ni de una coyuntura económica o política, sino el fruto de una siembra largamente cuidada. No hay en este sentido una "emergencia" de la presencia china en el Tercer Mundo.

Como anotaba antes, los periplos diplomáticos chinos tienen una recurrencia anual o semestral con ciertas regiones y países. La reciente visita de Hu Jintao a India no hace más que parte de un modelo de intercambios de alto nivel con ese país. Igualmente se han vuelto recurrentes los viajes a América Latina cada dos o tres años y es de esperar que la frecuencia aumente en los próximos años. En la agenda de la cancillería de Jiayoudai el viaje anual a África del Primer ministro o del Presidente es de los temas que primero se definen.

China, sin embargo, actúa como un gran actor en un mundo de actores fuertes. "We are in the big power diplomacy" dicen los chinos. Y si tenemos en cuenta que la agenda internacional de China es cada vez más compleja y comprehensiva, es inevitable que su gran diplomacia esté definida por su relación con grandes protagonistas. En este orden de ideas, Estados Unidos es la relación más importante de todas; luego, la que sostiene con Japón; después, con Rusia y Europa. En un segundo nivel con India, Pakistán, Asia central y el sureste asiático; posteriormente, con África y finalmente, América Latina.

Esa prelación de intereses explica que mientras con Estados Unidos y Rusia los encuentros de nivel de viceprimer ministro en adelante sean bianuales o trianuales, con África sean sólo anuales. O que con América Latina sean sólo bienales y con Colombia cuatrienales, de aquí para allá, y nada o muy poco de allá para acá.

Curioso, pero por estos días anda de visita en Colombia una delegación de alto nivel del gobierno chino que apenas ha merecido registro en los medios. Así como hace años pasó inadvertida la visita de Hu Jintao a quien lo atendieron en una visita no oficial en las relaciones partido-partido sólo para darnos cuenta de que el personaje pocos años después llevaría las riendas del país que inquiere, encanta y conmociona.

Colombia lleva así el lastre de una diplomacia pobre con Asia y con China en particular. El próximo año, la Cumbre de la Apec tendrá lugar en Lima y los chinos ya están empezando a elaborar el periplo

latinoamericano de 2007. Que Colombia tenga un lugar en esa gira depende en gran medida de su capacidad de comprender las particularidades de la estrategia diplomática de China en el mundo y de elaborar, de una vez por todas, una diplomacia colombiana también "omnidireccional" y "mutipropósito".

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