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| 2/26/2002 12:00:00 AM

La ilusión perdida

Hace una década el proceso 'Manos limpias' contra la corrupción parecía revolucionar a Italia. Pero hoy su balance parece ser un fracaso.

Han pasado 10 años desde que Italia se vio sacudida por un proceso contra la corrupción que se convirtió en ejemplo para el mundo entero. 'Mani Pulite', o 'Manos Limpias', parecía destinada a acabar para siempre con la influencia de las mafias en la política italiana y contaba con un respaldo popular incontrastable. Pero una década más tarde la desilusión por una revolución inconclusa domina al país.

Lo más interesante es que, en su momento, 'Mani Pulite' produjo resultados comparables a una avalancha jurídica. Detenidos de alto nivel, suicidios, la desaparición de los partidos que dominaron la escena italiana de la posguerra, derrumbes financieros, elecciones anticipadas. Pero hoy en el poder se encuentra un empresario investigado por corrupción, los jueces que fueron los máximos héroes de la nacionalidad están muertos, asesinados por atreverse a desafiar poderes inconmovibles, o en un retiro político que sueña con el retorno. Del proceso que influyó en la lucha anticorrupción queda muy poco y el debate sobre su trascendencia histórica está candente.

Todo comenzó, al menos para la opinión pública, el 17 de febrero de 1992 con el arresto por extorsión de un socialista, Mario Chiesa, quien soñaba con la alcaldía de Milán, el mayor emporio industrial del norte italiano. El escándalo de 'Tangentopoli' ('Sobornópolis') fue el golpe de gracia que marcó la desaparición de los partidos Democracia Cristiana (DC) de Giulio Andreotti y Socialista Italiano (PSI) de Bettino Craxi, en esa época uno de los políticos más poderosos de Italia. Los últimos años de vida de éste —se exilió en Túnez para evitar el arresto— los dedicó a acusar a los jueces de linchamiento político.

Entre 1992 y 1993 los magistrados pidieron el levantamiento de la inmunidad de 619 parlamentarios y lo lograron en 321 casos. Diez años después estas son las cuentas: hubo 5.000 personas investigadas, 3.200 procesadas, 645 condenadas, los dos más importantes partidos y sus dos aliados menores, el partido Socialdemócrata y el Partido Liberal, cancelados del panorama y el sistema económico que los alimentaba en añicos.

Los jueces de Milán representaron para los italianos los defensores de la moral y la transparencia en un país en donde la política era sinónimo de corrupción. Antonio Di Pietro era uno de ellos. El, en la actualidad ex magistrado y líder del partido Italia de los Valores, dijo a SEMANA que “de Manos Limpias hay que distinguir dos aspectos: el judicial y el político. Desde el punto de vista judicial no se puede hablar de vencedores y de vencidos y mucho menos de un acto de heroísmo, la justicia se limitó a hacer una limpieza necesaria: la estafa, el soborno, el financiamiento ilegal de los partidos y un sistema de licitaciones públicas sucio no son cosas que nos inventamos nosotros los magistrados, los jueces pusimos en evidencia procesos de corrupción que no eran sólo italianos”, insiste en forma enérgica. “Desde el punto de vista político, continúa, se puede hablar, por el contrario, de una derrota de la clase dirigente, que dejó en manos de la justicia la función de moralización que le pertenecía: al cabo de 10 años salta a la vista la incapacidad de la política de crear medidas que impidan estos delitos”.

Por eso muchos observadores se preguntan hoy si la justicia salió victoriosa, y, sobre todo, qué pasó con el multitudinario apoyo que tuvieron los jueces, dos de los cuales, Paolo Borselino y Giovanni Falcone, fueron llorados por multitudes cuando fueron asesinados.

Las opiniones son variadas. Para el politólogo Giampaolo Pansa, “el sistema reaccionó y creó anticuerpos, 'Manos Limpias' perdió la guerra. La corrupción continúa”. Ahora en el gobierno está uno de los investigados por corrupción, Silvio Berlusconi. La redención popular del primer ministro, dice Pansa, “es la demostración de que no siempre las naciones son capaces de aprender de las tragedias por las que atraviesan”.

A este propósito el politólogo Paolo Flores D'Arcais, director de la prestigiosa revista Micromega, dijo a SEMANA: “Se puede hablar de derrota, pero sólo parcialmente, porque es cierto que la corrupción es un fenómeno que está lejos de desaparecer y que Berlusconi, con la complicidad de una parte de la oposición, ha logrado contrarrestar el trabajo de la magistraduría, pero tarde o temprano la justicia seguirá su curso. Lo que está en juego es una democracia occidental”.

Pero esa puede ser una actitud optimista pues el gobernante actual cuenta con un poder inmenso y un monopolio de los medios de comunicación. El primer ministro, quien ya se puso en evidencia a nivel continental con su oposición al establecimiento de una jurisdicción de la Unión Europea contra la corrupción, no tiene límites al atacar a los jueces de 'Mani Pulite'. Una de las acusaciones que usa Berlusconi para desacreditar, el trabajo de esos magistrados, es la de haber usado la justicia con propósitos políticos. Según el primer ministro los jueces, que eran y son de ideología comunista, se dedicaron a perseguir los partidos moderados (DC y PSI) y dejaron en paz a los poscomunistas del Partido Democrático de Izquierda (PDS).

Afirmación que, gracias a la campaña arrolladora del Cavaliere en periódicos, radio y televisión, ha logrado crear desconfianza frente a la justicia en esa opinión pública que en el pasado acogía al magistrado estrella de 'Manos Limpias' con este clamor: “Di Pietro, haznos soñar”.
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