Martes, 24 de enero de 2017

| 1995/06/26 00:00

LA HORA DEL CASTIGO

A los mayores crimenes políticos cometidos por agentes de la dictadura chilena les puede haber llegado el fin de la impunidad.

LA HORA DEL CASTIGO

NI SIQUIERA CUANDO EL GOBIERNO DEMOcrático asumió la verdad de las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura, se sintió en Chile tanta agitación y tensión por el tema como en estas últimas semanas. Porque lo cierto es que para evitarse el más minimo asomo de desestabilización, tras 17 años de régimen dictatorial, la suerte de las más de 3.000 víctimas políticas, así como el castigo para sus victimarios, habían sido asuntos relegados a segundo plano por los dos gobiernos democráticos que han ocupado el Palacio de la Moneda.
Pero en este mes de mayo, se dieron cita dos graves acontecimientos que harían inútiles los más grandes intentos por desviar la atención hacia un asunto distinto al de la necesidad de castigo para los violadores de derechos humanos. El primero, la inminente sentencia definitiva por el asesinato del socialista Orlando Letelier, ex ministro de Defensa y de Relaciones Exteriores de la Urlidad Popular, muerto con una bomba en 1976, en Washington. Sus autores intelectuales, el ex director de la hoy disuelta Dirección Nacional de Inteligencia -Dina- general (r) Manuel Contreras, y el ex director de operaciones internacionales de la misma, brigadier Pedro Espinoza, ya fueron condenados en primera instancia a siete y seis años de cárcel. Se espera que la cuarta sala de la Corte Suprema de Justicia dictamine sobre ese fallo, casi 20 años después de ocurrido el crimen. En la expectativa pasó un mes de diversas batallas verbales, jugadas a través de los medios. Lo bueno que tienen éstas es que, hasta ahora, los disparos han sido sólo de palabras.
Y el segundo, las confesiones del torturador de la Dina, Oswaldo Romo Mena, que dejaron al país literalmente con la boca abierta y se presentaron, extraña coincidencia, en forma paralela a revelaciones semejantes hechas en Argentina y Guatemala.

EJERCITO SOLIDARIO
Las largas e intempestivas reuniones del alto mando del ejército, coordinadas por su comandante en jefe,el anciano general Augusto Pinochet, lograron intimidar y proyectar el malestar de la institución, que desde siempre ha brindado apoyo incondicional a uniformados o ex uniformados involucrados en casos similares. El alto gobierno también se reunió intempestivamente, y transmitió mensajes como "la casa está en orden y no hay ningún problema", según lo dicho por el propio presidente Eduardo Frei.
Como sea, se manejan todo tipo de hipótesis sobre lo que pueda ocurrir, dado que si el fallo ratifica la pena, Contreras deberá ser apresado. El ex militar juró por todos los medios que no va a ir a la cárcel y en ello, obviamente, lo acompaña el ejército.
Además, en la memoria están frescas las dos amenazas que en el pasado desplegó Pinochet cuando sintió sus intereses afectados: un acuartelamiento en diciembre de 1990 y una demostración de fuerza en mayo de 1993, irritado porque se estaban investigando millonarias sumas entregadas en cheques del ejército a su hijo Augusto.
En estos días la tensión subió a tantos grados que se repitieron los llamados del gobierno a la serenidad y a la tranquilidad para acatar el fallo, a tiempo que las organizaciones de derechos humanos, apoyadas por la familia Letelier y los partidos de la Concertación, la alianza oficialista, reclamaron justicia en declaraciones y en diversas manifestaciones callejeras. Los Letelier y quienes les acompañan en su causa, esperan que Contreras y. Espinoza paguen con muchos más años de cárcel -la familia pidió cadena perpetua-, pero muy en el fondo se sabe que no será así por las consecuencias políticas que sobrevendrían. Lo cierto es que la Corte, para no meterse en honduras, ratificará la primera condena.
Aunque la decisión de la justicia ya está tomada y será unánime, la demora en la redacción y notificación de la sentencia ha contribuido a aumentar el nerviosismo por el desenlace de éste, el caso símbolo de las violaciones a los derechos humanos. Los militares temen que se aproveche para desatar un juicio histórico a su régimen, aunque poco antes de terminar la semana y por diversos canales, enviaron mensajes según los cuales acatarían el fallo. El general (r) Jorge Ballerino, ex vicecomandante del ejército habló en ese sentido: "La única reacción posible es acatar el fallo de la justicia".
Las brutales afirmaciones de Romo Mena (ver recuadro), el torturador ex agente de la Dina, quien operó por órdenes de Contreras, se presentaron en medio de esta tensión y sirvieron para recordarles, a los muchos que prefieren ignorar y dar la vuelta a la página, los terribles procedimientos de la policía pinochetista. "Crímenes como los que aquel cometió con sus propias manos fueron posibles en un contexto de ilegalidad protegida y de desprecio por los derechos de las personas ¿Se necesitan nuevos elementos de juicio para hacerse una idea de los actos atroces que llevó a cabo la Dina y del tipo de funcionarios con los que contaba? ¿Hace falta entregar pruebas todavía?", se preguntó en un editorial el diario La Nación.

