Jueves, 19 de enero de 2017

| 2010/05/31 00:00

La guerra sin fin

Desde 1953 existe la amenaza de que se reactive el conflicto que casi conduce a la tercera guerra mundial. Esta semana ese peligro llegó a nuevos niveles.

Una investigación internacional concluyó que detrás del ataque que hundió al buque surcoreano Cheonan estaría el régimen del dictador norcoreano Kim Jong Il.

Las imágenes del jueves pasado confirmaron el preocupante escenario de tintes prebélicos entre los dos países que comparten la frontera más militarizada del planeta. Ese día, la Marina de Corea del Sur mostró los dientes a su vecino del norte, con un ejercicio de maniobras militares que involucró una decena de buques y un destructor de 3.000 toneladas. Ese despliegue llegó después de una semana de creciente tensión en la península coreana por cuenta del reciente ataque a un buque del sur.

El 26 de marzo, el buque Cheonan navegaba cerca de la disputada frontera marítima entre los dos Estados, cuando una explosión lo partió en dos, lo hundió y mató a 46 marinos surcoreanos. Seis semanas después, el 20 de mayo, la comisión de expertos internacionales encargada de investigar los hechos anunció que se trataba de un torpedo norcoreano.

Desde ese momento, la situación ha escalado con rapidez. Desde su capital, Seúl, Corea del Sur suspendió el comercio con su vecino, exigió una disculpa y anunció que pensaba llevar el tema al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, además de volver a referirse al régimen basado en Pyongyang como su "principal enemigo", una etiqueta que había abandonado desde 2004, y amenazar con volver al sistema de altavoces para transmitir propaganda anticomunista desde la frontera.

La jefa de la diplomacia estadounidense, Hillary Clinton, visitó Seúl y expresó su decidido apoyo al sur. "Esto fue una provocación inaceptable de Corea del Norte, y la comunidad internacional tiene la responsabilidad y el deber de responder", aseguró. Al cierre de esta edición se esperaba que Washington y Seúl intentaran convencer a China de sumarse a la condena. El gigante asiático, con derecho a veto en el Consejo de Seguridad, es el único país que tiene alguna influencia en el régimen norcoreano, pero hasta el momento no ha aceptado la culpabilidad de Norcorea y ha dicho que está examinando la información.

Pyongyang, por su parte, ha negado cualquier responsabilidad, anunció que rompía todas las relaciones con el sur y que dispararía contra los altavoces, sin importar que estuvieran del otro lado de la frontera. También amenazó con expulsar a los trabajadores surcoreanos de un complejo industrial conjunto y abandonó un acuerdo que pretende prevenir choques accidentales en las aguas disputadas.

Los observadores coinciden en que es el enfrentamiento más grave entre ambos países desde hace más de 20 años, aunque las dos Coreas permanecen técnicamente en guerra desde el fin del conflicto bélico que tuvo lugar entre 1950 y 1953. En muchos sentidos se trata de la última frontera de la Guerra Fría.

La división de la península coreana se remonta al final de la Segunda Guerra Mundial, cuando, después de 35 años de ocupación japonesa, Estados Unidos y la Unión Soviética intervinieron y dividieron la península por el paralelo 38. En 1948 se proclamaron dos Estados: la capitalista República de Corea, en el sur, y la comunista República Popular Democrática de Corea, en el norte. Después, en 1950 la segunda invadió a la primera y desató el mayor conflicto de la Guerra Fría. Corea del Sur, apoyada por Estados Unidos y una fuerza internacional de la ONU, incluido un batallón colombiano, lucharon contra los norcoreanos, apoyados por China y la Unión Soviética, durante tres años. En 1953 se firmó un armisticio con las posiciones de los contendientes, no un tratado de paz, por lo cual en términos estrictos la guerra sigue sin resolverse.

Por más de medio siglo, el norte comunista ha vivido preparado para ir a la guerra en cualquier momento. Kim Jong Il sucedió en 1994 al fundador del Estado, su padre Kim Il Sung. El régimen vive en un permanente estado de paranoia alimentado por una doctrina nacional de corte estalinista llamada Juche, que privilegia por sobre todo a las fuerzas armadas, en una población permanentemente amenazada por el hambre. Kim siempre ha sostenido que su país está bajo amenaza de invasión y considera al gobierno de Seúl un títere de Washington.

En ese contexto, Pyongyang no reconoce oficialmente la frontera marítima, conocida como la línea limítrofe del Norte. Esa zona ha sido escenario de varios enfrentamientos navales y fue allí donde se hundió el Cheonan.

La situación es alarmante, pero no tan novedosa. "Por su similitud con choques anteriores, pienso que el incidente se ha magnificado. En junio de 1999 hubo un mayor incidente en el mismo lugar en el que murieron 30 norcoreanos. En 2002 ocurrió otro que acabó con la muerte de 13 norcoreanos y 16 surcoreanos. Nadie estableció quién empezó en 1999 o 2002. Todos los bandos militares saben que el límite norte fue establecido unilateralmente por Washington y Seúl, así que el Cheonan estaba en aguas en disputa", explicó a SEMANA Bruce Cumings, experto en las dos Coreas, de la Universidad de Chicago.

El problema es que el desafiante régimen norcoreano es impredecible y nada asegura que de nuevo el asunto se resuelva por las buenas. De hecho, ni las amenazas internacionales lograron impedir que se convirtiera en 2006 en el más nuevo miembro del club de poderes nucleares. Y como nadie sabe con exactitud cuál podría ser el cálculo detrás del ataque al Cheonan, se barajan muchas hipótesis. Algunos observadores le apuntan a que Kim quería vengar un incidente de hace un año en el que murieron dos marinos norcoreanos. Otros creen que trata de unir al país después de que una reforma a la moneda produjo protestas en las calles, algo inaudito en otras épocas. Y una de las interpretaciones más extendidas, aceptada en Washington, es que el incidente estaría relacionado con la compleja sucesión que se abre paso en Pyongyang, pues Kim sufrió un ataque hace pocos años y se especula que su salud está muy deteriorada después de una vida de excesos.

Lo cierto es que este incidente parece ser el portazo definitivo a la sunshine diplomacy (diplomacia del sol) con la que el sur trató de aproximarse en los últimos 10 años al norte, con la mira puesta en la posibilidad de que el país se reunificara. A grandes rasgos, esta política asumía que la mejor manera de tratar con el régimen de Pyongyang era promover contactos entre los dos países, y por eso se organizaron las emotivas reuniones entre familias separadas durante la guerra de Corea, se establecieron numerosos proyectos de inversión en el norte, como el parque industrial Kaesong, e incluso se organizó la histórica primera cumbre entre los dos países en 2000.

Pero los acercamientos se enfriaron cuando llegó al poder en 2008 el actual presidente surcoreano, Lee Myung-bak, y llegaron a su fin en 2009. Ese año Pyongyang dijo que abandonaba el armisticio que puso fin a la guerra de Corea, después de que la ONU le impuso sanciones tras una prueba nuclear.

Así las cosas, Seúl y sus aliados se enfrentan al ya conocido dilema de buscar nuevas sanciones contra Pyongyang, que en realidad terminan por golpear a los empobrecidos y oprimidos norcoreanos. Y en un eventual desplome del régimen del norte, como temen muchos observadores, esa coyuntura histórica llegaría con las dos Coreas más enfrentadas que nunca. Y una fiera es siempre más peligrosa cuando está herida de muerte.

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