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| 10/9/1989 12:00:00 AM

LA GUERRA DEL FIN DE SIGLO

Dudas sobre el éxito del plan de Bush contra las drogas.

Las vacaciones no tuvieron un final tranquilo. Nadie, ni siquiera George Bush, pudo dormir bien con una expectativa de esa importancia. Al fin y al cabo, recién desempacado de su descanso en la casa paterna de Kennebunkport, en Maine, el presidente de Estados Unidos tuvo que concentrarse en la puesta a punto de su iniciativa más importante desde que asumió el poder. Un asunto clave en el que su capacidad de liderazgo y hasta su lugar en la historia estaban en juego. La lucha contra "la mayor amenaza actual para la nación", segun sus propias palabras. La batalla contra el tráfico de drogas.
Eso explicó que el presidente no perdiera un minuto desde su llegada el domingo en la tarde a la Casa Blanca, para comenzar un rosario Interrumpido de reuniones con expertos, asesores, miembros del Congreso, jefes de asociaciones cívicas y funcionarios de los organismos de seguridad. Sólo una persona estuvo a su lado en todas las reuniones: el llamado zar de la lucha contra las drogas, William Bennett, a quien se atribuye la concepción general del proyecto.
El martes, día de la presentación, Bush tampoco perdió tiempo para ensayar hasta tres veces, con la ayuda de Roger Ailes, su asesor de imagen en la campaña, la presentación televisada de una alocución que había sido sometida a multiples revisiones.
De ahí que la aparición del presidente ante 250 millones de norteamericanos tuviera un efecto teatral. Con una bolsa de "crack" en la mano, Bush advirtió, tajantemente y en tono de urgencia, que las drogas eran "la amenaza más fuerte que hemos enfrentado en décadas", un problema que "está destruyendo nuestra fortaleza como nación".
Al final, los observadores subraya ron dos aspectos fundamentales de la nueva política antidroga. El reconocimiento de que es necesario atacar de raíz el consumo de cocaína y el giro estratégico para poner el foco de la lucha más en las calles de las ciudades que en las fronteras del país.

PENA DE MUERTE
En su discurso, Bush presentó los cuatro elementos fundamentales de su plan. Primero, el incremento de presupuesto en el área de represión policial y la aplicación de penas más severas para los involucrados en cualquiera de las fases de comercio ilícito segundo, la escalada de la ayuda internacional a los países productores Colombia, Peru y Bolivia; tercero, la creación de más centros de asistencia para los adictos, y cuarto, el incremento de los fondos destinados programas escolares y comunitarios dirigidos a ayudar a que los jóvenes "rechacen las incitaciones a consumir drogas".
Sobre lo primero, el presidente dijo que duplicaría la ayuda federal para las organizaciones policiales de nivel local y estatal en su lucha contra las drogas. Conjuntamente con ello, el presidente garantizó a los norteamericanos que tendrían barrios seguros libres de drogas, para lo cual anunció un nuevo sistema de penas para esos delitos. "Hemos oído historias de vendedores de droga que son arrestados una y otra vez, pero nunca castigados. Bueno, aquí las cosas han cambiado. Si usted vende droga, será atrapado. Y cuando sea atrapado, será juzgado. Y pasará un tiempo en la cárcel. Atrapado, juzgado, castigado".
En lo segundo, el frente internacional, el plan triplica, para llegar a US$261 millones, el monto de ayuda militar y policial para los países productores, en primer lugar Colombia.
Ese, sin embargo, será sólo el comienzo de un programa quinquenal de US$2 mil millones, "para contrarrestar a los productores, los traficantes y los contrabandistas". En un aparte especialmente significativo, Bush mencionó el asesinato de un estadista - en clara alusión a Luis Carlos Galán - y de más de 200 jueces en Colombia. "Ustedes y yo, dijo, estamos de acuerdo con el valiente presidente Virgilio Barco, quien dijo que, si los norteamericanos consumen cocaína, están pagando por los asesinatos. Los usuarios norteamericanos de cocaína necesitan entender que nuestra nación tiene cero tolerancia para el uso eventual de la droga. Tenemos la responsabilidad de no dejar a nuestros bravos amigos colombianos solos en la lucha".
Algunos días más tarde, cuando se conocio la carta que el presidente Barco le envió para pedirle su apoyo en la reactivación del Pacto Cafetero, muchos observadores colombianos se referirían a ese aparte del discurso de Bush. Para ellos, una respuesta favorable de la Casa Blanca a la petición colombiana, que evitaría perdidas desastrosas para el país, sería un medio de concretar el apoyo a Colombia y de no dejar solos a los colombianos.
Pero al final de la semana aun no se conocían reacciones al respecto.
Sea como fuere, luego de anunciar el acuerdo con Barco sobre la celebración de una cumbre antidroga con los países productores y su pedido al Congreso para que ratifique la convención de las Naciones Unidas contra los narcóticos, Bush se dirigió directamente a los narcos. "Nuestro mensaje para los carteles de la droga es el siguiente: las reglas han cambiado. Ayudaremos a cualquier gobierno que quiera nuestra ayuda. Cuando se solicite, pondremos a disposición los recursos apropiados de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Detendremos el flujo de quimicos usados en el proceso de las drogas. Buscaremos y pondremos en práctica acuerdos internacionales para rastrear el dinero de la droga hasta los financistas y testaferros. Y esposaremos a esos lavadores de dinero, como a cualquier vendedor callejero. Y para los reyes de la droga, la pena de muerte".