POR ORDENES DE LA DINA
En un intento más por esparcir tierra sobre el tema no faltaron voces de la derecha que, ante la sevicia de Romo, intentaron calificarlo como loco o desprestigiar la realización de la entrevista, para trasladar la discusión a estériles preguntas sobre si hubo o no autorización para hacerla. Al final, el gobierno prohibió entrevistas futuras, pero prevaleció la sensación de que gracias a ella se pudo escuchar la verdadia y vergonzosa historia reciente de Chile.
Desde Roma, donde se estuvo ventilando otro de los crímenes de la Dina, llegó la semana pasada un nuevo leño a la hoguera. En esa ciudad, otro de sus agentes, el estadounidense Michael Townley -autor también del atentado a Letelier- reveló la forma como planeó junto con la organización neofacista Avanguardia Nazzionale, el atentado a Bernardo Leighton, alto dirigente político, fundador de la Democracia Cristiana. El intento fallido se produjo en octubre de 1975, pues Leighton y su señora, Anita Fresno, se salvaron pero quedaron gravemente heridos. El proceso judicial se reanudó recientemente en las cortes italianas y allí Townley, quien se acogió al programa de protección a testigos de la justicia norteamericana, declaró que había recibido órdenes de la Dina, dirigida por Contreras, para planear y ejecutar el atentado.
Ese proceso está en breve receso. Su fallo será, sin duda, condenatorio para el aparato represivo y para sus hombres, que fueron también hombres de confianza de Pinochet.
Como la escalada de muerte de la Dina no tuvo límites, en otro de sus crímenes acaban de producirse nuevos resultados, justamente en medio de esta tormenta. Asombrosamente, la justicia chilena no aplicó en este caso la ley de amnistía, aprobada por Pinochet y vigente para todos los casos perpetrados desde 1973 hasta 1978. Se trata del crimen del diplomático español Carmelo Soria, funcionario de Naciones Unidas, quien fue secuestrado por una identificada brigada de la Dina, en junio de 1976, y luego apareció muerto. Sus asesinos crearon un escenario de 'muerte accidental', pero la investigación ha arrojado la verdad. A Soria lo mantuvieron en la casa del agente Townley, también vinculado al caso Letelier, donde lo asesinaron, y luego lanzaron el cuerpo, en el interior de un automóvil, a un riachuelo. El miércoles pasado la Corte Suprema optó por procesar como autor al coronel (r) Guillermo Salinas y como cómplice al sargento (r) José Ríos San Martín, ambos ex agentes de la disuelta Dina.
Cuando los niveles de expectativas hacían saltar los termómetros de Santiago, se supo que la Corte planeaba dejar para esta semana la notificación de su sentencia. Pero el clima seguía siendo tal, que el simple sobrevuelo de un helicóptero paralizaba por segundos las actividades normales en esta plácida capital sureña.

