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| 8/26/1996 12:00:00 AM

LA HISTORIA SE REPITE

Burundi sigue los pasos de su vecina Ruanda, a punto de vivir un capítulo más del sangriento enfrentamiento entre tutsis y hutus.

Todo el mundo sabía qué iba a pasar en Burundi, pero ignoraba la fecha. Esa pregunta quedó contestada el 24 de julio cuando, durante el funeral de 340 miembros de la etnia tutsi,la turba intentó linchar al presidente Sylvestre Ntibantunganya. El mandatario de origen hutu se vio obligado a salir corriendo y se refugió en la casa del embajador estadounidense. La minoría tutsi dio un golpe de Estado, apoyándose en su control de las fuerzas armadas. En medio de los comunicados exigiendo el restablecimiento del orden constitucional, Pierre Buyoya se declaró presidente. De esta manera esta nación habitada mayoritariamente por hutus , quedó sumida en el caos. No fue una casualidad que Estados Unidos, la Unión Europea, algunos países africanos y la Organización de Naciones Unidas ONU condenaran el golpe. Habían advertido que no dudarían en tomar acciones como el aislamiento o la intervención armada, si un hecho como ese ocurría. El desafío radica en cómo pasar a la acción. Los observadores ven poco probable que los gobiernos europeos y norteamericano envíen sus tropas a esa región. Una alternativa sería que soldados africanos apoyados militar y económicamente por la ONU se movilicen a la zona. A diferencia de Ruanda, en este caso la paz ya se ensayó. El ex presidente tanzanio Julius Nyerere ha intentado negociar con las etnias. Occidente ha colaborado con ayudas económicas y con la designación de negociadores, como Jimmy Carter. Esos esfuerzos no lograron mayores avances a pesar del interés del gobierno de Burundi. La coalición moderada de las dos etnias fue incapaz de someter a los extremistas. Los hutus organizaron un grupo insurgente, el Consejo Nacional para la Defensa de la Democracia _CCDD_. Del otro lado los tutsi utilizaron las fuerzas armadas como un instrumento para atacar a sus rivales. Los extremistas terminaron con el entendimiento de la coalición. Esta se acabó cuando, la Unión por el Progreso Nacional (Urona, partido político de los tutsis) dijo que ya no consideraba a Ntibantunganya presidente. Estaban convencidos de que él apoyaba al CCDD. Pero los hutus también estaban descontentos: acusaban a Ntibantunganya de ceder a las presiones tutsis. Con esas declaraciones quedó sepultada una coalición que gobernó durante 22 meses, lapso en el que murieron 150.000 personas. El mandato compartido fue instaurado luego del asesinato del presidente Cyprien Ntyariamira que pereció junto con su homólogo ruandés, Juvenal Habyarimana cuando su avión fue derribado. El fue el segundo mandatario de origen hutu ultimado. En 1993 se realizaron las primeras elecciones en Burundi, que ganó Melchior Ntaryamira sobre el dictador Pierre Buyoya. Su mandato duró cuatro meses, en octubre fue asesinado por soldados tutsis. Al regresar al poder, Buyoya prometió que detendrá las masacres. Tratará de poner fin a cuatro siglos de odios, surgidos en 1600 cuando los tutsis sometieron a los hutus. Esa dominación fue posible gracias al apoyo que los tutsis recibieron de los colonos belgas, éstos se ganaron la simpatía de los europeos por su físico: eran altos, esbeltos y guapos. A pesar de las palabras de Buyoya y de que la crítica lo califica como tutsi moderado, lo más probable es que la comunidad internacional nunca lo reconozca como mandatario. Para Occidente lo que ha ocurrido en Burundi no es un asunto de poca monta, y lo más seguro es que intervengan, pues el recuerdo de Ruanda aún está muy fresco.
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