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| 9/3/1990 12:00:00 AM

LA GUERRA CRUDA

Tensión en el mundo entero por la invasión de Irak a Kuwait.

No había comenzado a amanecer el 2 de agosto, cuando se iniciaron las primeras acciones militares de un drama planteado años atrás. Unos 30 mil hombres del ejército de Irak, equipados con cientos de vehículos de combate y tanques, atravesaron la frontera desértica que separa a su país de su vecino del sur, el minúsculo estado de Kuwait.

Los 20 mil soldados del ejército de Kuwait, muchos de ellos mercenarios extranjeros, trataron de organizar una resistencia encamizada. Pero 12 horas más tarde, los invasores controlaban el aeropuerto, el Banco Central y la mayoría de los edificios gubernamentales. Para las últimas horas de la tarde del jueves, las tropas habían ocupado el Palacio Real de Al-Seif y avanzaban hacia el sur, camino de los estratégicos campos petroleros de Mina al-Ahmadi. En el combate había caído uno de los hermanos del escapado emir Jabed alAhmed al-Sabah.

Los tiroteos protagonizados por algunas bolsas de resistencia, dejaron de oírse pasada la medianoche. Al amanecer del día siguiente, los diarios kuwaitíes dejaron de circular, mientras la agencia de noticias oficial, KUNA, seguía silenciada. La principal emisora de radio y televisión había caído en manos iraquíes, pero dos estaciones clan destinas emitian informaciones y comunicados a nombre del principe heredero y primer ministro, el jeque Saad al-Abdallah. Las tropas iraquíes, se desplegaban abiertamente por toda la ciudad, controlando todas las calles y el cumplimiento del estricto toque de queda, que no permitia ni que los ciudadanos salieran a abastecerse de los productos más indispensables.

En medio de la escandalizada reacción de la mayor parte de los países del mundo, los voceros iraquíes justificaban en la ONU la invasión con el argumento de que sus fuerzas armadas habían intervenido en Kuwait por solicitud de un grupo de jóvenes revolucionarios que pedran apoyo tras derrocar al régimen "ilegítimo y corrupto de Kuwait" y constituir "un gobierno libre"
Ese reclamo fue rápidamente rechazado por diplomáticos kuwaitres en Naciones Unidas, quienes afirmaron que tal versión era una farsa urdida para poner una cortina de humo sobre la invasión. Pero eso no impidió que los iraquíes advirtieran, en palabras que no dejaban espacio para la duda, sobre la seriedad de sus intenciones. En un comunicado oficial de Bagdad, el régimen de Sadam Husein aseguraba que la acción correspondia a un problema interno, y que "Nuestras fuerzas armadas se cerrarán en filas de acero contra aquellos que traten de desafiarnos y convertirán a Irak y a Kuwait en un cementerio para quienes lancen cualquier tipo deagresión."

La invasión provocó la condena unánime del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, y consiguió lo que no se habia visto en cuarenta años: que Estados Unidos y la Unión Soviética emitieran un comunicado conjunto contra un tercer país, que, por otra parte, había sido en el reciente pasado un cercano aliado de la URSS. No en balde la mayor parte de los equipos del monstruoso ejército iraquí es de procedencia soviética, un suministro que, por otra parte, quedó suspendido por orden directa de Mijail Gorbachov.

A pesar de todas las protestas y condenas, lo cierto es que el episodio consolidó, al menos por ahora, la influencia y poder del presidente iraquí Sadam Husein, le convirtió en el lider indiscutido del mundo árabe y, sin duda, en el hombre más temido del medio oriente.

Más en concreto, la invasión de Kuwait alcanzó objetivos estratégicos regionales de la mayor importancia. En sólo 24 horas, las fuerzas de Husein alcanzaron el control de la entrada del golfo Persico, cuyas instalaciones petroleras refinan el crudo consumido por las super potencias industriales. Irak y Kuwait producen una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo.

La invasión se produjo tras el fracaso de las negociaciones que hasta último momento trataron de evitarla. Desde dos semanas atrás, el regimen de Husein había amenazado a Kuwait por una amplia serie de causas. Según los iraquíes, resultaba injusto que mientras ellos se embarcaban en deudas por US$80 mil millones para detener el expansionismo de Irán en una guerra de 10 años, sus vecinos de Kuwait acumularan más de US$100 mil millones en inversiones en el extranjero. De nada pesaba que este último pais le hubiera hecho prestamos por más de US$ 10 mil millones, sin intereses y sin términos concretos de pago, para ayudar a sostener esa guerra.

Lejos de agradecer esa ayuda, Husein sustentaba sus amenazas en la exigencia de que Kuwait le pagara US$2.400 millones que supuestamente había extrardo de pozos fronterizos pertenecientes en realidad a Irak, y la entrega, por lo menos en calidad de arrendamiento, de la isla de Bibiyan, vital para mejorar su acceso al golfo. La posición de Irak fue tan demoledora en la reunión de Ginebra, que a su final, aun antes de cumplir sus amenazas Husein emergió como el hombre clave del mundo árabe.

Ello no se debió solamente a la impopularidad de Kuwait, que no sólo inspira envidia entre los demás árabes por su extraordinaria riqueza, sino que tiene un amplio prontuario de violaciones de los acuerdos de la OPEP, lo que ha mantenido los precios del petróleo en niveles bajos durante los últimos años. La fascinación de Husein en el mundo árabe proviene tambien de sus posiciones belicosas frente a Irán y a Israel, y a la determinación con que ha querido asumir el papel de líder que alguna vez tuvo Gamal Abdel Nasser.

