Lunes, 23 de enero de 2017

| 1984/09/24 00:00

LA HORA DE HONECKER

Aunque Moscú tiene reservas, la RDA quiere fortalecer sus relaciones con Alemania Federal

LA HORA DE HONECKER

Los efectos políticos del emplazamiento de los misiles norteamericanos y soviéticos en los territorios germano-federal y germano-oriental han ido mucho más allá de las meras manifestaciones callejeras de los pacifistas en ambos territorios. A 16 años de la invasión soviética a Checoslovaquia y a dos años y medio del aplastamiento de la revolución política en Polonia comienza a hacerse evidente en estos momentos un fenomeno político que podría llevar a un nuevo cisma en Europa del Este; los dirigentes de la República Democrática Alemana (RDA), el mayor aliado de la URSS en el viejo continente, parecen estar dando pasos serios para estrechar las relaciones con Alemania Federal por encima de las críticas que a esta tendencia vienen expresando los líderes del Kremlin.
Este asunto comenzó a hacerse público a finales de julio pasado cuando Pravda, el órgano central del Partido Comunista soviético, lanzó un fuerte ataque editorial al gobierno de Bonn por pretender "avasallar" a la RDA desde el punto de vista político y económico. Días antes, la banca germano-occidental había concedido un préstamo a la RDA por 350 millones de dólares, similar a uno que había concedido, por 400 millones de dolares, el año pasado. Esta vez, el último empréstito vino aparejado de un anuncio de las autoridades de Alemania Democrática que llamó la atención de Moscú: que liberalizaría varias normas sobre viaje de personas entre ambas Alemanias para hacer más flexible la política de emigración que, durante el primer semestre de este año, ya ha hecho posible el traslado de 27 mil alemanes orientales a Occidente. Otra medida de la RDA que aparentemente molestó a los soviéticos fue la posibilidad de introducir literatura occidental a Alemania Democrática, lo que según Pravda permitiría a Alemania Federal "intensificar el diversionismo ideológico contra la RDA y el campo socialista".
La respuesta germano oriental, aun que sutil, no ha sido ambigua: al día siguiente del editorial de Pravda, el mayor diario de la RDA, Neues Deutschland, reprodujo el editorial de una revista sindical de Hungría en el que se elogiaba directamente la politica de acercamiento de Alemania Democrática a Alemania Federal, calificándola de "aporte al mantenimiento de la paz". Además, en su editorial, el citado diario fue más directo y ensalsó la política gubernamental de Berlín recordando que la responsabilidad de los dos Estados alemanes en el mantenimiento de la paz era "de ambos" y deslizó una frase sobre independencia política que, según los entendidos, tenía pocos antecedentes en la RDA: "Ambos Estados alemanes son autónomos y soberanos en sus decisiones y actividades políticas".
La prensa germano occidental salió también al debate haciendo las frases más punzantes contra la URSS. El diario Frankfurter Allegemeine Zeitung afirmó que la RDA "ya no está su bordinada a la Unión Soviética ni forzada a seguir la linea y acatar órdenes" y que, en cambio, tiene "intereses nacionales" que deberán "ser considerados seriamente y respetados por el poder principal del Este"
Pero no se trata -como pudiera creerse- de una situación inflamada por la prensa de Occidente. Erich Honecker, el jefe de gobierno de Alemania Democrática sí viene haciendo esfuerzos, desde el emplazamiento de los misiles nucleares, para diseñar una política exterior más audaz y autónoma, abandonando un tanto su tradicional postura de obediencia incondicional a las directrices moscovitas, que le valiera el apodo de "provinciano" por parte de algunos observadores europeos. En estos días es pues común oír hablar de la "westpolitik de Honecker" dado el interés del líder de la RDA por trazar una línea diplomática de acercamiento a los países de Occidente, emulando así con la "ostpolitik" promovida a comienzos de la década de los 70 en la RFA por el canciller socialdemócrata Willy Brandt, de acercamiento a los países socialistas.
