Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1985/04/22 00:00

LA GUERRA DE LOS MIL DEMONIOS

Irak e Irán están decididos a no dejar piedra sobre piedra en sus respectivos territorios. He aquí cómo y por qué.

LA GUERRA DE LOS MIL DEMONIOS

La guerra Irán-Irak toma nuevo brío. Un brío por demás inusitado que amenaza opacar anteriores enfrentamientos: bombardeos a ciudades, rumores de una guerra química que emprendería o continuaría ahora Irak, misiles de tierra atacando a Bagdad. En el frente, la batalla de los pantanos de Howeizah en donde los iraníes intentan cortar la ruta que une a Bagdad con el sudeste del país, se perfila desde ya como una de las más sanguinarias desde que se iniciara el conflicto en septiembre de 1980. Según Irán, seis días de combate habrían resultado en 12.000 muertos o heridos y 3.000 prisioneros irakíes. Por su parte, Irak habla de 15.000 iraníes muertos en solamente la jornada del sábado 16 de marzo. Los combates aéreos no han sido menos violentos ni costosos: lo que los periodistas han llamado la "Guerra de las Ciudades" entra ahora en su tercera semana e incluye ya siete ciudades bombardeadas al norte de Teherán entre ellas Ispahn y Tabriz, segunda y terceras ciudades de Irán. Durante la ultima semana tres explosiones tuvieron lugar en Bagdad provocadas según el gobierno del Ayatolah Khomeini por sus misiles de tierra. El ministro de Guerra anunciaba en días pasados en Teherán que estas explosiones habrían de continuarse hasta que Bagdad no sea mas que un conjunto de ruinas o hasta que Irak cese sus ataques contra ciudades y objetivos civiles en Irán. A la advertencia sin embargo siguieron los bombardeos a Bousghir, Ardebil, Karand el Gharb y Khorramshar. El gobierno irakí además, dejó saber el fin de semana pasado a las compañías occidentales de aviación que no garantizaba respetar los vuelos comerciales sobre Teherán debido a dificultades para distinguir a tiempo las diferentes máquinas. El lunes 18 Lufthansa, Swissair, British Airways y la Turkish Airlines anunciaban el cese de sus vuelos en Irán hasta nueva orden. El gobierno de Khomeini ha reaccionado al declarar que este intento por bloquear el espacio aéreo iraní sólo puede contribuir a acrecentar la tensión en la región que pronto puede verse afectada así en su totalidad.
El riesgo de una extensión del conflicto se hace sentir en el mundo árabe. Un ir y venir de los ministros del área ha reforzado los contactos en busca de un cese de hostilidades. Sin embargo al mismo tiempo, rompiendo el hielo que había caracterizado las relaciones entre Egipto e Irak desde que el primero firmara el acuerdo de paz con Israel, en 1979, el jefe de gobierno irakí, Sadam Hussein se entrevistaba con su homólogo egipcio y con el rey Hussein de Jordania con el objeto de discutir las necesidades de armamento de Irak.
Un posible restablecimiento de las relaciones Irak-Egipto no es solamente fundamental para Bagdad,sino que El Cairo se muestra interesado por sus propias razones, temeroso del avance de los soldados de la revolución islámica shiita ya que en este momento se encuentran combatiendo al lado de Irak 10.000 voluntarios egipcios y es muy probable que las discusiones que tienen lugar ahora entre ambos países, incluyan el tema de refuerzos no sólo de armas sino también de hombres.
Así, por primera vez desde que se iniciara esta guerra, la implicación directa de los demás países del golfo está claramente expuesta sobre la mesa. De su parte, Irak ha dejado saber al Primer Ministro hindú, presidente de los países No Alineados, que está listo a parar los ataques a las ciudades iraníes si Irán opta por un arreglo global del conflicto. Pero observadores han descartado ya varias veces esta posibilidad. En primer lugar porque Irán no puede en este momento renunciar al cobro de daños que reclama a Irak por haber iniciado éste el conflicto. Y después, porque frente a un pueblo agotado y que da cada vez más muestras de desilución y de rechazo, Khomeini parece poco dispuesto a pactar y negar así el carácter mesiánico de su empresa. En cuanto a esperar que el agotamiento de alguno de los dos bandos permita poner fin al conflicto, los analistas se muestran también bastante pesimistas. La "neutralidad oficial" de las superpotencias ha terminado por establer un balance tal entre los ejércitos irakíes e iraníes que estos pueden seguir matándose los unos a los otros sin que la relación de fuerzas cambie un milimetro.
Al parecer, una vez superado el pánico y visto que el mercado del petróleo no estaba siendo especialmente afectado por la guerra, las grandes potencias se han dedicado más bien a guardar su posición manteniendo en lo posible una delicada amistad "con Dios y con el diablo". Hasta el momento la Unión Soviética parece estar sacando el mejor bocado. Apoyando abiertamente a Irak, de quien es el mayor proveedor de armamentos, la URSS ha logrado guardar su puesto entre los países más moderados y pro irakíes. Al mismo tiempo, viene ofreciendo armamento a Irán de manera indirecta a través de Corea del Norte Siria y Libia. Moscú mantiene su lugar de honor entre los más radicales.
La señal que enviara Kuwait a Washington el año pasado cuando firmara un contrato de 300 millones de dólares en armas con la URSS, no puede ser más clara: los países árabes intentan diversificar sus proveedores encontrando en la dependencia exclusiva de Estados Unidos una posición demasiado vulnerable. Para los grandes, el juego se muestra claro: mientras estos dos países subdesarrollados se desangran hay que mantener la balanza y garantizar las mejores relaciones posibles con el eventual vencedor.