¿DESBALANCE?
Las dos ultimas partes se refirieron al tratamiento contra la adicción y a la prevención del consumo. Para lo primero, anunció un incremento de US$322 millones en el presupuesto federal. Para lo segundo, el aumento ascendió a US$250 millones, destinados a programas escolares y comunitarios de prevención. "Cada escuela y cada universidad - y cada sitio de trabajo - deberán adoptar rígidas, pero justas politicas, contra la droga. Aquellos que no adopten esas politicas, no conseguirán fondos federales. Punto".
En el balance, casi el 70% del paquete presupuestario se dirige hacia la represión, que incluye espacio adicional en las cárceles para acomodar el flujo de nuevos reclusos. Esa proporción fue precisamente una de las fuentes de críticas al plan que, principalmente desde el lado demócrata, comenzaron a oírse no bien terminada la exposición del programa.
La más importante de esas críticas consistió en que el presidente mantuvo una línea que ha demostrado ser un fracaso desde el gobierno de Richard Nixon. Bush rechazó de hecho la idea sostenida por varios congresistas demócratas y por expertos en el abuso de drogas, para quienes el énfasis principal no debe ser atacar el suministro de las sustancias, sino la prevención y el tratamiento. Pero además, por astronómicas que parezcan, las cifras involucraradas fueron consideradas insuficientes. Segun otros, el programa reconoce en su integridad que el consumo de drogas tiene su fondo en los problemas de la sociedad norteamericana.
Esas causas raizales hacen que muchos piensen que, antes que construir más prisiones, "la estrategia debería haber previsto más programas de alfabetización, mayor ayuda a organizaciones de apoyo a las familias y mayores esfuerzos para luchar contra la pobreza".
Insuficiente y todo, el plan de Bush fue bien recibido en amplios sectores de la sociedad norteamericana, así su mayor novedad sea el reconocimiento oficial de que los usuarios tienen gran parte de la responsabilidad por el problema. Pero, aun en el mejor de los casos, la movilización contra las drogas deberá atravesar aun el cuello de botella de la descoordinación de las agencias gubernamentales que, de una u otra forma, intervienen en el combate contra el flagelo del narcotráfico. Esa fue una de las razones para la creación del puesto de William Bennett como zar de la lucha antinarcóticos. Pero muchos dudan del éxito de su esfuerzo, pues carece de instrumentos legales para obligar a entidades tan disímiles como el Departamento de Estado y el servicio de aduana a actuar bajo su batuta. Junto a ellos, el Pentágono, el servicio de guardacostas, el Departamento de Justicia, tienen todos una diferente concepción del problema y, ciertamente, hay celos entre ellos. Por eso Bush hizo tanto énfasis en la necesidad del trabajo de equipo.
Pero la magnitud del problema, y sobre todo el grado de dedicación que le reserve el propio presidente, podría ser la clave. Por lo pronto, como dijo un congresista republicano, "solo falta esperar, luchar y orar".
LA ESTRATEGIA EN POCAS PALABRAS
.Objetivo: Reducir el consumo en un 10$% en dos años y el 50% en diez.
.Costo: US$7.900 millones en 1990. Lo propuesto anteriormente era US$5.900 millones.
.Medios: Mayor represión, penalización y educación. Más énfasis en vendedores callejeros, usuarios casuales y traficantes intermediarios.
.Ayuda exterior: Para reducir las importaciones de cocaína y marihuana, entrega US$260 millones a los gobiernos de Colombia, Perú y Bolivia.
.Compromisos de cada Estado: Adoptar medidas estrictas, incluida la revocación de la licencia de conducir de los usuarios de drogas.Agregar fondos estatales a los federales.Establecer formas de ayuda a los adictos.
.Ciudadanos particulares: Crear un Cuerpo Nacional de Prevención contra las Drogas.
.Sector privado: Establecer la obligación de hacer pruebas sobre uso de drogas en el lugar de trabajo.
.Escuelas y colegios: Requerir a los centros educativos el establecimiento de programas de prevención como requisito para recibir fondos estatales. Negativa de becas para usuarios de drogas.
.Prisiones: US$1.600 millones para construcción de nuevos establecimientos carcelarios.
.Sector judicial: Aumento del numero de juzgados y US$250 millones adicionales para funcionamiento.
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