Viernes, 20 de enero de 2017

| 2010/09/18 00:00

La hora de la verdad

Hugo Chávez nunca había llegado tan debilitado a unas elecciones ni la oposición tan fortalecida. Pero de ahí a que pierda las mayorías legislativas hay un largo trecho.

La presencia del presidente Chávez en campaña eclipsa a los candidatos oficialistas a la Asamblea Nacional.

Para las elecciones legislativas venezolanas de este 26 de septiembre, el gobierno repite una receta que tanto contrincantes como electores conocen de memoria: dirigir el voto a favor o en contra de Hugo Chávez y darles una dimensión de comicios presidenciales. Una vez más -esta sería la decimocuarta consulta electoral que se realiza desde 1999-, el plebiscito vuelve a ser la estrategia que impulsa el oficialismo para convencer a sus seguidores de que de ellos dependen la vida o la muerte de la revolución chavista, del socialismo del siglo XXI. La novedad es que, para algunos observadores, nunca antes Chávez había estado tan débil y la oposición venezolana tan unida.

El chavismo llega a la cita con su líder de capa caída. Eso ha sucedido antes, y la única vez que la oposición ganó fue en diciembre de 2007, cuando fue rechazada una propuesta de reforma constitucional que incluía la reelección indefinida (que el Presidente logró hacer aprobar meses después). En los demás sufragios, Chávez y su proyecto han vencido por mayoría.

Quizás lo que marque una diferencia en estos días previos a las elecciones legislativas es que entre los venezolanos de a pie se siente mucho más marcado que en años anteriores el descontento por la inseguridad, fallas en servicios de agua y electricidad, corrupción e inflación. Sobre todo en las clases desfavorecidas, que tradicionalmente han sido fieles al mandatario, muchos de los que antes culpaban al entorno de Chávez por las deficiencias, ahora señalan al Presidente como responsable. Aunque difieren en las cifras, las encuestas confirman lo que llovizna en las calles: la popularidad del Presidente venezolano ha bajado sustancialmente en los últimos cuatro años. Según Hinterlaces y Datanálisis, esta se mantiene entre 42 y 44 por ciento, mientras que el Instituto Venezolano de Análisis de Datos dice que el 60 por ciento todavía percibe como positiva la gestión. En todo caso, Chávez ya no es aquel líder que gozaba del 75 por ciento de aceptación en 2006, cuando logró ser reelegido.

Decepción al alza

En el último año quedaron expuestos varios problemas de marca mayor: el fracaso de Barrio Adentro, la principal misión social de salud (más del 30 por ciento de los módulos asistenciales cerraron y más de 7.000 médicos cubanos abandonaron el país); una crisis eléctrica que mantuvo a la población durante seis meses con racionamiento de agua y electricidad (todavía hay protestas por apagones en el interior del país); el descubrimiento de miles de contenedores de alimentos podridos y de medicinas vencidas destinadas a las redes gubernamentales y una inflación superior al 30 por ciento, la más alta del continente.

También influye la inseguridad, que tiene niveles de país en guerra y ha sido capitalizada por la oposición. El Observatorio Venezolano de Violencia expuso hace poco un balance aterrador: 16.047 personas fueron asesinadas en 2009, frente a las 14.800 de 2008 y las 4.500 registradas en 1998. El mandatario habló públicamente de este tema por primera vez en agosto pasado y dijo que la violencia es uno de los efectos visibles de la injusticia social y del capitalismo. "La burguesía me quiere achacar la inseguridad, sin embargo, lo que sí les aseguro es que más nunca volverán", afirmó.

Por su parte, los partidos opositores -agrupados en una lista única- intentan cautivar votantes para recuperar los puestos en la Asamblea Nacional (AN) que se negaron a pelear en las elecciones del 2005, y así equilibrar los poderes. Y parece que finalmente el esfuerzo está surtiendo efecto. Para el dirigente Teodoro Petkoff, la oposición nunca ha estado en una situación mejor, "gracias a ese acuerdo perfecto y unitario materializado en la Mesa de Unidad Democrática (MUD)". También resaltó que el gobierno nunca ha estado peor, "porque nunca ha creado tantas crisis por su mal desempeño y corrupción".

