Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/03/06 00:00

LA HORA DE LA VERDAD

Las victorias del FMLN y su propuesta de paz parecen abrir una salida a la guerra civil.

LA HORA DE LA VERDAD

Los llaman "catapultas de artillero móvil". Se trata de pesados morteros de 81 milimetros transportados en el interior de automóviles particulares y que, usados dentro del perimetro adecuado, resultan fatales. Desde noviembre pasado el Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional ha usado esta artillería móvil para atacar, con éxito rotundo, la sedes de la Guardia Nacional, la Fuerza Aérea, el Estado Mayor de las Fuerzas Armadas y la Policía de Hacienda. Estos golpes en sí mismos no resultarían una novedad en una guerra civil que lleva ya ocho años, si no fuera porque han tenido lugar en pleno corazón de la capital San Salvador y han terminado con numerosas bajas gubernamentales y daños cuantiosos, sin que se haya producido la captura o muerte de insurgente alguno.

La escalada de acciones urbanas del FMLN, que obligó al gobierno democristiano de Napoleón Duarte a trasladar a la capital a dos de sus mejores batallones, resultó la demostración de que la guerra entró en una fase definitiva. San Salvador había sido hasta entonces un santuario en el que solamente los asesinatos politicos y el crecimiento desmesurado de la inmigración rural indicaban la existencia de una guerra civil. Pero tras los golpes urbanos, ya ni los barrios residenciales, con sus bien surtidos supermercados, son un sitio seguro.

En el área rural, la situación del gobierno no es menos desesperada. Tras la muerte de ocho que no escucharon las amenazas de la guerrilla, los alcaldes han renunciado uno tras otro en una sucesión que ha llevado a que más del 50% de los municipios se encuentren sin poder civil efectivo. Los burgomaestres reciben una carta, generalmente manuscrita, en la que "con un cordial saludo", se les invita a dejar sus puestos, para no convertirse en instrumento de la contrainsurgencia yanqui. De hecho, una de las directrices conocidas públicamente de la administración Reagan era, precisamente, el fortalecimiento de la presencia del gobierno civil en la provincia, para quitarle espacio politico a la guerrilla y a la vez hacer contrapeso a la autoridad omnimoda de los militares. Pero con la ofensiva del FMLN, ninguno de los objetivos se ha materializado. Por el contrario, con la dimisión masiva de alcaldes, el FMLN parece haber conseguido demostrar que su considerable poder bélico se ha traducido en influencia politica. Como lo expresó un observador extranjero, "la estructura civil está siendo desmontada pieza por pieza. Poco a poco, los guerrilleros están sumiendo al país en el caos total.
El balance no puede ser más desconsolador a la hora de evaluar los esfuerzos de la administración Reagan que le ha inyectado al gobierno democristiano más de 3 mil millones de dólares desde el comienzo del conflicto en 1980. Al oscuro panorama militar se suma la economía del país arrasada por las acciones de sabotaje y por una actividad agrícola disminuida en un altísimo porcentaje.

En medio de semejante situación, los medios políticos, que se preparaban para realizar elecciones presidenciales el 19 de marzo, se sorprendieron cuando el FMLN entregó en México, al arzobispo Arturo Rivera y Damas, una propuesta politica, en la que el movimiento, "haciendo últimos esfuerzos por detener el estallido social", ofrece respetar y hasta participar en los comicios, siempre que se acepten algunas condiciones fundamentales, como el establecimiento de un código electoral de consenso, la integración de Convergencia Democrática (su aliada política) en el Consejo Central de Elecciones y la marginación de los Estados Unidos del proceso electoral. Pero sobre todo, el FMLN fundamentó su espectacular viraje estratégico en el aplazamiento de los comicios, para los que propuso la fecha de la independencia nacional, el 15 de septiembre.

"Lo que hemos hecho es, ni más ni menos, la ostentación del poder político de que goza el FMLN, ahora que el militar se ha demostrado hasta la saciedad", dijo a SEMANA el vocero del FMLN, Carlos Calles. Según el portavoz, el aplazamiento de las elecciones es vital para el desmonte de la maquinaria fraudulenta montada por la democracia cristiana y para la integración delas nuevas reglas del juego .

Las reacciones a la propuesta han sido timidas. El presidente Duarte, quien se debate en su lucha contra el cáncer, desestimó en principio la propuesta, pero luego dejó entrever algún grado de consideración, mientras el candidato de su partido, Fidel Cháves, quien evidentemente sería el mayor damnificado de ser aceptada, alegó que la propuesta adolece de defectos constitucionales insalvables, posición compartida hasta cierto punto por Alfredo Cristiani, candidato de la ultraderechista Alianza Republicana Nacionalista (Arena). El único respaldo abierto fue el de Guillermo Ungo candidato de Convergencia Democrática, quien recibiría el apoyo de la "base social" del FMLN, tal como se declara expresamente en el documento guerrillero.

Los observadores atribuyen la talta de respuesta gubernamental al silencio del gobierno norteamericano que, tomado a contrapié, aún no se ha manifestado ni a favor ni en contra de la propuesta. "Nuestro mensaje va directamente destinado a la nueva administración, que consideramos pragmática. Lo que hemos hecho es ponerle en bandeja a Bush la solución política de la guerra, ahora que nuestra posición de fuerza nos permite hacerlo", dice Calles. Lo que es evidente es que el FMLN tiene hasta ahora ganada la partida, y que el respaldo popular que alega no parece ficticio a juzgar, entre otras cosas porque golpear al ejército fuertemente en pleno corazón de la capital, parece improbable si no se cuenta con un considerable apoyo civil.

Los observadores piensan que el FMLN preferiria que su inminente victoria fuera más política que militar para evitar el difícil y costoso tránsito que ha tenido que hacer en el sentido contrario la revolución sandinista en Nicaragua. Por lo pronto, la población espera con ansiedad el fin de una guerra que ha costado más de 70 mil muertes civiles y que, hasta hace pocas semanas, parecia en un estancamiento insuperable. -

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