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| 5/4/1992 12:00:00 AM

LA HORA DE LA VERDAD

Tras más de seis meses de alegatos y contra alegatos, concluye el proceso contra Manuel Antonio Noriega.


DESPUÉS QUE EL GOBIERNO DE ESTADOS Unidos invadiera a Panamá con un saldo de varios miles de muertos y llevara prisionero a su líder, el general Manuel Antonio Noriega, para juzgarlo en una Corte de Miami por cargos relacionados con el narcotráfico, el juicio al ex hombre fuerte panameño se convirtió en el proceso del siglo.
Por eso, desde que se inició la etapa de audiencias en septiembre pasado, la atención de todo el continente se centró sobre lo que pudiera decidir el juez, William Hoeveler, y antes que él un jurado de conciencia en el que sólo uno de sus miembros es latino.
Después de muchas alternativas y de muchas preguntas y repreguntas, la defensa presentada por el abogado Frank Rubino hizo que muchos pensaran en una posibilidad remota pero considerable de que el jurado absolviera al ex dictador panameño. Abogados del sur de la Florida coincidían la semana pasada en que existía una posibilidad del 50 por ciento de un veredicto de inocencia en algunos cargos. "O quizás en todos", se atrevían a pronosticar algunos. Explicaban que el gobierno había basado su caso en rumores e insinuaciones de personas con dudosa credibilidad que, en condiciones normales, podrían conducir a la absolución por falta de pruebas. Pero el asunto de Noriega tiene muy poco de normal.
Ante el cúmulo de documentos y testimonios presentados, los observadores coincidieron en que los alegatos finales resultarían cruciales. Al fin y al cabo, decían, el jurado no iba a tener ni el tiempo ni la dedicación para reexaminar miles de páginas confusas y contradictorias. Consciente de que el caso del gobierno no era sólido, el abogado lo llamó el jueves pasado con tono teatral, "burda vendetta política" y dirigió sus baterías contra los testigos de la acusación. "Este juicio apesta a pescado podrido ", dijo,"Su aroma va desde aquí hasta Washington". Agregó que en este juicio a "los falsos se convirtieron en portavoces de la verdad y los narcotraficantes en luchadores contra las drogas ".
El abogado leyó una lista de los principales testigos de la fiscalía - convictos de narcotráfico que accedieron a declarar a cambio de múltiples beneficios- y luego agrego que la fiscalía había "rejuvenecido a piltrafas humanas". En particular Rubino atacó el testimonio de Carlos Lehder, quien testificó en noviembre que Noriega había convertido a Panamá en un santuario del narcotráfico. Rubino dijo que Lehder (preso de por vida por narco) era "el Charles Manson de este caso " en referencia al asesino ritual de la actriz Sharon Tate, y agregó que el largo historial de consumo de drogas de Lehder le descalificaba.
Quizá los mejores episodios para Noriega provinieron irónicamente de altos funcionarios de Estados Unidos. Frases como "permanente apoyo" y "compromiso" en la guerra contra las drogas se oyeron de parte de funcionarios de la agencia antidroga estadounidense, DEA, tomados de cartas escritas a Noriega. Se señaló que esas frases no iban más allá de congraciarse con el entonces hombre fuerte de Panamá. Pero entre muchos observadores quedó claro que aunque se miraran con esa óptica, las cartas reflejaban la actitud oficial de Washington hacia quien durante muchos años fue "su hombre en Panamá".
La visión de la fiscalía fue, por supuesto, diametralmente opuesta. "No era más que un deshonesto; un policía corrupto ", dijo durante su exposición el fiscal Myles Malman. "Vendió su uniforme, su ejército y su protección a la mortal banda conocida como cartel de Medellín". Y en un momento se adelantó al argumento de la defensa cuando dijo que los 10 acuerdos (plea bargain ) con los testigos fueron algo "legal, apropiado y permitido por el juez".
Al finalizar el alegato de la defensa el viernes un Noriega compungido y sollozante se escondió como un crío castigado en los brazos de Rubino, ante las protestas del juez. Al cierre de esta edición, el veredicto del jurado estaba todavía en el misterio, pero una cosa era clara: de por medio estaba la credibilidad del gobierno de George Bush y, por lo tanto, de su combate contra el tráfico internacional de drogas. Muy pocos creen que un personaje oscuro como Noriega no estuviera involucrado en el narcotráfico. Pero también está demostrado que el general colaboró con los norteamericanos en muchos asuntos, puesto que su época en el poder coincidió con los últimos años de la guerra fría, y entonces no importaba en Washington cuáles fueran las actividades de los déspotas, siempre que fueran anticomunistas.
Si no fuera por eso, el caso sería más presentable. Pero las connotaciones políticas son difíciles de ignorar. Al respecto muchos se preguntan ¿en qué quedaría la reelección del presidente George Bush si el general saliera absuelto, luego de que varias decenas de norteamericanos y miles de panameños perdieron la vida en una operación llamada "Justa Causa"? ¿Cómo se podría justificar la invasión de un país soberano, que ahora es reivindicada como legítima por la Procuraduría de Estados Unidos? Noriega fue acusado de 10 delitos relacionados con el cartel de Medellín por el envio de toneladas de cocaína hacia Estados Unidos. De ser hallado culpable en todos, enfrenta una pena máxima de 160 años en prisión. Sea cual fuere el resultado, el militar tiene muy poco para celebrar. En Tampa, al norte de la Florida, enfrenta cargos por tráfico de marihuana. Por su parte, Panamá lo solicita bajo cargos de asesinato y fraude fiscal, mientras se rumora que el fallo es esperado con ansia por sus partidarios y sus enemigos para escenificar un gran estallido social. Sea como fuese, el consenso es que Noriega no saldrá bien de ésta.-
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