Por eso, los países árabes asumieron una posición cautelosa a la hora de condenar las acciones de Husein. Pasadas 24 horas de la invasión, la OPEP seguía ignorando la invasión, y más tarde sólo se refirió a ella como "la tensión en el golfo Pérsico", para explicar la subida de los precios del crudo, por encima de los 21 dólares acordados la semana anterior en Ginebra.

Esa cautela se notó con mayor nitidez cuando Kuwait solicitó una condena de la Liga Arabe y el apoyo mililar del Consejo de Cooperación del Golfo que es un tratado multilateral de defensa bajo la sombrilla de Arabia Saudita.

No fue una sorpresa para los observadores que ninguna de esas organizaciones se atreviera a actuar, así fuera por las vías diplomáticas, contra Irak. Los ojos se centraban sobre la actitud de los sauditas, quienes han usado parte de su inmensa riqueza petrolera para armar una máquina de guerra ultramodema, con casi 70 mil hombres. Pero Irak tiene listos y en armas más de un millón de hombres debidamente entrenados en la guerra con Irán, posee 5.500 tanques dispuestos, y 513 aviones de combate, entre los que se cuentan no pocos Mig-23 y Mirage F-1.

El dilema de los árabes, sin embargo, empezó a dilucidarse por la fuerza cuando las tropas iraquíes comenzaron a acercarse peligrosamente a la frontera de Arabia Saudita. Las posibilidades de una intervención armada de las potencias occidentales se acrecentaba a medida que la seguridad de las reservas mundiales de petróleo se vieran amenazadas. Todo comenzaba a indica que las sanciones económicas, adoptadas por la mayoría de los clientes de Irak, sólo podrían tener consecuencias a un plazo muy largo como para evita que Husein llegara demasiado lejos.

La convocatoria hecha para el domingo 5 de agosto, para reunir a varios jefes de estado árabes en una ciudad de Arabia Saudita, convenció a muchos de que estos países tienen una percepción completamente distinta de la crisis del golfo, sobre todo si se tiene en cuenta que tanto Husein como el jeque de Kuwait confirmaron su asistencia.

Pero sea cual fuere el desenlace del episodio, los países industrializados de todas las latitudes recibieron un baldado de agua fría. Quedó demostrado que a pesar de la desaparición de la guerra fría el fantasma de una confrontación en gran escala, incluidas armas nucleares y químicas, no ha desaparecido del planeta. Por lo que parece, lo único que ha cambiado es el escenario probable.

MANO AL DRIL
"Irak invadió los bolsillos del mundo". Con esa frase resumió un analista norteamericano las consecuencias de la invasión de Kuwait por las tropas de Irak ocurrida en la madrugada del jueves pasado. Como consecuencia de la misma, los precios del petróleo se subieron más de 4 dólares en sólo dos días, provocando pánico en los países importadores del combustible.

La invasión logró lo que no habían podido hacer incontables reuniones entre los países miembros de la Opep en los últimos años, para incrementar las cotizaciones del crudo. Los petróleos de referencia en el mercado internacional pasaron de 20 a 24 dólares por barril, la mayor cotización desde enero de 1986. Y de prolongarse el conflicto podrían subir mucho más.

Además del impacto que sobre las economías de los países importadores tendrá el alza en las cotizaciones del crudo, la situación repercutirá directamente en los bolsillos de millones de personas de todo el planeta, vía incremento en los precios de la gasolina. Ya varios países europeos anunciaron aumentos en los precios al consumidor. Y lo mismo podría suceder en Japón y los Estados Unidos, que son dos de los mayores compradores de petróleo en el golfo Pérsico.

Para los países exportadores, en cambio, la situación puede ser favorable, aunque nadie se atreve todavía a vaticinar cuánto puede durar la nueva situación. Como lo dijera el presidente de la Empresa Colombiana de Petróleos, Andrés Restrepo, "ningún país puede montar su estrategia petrolera sobre la base de una guerra" .

En el caso de Colombia, sin embargo, es innegable que la nueva situación, de prolongarse, tendría un efecto favorable sobre los ingresos externos del país. Los crudos colombianos, que se cotizan de acuerdo con los precios de la variedad denominada "West Texas Intermmediate", pasaron de un promedio de 18.5 dólares por barril en el mes de julio, a 23.3 dólares el pasado jueves.

A pesar de que Colombia no ha logrado autoabastecerse en materia de derivados, y tiene que importar cerca de 35.000 barriles diarios de gasolina -razón por la cual se ha considerado prioritaria la construcción de una nueva refinería en el país-, la balanza petrolera es bastante positiva y el efecto neto de un aumento en los precios del crudo debe incrementar de manera importante los ingresos externos.

En el primer semestre del presente año los ingresos totales por la venta de petróleo y derivados llegaron a 519 millones de dólares, mientras los egresos por la importación de gasolina fueron de 148 millones. Lo que quiere decir que la balanza fue positiva en más de 370 millones de dólarcs para el país.

Nadie, no obstante, debe cantar victoria. Los efectos de un alza permanente en los precios del petróleo suelen resultar contraproducentes para todo el mundo. Basta recordar los efectos desestabilizadores que para la economía mundial trajeron los dos grandes "choques" petroleros de la decada del 70. Sin contar los factorcs políticos envueltos en una situación como la que vive en la actualidad el golfo Pérsico.
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