El politólogo de la Universidad Simón Bolívar Herbert Koenecke señaló a SEMANA que el desencanto ha crecido tanto porque cada vez hay más gente consciente de que el Presidente "no puede lavarse las manos" ante estos problemas. "Chávez sigue siendo el centro de la campaña. Pero esa estrategia también se desgasta. Si la oposición logra convencer de que derrotar a Chávez no significa regresar a la cuarta república (la del bipartidismo entre la AD y Copei), entonces podría equilibrar la asamblea", asegura.

Ante este panorama, el Presidente, convertido en un candidato perpetuo, aprovecha cada acto público para hacer campaña. La semana pasada pidió a sus seguidores "un viraje estratégico radical" a favor del poder popular, pues dijo que de ello depende su proyecto socialista. Subrayó que con el poder popular organizado se logrará evitar que "los capitalistas vuelvan a tomar los gobiernos".

¿Tercera vía?

Pero para contrarrestar ese dilema de votar por un extremo u otro, en esta campaña un partido, Patria Para Todos (PPT), se propuso hablarles a los llamados 'Nini', quienes no se identifican ni con el chavismo ni con la oposición. Las encuestadoras coinciden en que los indecisos representan más de la mitad de los venezolanos y que los resultados dependen de ellos, pues las fuerzas del oficialista Partido Socialista Unido de Venezuela (Psuv) y las de la Mesa de Unidad están divididas casi en partes iguales.

El PPT ha tenido unas tensas relaciones con el chavismo. Estaba estrechamente ligado al Presidente durante su primer gobierno, pero ya en el año 2000 decidió ir a las elecciones desvinculado del partido oficialista de entonces. Hace tres años, varios de los líderes claves del PPT emigraron a la tolda roja. Pero este año, la fuga fue al revés, pues el PPT reclutó al carismático Henri Falcón, el gobernador del estado Lara que renunció al Psuv por estar en desacuerdo con su funcionamiento "burocrático y clientelar". Algunos analistas lo consideran el político mejor posicionado para competir contra Chávez en unas presidenciales. Pero primero están las legislativas, en las que el partido azul está apoyando a otros candidatos disidentes del chavismo, como la historiadora Margarita López Maya (ver entrevista). Y la experiencia indica que, en la República Bolivariana, las promesas de tercera vía terminan absorbidas por una de las dos orillas.

No tan fácil

Aunque el panorama se vea tan negativo para el gobierno, derrotar a su aceitada maquinaria no es nada sencillo y hay una serie de factores que apuntan a que va a conservar sus mayorías. Para empezar, Chávez se crece en la confrontación, ha demostrado que le va mucho mejor ganando elecciones que gobernando y ha aumentado recientemente el gasto público.

A eso se suma la significativa redefinición del mapa electoral en circuitos. Más allá de los detalles técnicos, la Ley de Procesos Electorales del año pasado, según coinciden los analistas, redujo el número de representantes en regiones de tendencia opositora y favorece al chavismo, que al obtener menos votos podría tener más diputados. "Los candidatos oficialistas ahora podrán obtener mayoría simple con 45 por ciento de los votos. Para la oposición, esa mayoría requiere de 56 por ciento", precisa el politólogo Koenecke.

El nuevo mapa electoral es tan complejo que a estas alturas ni siquiera una gran parte de los venezolanos lo entiende y algunas encuestadoras incluso se abstuvieron de hacer proyecciones. La analista política María Teresa Romero se muestra escéptica ante una posible victoria de la oposición. "La popularidad de Chávez sigue siendo alta, el cambio de circuitos es ventajoso para el chavismo y cada vez es más evidente el favoritismo del Consejo Nacional Electoral hacia candidatos oficialistas". El cálculo de Romero es mucho más conservador que el de otros analistas: a la oposición se le hará difícil conquistar 80 puestos, de un total de 165. "Quizás obtenga 60 diputados. Eso, de todas formas, hará una diferencia, porque se logrará una Asamblea plural, muy distinta a la que ha tenido en los últimos cinco años". Hay varias lecturas. Si se considera que la oposición hoy está ausente de la Asamblea, cualquier resultado es ganancia. Si el balance final, en los porcentajes totales de votación, se acerca a mitades parejas, el golpe simbólico es importante. Pero amenazar la mayoría de escaños chavistas parece una misión mucho más complicada.

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