ORIGENES E IMPLICACIONES DE ESTA GUERRA
Toda guerra es un absurdo, sin embargo la que sostienen Irak e Irán, dos países subdesarrollados, islámicos con regímenes que se dicen de izquierda, excede el calificativo. Se trata de una de las más sangrientas y masivas confrontaciones donde los bandos apelan a cualquier cosa: guerra química (por parte de Irak contra Irán), bombardeo de áreas civiles (por parte de Irán contra Irak). Los cálculos recientes de Irak indican que desde el 11 de marzo último 27.200 iraníes han sido muertos, de los 100 mil que movilizó desde esa fecha, lo que trae a mente de los observadores las cifras de las batallas más sagrientas de la historia: la de Verdún en 1916, en la que murieron 350 mil franceses y 280 mil alemanes entre febrero y junio de ese año, y la batalla de Moscú en 1941-42, en la que las tropas soviéticas liquidaron a más de medio millón de soldados oficiales de Alemania nazi.
La guerra Irak-Irán comenzó en septiembre de 1980 cuando Sadam Hussein, presidente de Irak, invadió a Irán y bombardeó masivamente las principales ciudades iraníes. El régimen baasista de Bagdad intentaba con ello imponer una revisión al acuerdo fronterizo sobre el canal de Shatelarab, concluido entre Irán e Irak en tiempos del sha y favorable a éste, después de una guerra. Al mismo tiempo -y esa fue su motivación de fondo- el Partido Baas irakí intentaba propinar un golpe político al proceso iraní. Hussein temía que la revolución shiita se extendiera a su propio país (ya se habían dado muestras de agudo descontento de la población irakí -de creencias shiitas como las masas iraníes- con ese régimen). Hussein, apoyado política y militarmente por la monarquía saudí, por los Estados del Golfo, por la monarquía jordana y el Egipto de los Sadat-Mubarak, calculaba que tal invasión conduciría a una rápida caída de Khomeini, dado el desorden interno del ejército iraní tras el derrocamiento del sha y al surgimiento de Irak como el nuevo gendarme en la región. Washington, quien apoyaba esa perspectiva, envió una de sus flotas navales al Golfo Pérsico en tácito apoyo a Hussein. Francia poco después también se sumó a ese bando. La URSS, que había suspendido su apoyo militar a Irak para no enemistarse con Teherán, reanudó sus suministros de armas a Irak en 1982. Lejos de caer, el régimen de Khomeini logró resistir la invasión y expulsar a mediados de 1982 las tropas irakíes, quienes perdieron la iniciativa militar desde entonces.
Pero el empleo de métodos feudales y terroristas por parte del gobierno del Ayatolah contra las capas descontentas del país y las minorías nacionales especialmente contra los autonomistas kurdos. ha venido debilitando la resistencia contra Irak, y reduciendo el impulso inicial hacia la formación de un ejército de 20 millones de personas con la activa cooperación de las shoras (comités populares). Desde el punto de vista de equipo militar, hoy Irán es inferior a Irak. De la poderosa aviación militar del sha sólo quedan activos 95 aparatos por escasez de repuestos (Irak tiene 580) y sólo dispone de 1.050 tanques contra 4.500 de su enemigo. Aunque Teherán dispone de mayores reservas monetarias y sus exportaciones de petróleo han sido menos castigadas por la guerra que Irak, tiene más dificultades de abastecimiento militar por lo que se ha visto obligado a comprar repuestos al mismo Israel, enemigo jurado de Irak. También recibe suministros de la URSS a través de Corea del Norte, Siria y Libia.
Irán cuenta con mayor número de combatientes. Dispone de un ejército de tres millones de efectivos, frente a los 650.000 de Irak, lo que le permite absorver mejor sus cuantiosas pérdidas en vidas humanas, aunque sus oleadas militares que tratan desde el 13 de julio de 1982 tomar Bassora, la segunda ciudad irakí, y cortar su comunicación con Bagdad, (la primera gran oleada humana fue lanzada en febrero del año pasado y la segunda ahora) han sido detenidas por los misiles tierra-tierra y la aviación de Irak. Teherán ha declarado que sus objetivos de guerra son derrocar el régimen del Partido Baas de Hussein, favorecer el establecimiento de un nuevo régimen islámico en Irak, obligar a Bagdad a pagar reparaciones de guerra por valor de 100 mil millones de dólares y "despejar el camino para poder converger con la guerra palestina y libanesa contra el Israel sionista". No obstante, hay indicios de que entre Khomeini y el partido de gobierno en Irán, el Partido de la Revolución Islámica (PRI), existen diferencias sobre tales objetivos. Los opositores de esta guerra aducen que ella dispersó los regimenes árabes frente a Israel en momentos en que Irak pudo haberse movilizado en defensa del Líbano y de los palestinos.

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