CONFESIONES DE UN TORTURADOR
POR PRIMERA vez en los cinco años que van de democracia, los chilenos se estremecieron con las lecciones de tortura, desaparición y asesinato de presos políticos que, con pasmoso descaro y sin omitir detalle, narró Oswaldo Romo Mena, uno de los agentes de la Dina, la central de inteligencia del general Augusto Pinochet encargada de la represión de miles de opositores al golpe de Estado de 1973.
Romo, un hombre de mirada helada, obeso, que parece sudar grasa, fue entrevistado por Univisión, cadena que en medio del impacto causado por la emisión del programa en Estados Unidos, lo repitió. Varios canales chilenos también transmitieron algunos apartes y desde entonces en Chile no han cesado las reacciones. En sus declaraciones. el hombre se vanagloria sonríe con cinismo y cuando cuenta cómo torturaba a las presas políticas, parece que hablara de cualquier cosa menos de personas.
El "torturador, verdugo, violador, asesino" -así lo presentó Univisión- describió la famosa 'parrilla', una especie de catre de hierro sobre el que amarraban desnudas a las detenidas para aplicarles corriente. "Mira La corriente se aplica de la siguiente manera se aplica en la punta de los senos, los pezones, dos perritos aquí no más, punto, y otro perrito en la vagina y de ahi, tú le das vuelta a la máquina, golpes de corriente, la persona choca...". "¿Por que en los pezones, en la vagina?", le preguntó la periodista. "Si tú le pones corriente en la cabeza, en la cara, en cualquier parte del cuerpo, te quedan marcas. Si tú bates a una persona, si tú le pegas con un churro, un tonto de goma (fierro envuelto en caucho) en el cuerpo, le van quedando marcas, pero si tú te bañas antes, lo mojas bien mojadito, colocas el chuzo con otras cosas que son más importantes, que es ponerle un paño mojado, y le das dos o tres, no le va a quedar nada..".
Y agregó; "Mira La mujer aguanta para tener una 'guagua', el hombre nunca ha tenido una 'guagua', un hijo. Con eso te digo toda. Si la mujer es capaz de tener un hijo de 30 centímetros... puede aceptar todo.. no es tan débil. La mujer es más firme".
"El 90 por ciento de las detenidas fuímos agredidas sexualmente por Romo", dijeron luego varias expresas políticas que sobrevivieron a las torturas. "Noo, violación sexual no existió. Yo invito, yo desafío a las mujeres que estuvieron presas en la Dina (a decir) quién fue violada por mi Nadie", aseguró el torturador.
"Yo no maté a nadie", dijo más adelante. Pero admitió homicidios no por efectos de la tortura, sino argumentando una guerra, la tipica explicación de la dictadura. "Creo que debe haber muerto en enfrentamiento mucha gente con un tiro mío", y mencionó al dirigente del Movimiento de Izquierda Revolucionaria -MIR- Dagoberto Pérez.
Uno de los mayores impactos de la entrevista está aquí. "¿Volvería a hacerlo?", le preguntaron. "Lo haría igual, y peor. Ahora sí lo haría peor. Claro! no dejaría periquito vivo. O sea, todo el mundo pa'la jaula. Ese fue un error de la Dina, yo se lo discutí hasta última hora a mi general. 'No deje a esa persona viva, no deje libres".
Tirar gente al mar, como acaban de confesar que ocurrió en Argentina durante la guerra sucia, le parece bien a Romo como método de desaparición. "...primero hay que darle comida a los pescados". Y lo perfeccionó: "...tienes que destruirle dos o tres cosas (órganos) al individuo... con un napoleón (tenazas gigantes)... cosa que cuando él, si está en el agua y después sale, cuando se revienta la ingle el cadáver sube, va aflotar, y para que quede abajo tú tienes que aplicarle algún método quimico para que no suba. Ahora, Chile no es un mar para tirar cadáveres, noo, si el mar de Chile es torrentoso, es violento".
El destino de los desaparecidos sigue siendo una incógnita en Chile. Por eso le preguntaron: "Mira, yo soy una persona que estudió inteligencia y yo no voy a hablar de la inteligencia con personas que también son inteligentes. No voy a hablar. Pero yo haría el trabajo de otra manera. No se la voy a entregar en bandeja y decir oye, hagan esto. No, no puedo".
Aceptó que en su epitafio se refieran al verdugo. "Se lo acepto, puede decir que torturador. Ya. Esto para mi es una cosa buena. No pueden decir de mi que yo soy un sinverguenza, que yo he ofendido a personas, que personalmente me he aprovechado de mujeres, noa.. yo estoy limpio con mi conciencia y limpio con mi frente. Yo creo que lo que hice lo volvería a hacer".
Al terminar los 10 minutos de programa, la reportera cerró con otra macabra, confesión de Romo. Todavía le guarda rencor a un alto miembro del gobierno actual y gozaría si lo pudiera matar lentamente y con sus propias manos.

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