Esta nueva actitud de Honecker, tiene como objetivo primordial llegar a una "política de seguridad mutua" con Alemania Federal para alejar el peligro de una nueva guerra. "Consideramos especialmente alarmante el hecho de que ahora, por primera vez después de la Segunda Guerra Mundial, vuelva a partir el peligro de una guerra del suelo alemán, del de la República Federal de Alemania, aunque los políticos responsables de los dos Estados alemanes estuvieron de acuerdo desde hace mucho de que nunca jamás deba ocurrir", declaró Honecker en estos días. Así, el líder de la RDA ha acordado una reunión cumbre en las cercanías de Bonn, a fines de septiembre próximo, con el canciller federal, Helmut Kohl -la cual se considera histórica por los analistas- para propiciar un diálogo estable entre los dos países al margen de las vicisitudes que sufren las relaciones sovieto-norteamericanas. Como se sabe, el empleo de los misiles instalados en territorio de la RFA y la RDA es decidido finalmente por Washington y Moscú, ya que ambas Alemanias carecen de soberanía sobre las bases de cohetes instaladas en sus propios territorios.
Mientras tanto, el dirigente germano oriental ha logrado mejorar sus relaciones con gobiernos occidentales como Italia, Suecia y Grecia, cuyos primeros ministros Craxi, Palme y Papandreau respectivamente, han visitado oficialmente a Berlín en las últimas semanas. En esos contactos, Honecker ha podido plantear a esos mandatarios su propuesta -criticada por líderes conservadores europeos- de declarar a Europa Central "zona libre de armas atómicas y químicas", hallando eco al respecto entre los jefes de gobierno sueco y griego.
Estos últimos contactos no han gustado mucho en Occidente. La radio y la televisión germana federal ha sugerido que dichas pláticas pretenden redimensionar el rol internacional de Honecker para "dialogar con menos complejos con el canciller Kohl". El diario General Anzeiger, considerado cercano al ministro de Asuntos Exteriores de la RFA, ha dicho que el líder de la RDA "junta puntos a su favor en la arena internacional antes de viajar hacia Alemania Federal".
Por otra parte, hay sectores que plantean dudas sobre las verdaderas intenciones del jefe de Estado de la RDA. Sugieren que las gestiones de Honecker, a pesar de las críticas de Pravda, han sido "concertadas previamente con Moscú", y que la entrevista Kohl-Honecker no debe realizarse. En el fondo estos últimos no ocultan su nostalgia por los viejos tiempos en los que las relaciones entre ambos Estados eran gobernadas por la "doctrina Hallstein" gracias a la cual Alemania Federal desconoció entre 1956 y 1974 la existencia del Estado de Alemania Democrática y amenazaba con suspender las relaciones diplomáticas y comerciales con el país que reconociera a la RDA. Para la doctrina Hallstein, Alemania Federal constituía el único gobierno democráticamente electo de la antigua Alemania y era, por lo tanto, el único con derecho a representar los intereses de los ciudadanos de ambos Estados alemanes. Con la "ostpolitik" esa concepción fue remplazada por la del reconocimiento de la existencia de "dos Estados alemanes que pertenecen a una sola nación", doctrina cuyo mayor gestor fue Willy Brandt. Ello permitio que las dos Alemanias intercambiaran representantes diplomáticos en 1974. Hoy en día la RFA no maneja sus relaciones con la RDA a través del ministerio de Relaciones Exteriores, sino a través del ministro secretario general de Gobierno, pues no considera a la RDA como país extranjero, en sentido estricto.
Para el Kremlin el trance no es fácil. ¿El protagonismo diplomático que busca Honecker podría llevar a un distanciamiento entre Berlín y Moscú? ¿Le conviene, en últimas,a la URSS un acercamiento entre Alemania Democrática y Alemania Occidental? ¿Este proceso afectará la estabilidad interna de la RDA? Son in terrogantes para los cuales no hay respuesta aún. Lo que sí es cierto es que hay un debate en curso en la misma cúspide rusa, entre quienes se oponen a la "westpolitik'' de Honecker y quienes no ven con malos ojos los esfuerzos de este último por distencionar el clima interalemán. La prueba de la existencia de esas diferencias entre el liderato soviético es el comportamiento de la prensa soviética: al contrario de lo expresado por Pravda, el diario Izvestia, órgano del gobierno soviético, elogió expresamente la política de acercamiento de la RDA a Occidente. Pero un baldado de agua fría al optimismo reinante sobre el eventual entendimiento entre las dos Alemanias fue el anuncio del pasado 23 de agosto del Departamento de Defensa de Estados Unidos en el sentido de que instalará tuberías con explosivos líquidos en la frontera entre los países socialistas y occidentales para detener un eventual avance motorizado de los ejércitos del Pacto de Varsovia, a pesar de que el ministerio germano federal de Defensa calificó tal proyecto de "absurdo" y el matutino liberal Frankfurter Rundschau lo criticara afirmando que la idea era más apropiada para la zona desértica de Nevada que para un continente con gran densidad poblacional.

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