Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/01/09 00:00

La ira de Dios

La tragedia del océano Índico conmovió al mundo. La ONU, eje central de una movilización sin precedentes, garantizará que la ayuda sea efectiva. En ello va su futuro.

Fotomontaje

La tragedia del tsunami que destruyó las zonas costeras de 12 países y que mató a más de 150.000 personas ha tenido un efecto inesperado. Se trata del despertar de una solidaridad en el mundo entero que, según algunos analistas, estaría marcando un nuevo comienzo en la cooperación mundial. Las grandes sumas de dinero y el alto número de donaciones en especie que se han recolectando en cientos de países, unidos a la solidaridad de los estados y a su voluntad de colaborar en las labores de rescate y reconstrucción, han dejado como mensaje a la comunidad internacional que la ayuda es un mecanismo necesario si de verdad se quieren superar las crisis humanitarias. Yakarta, Indonesia, fue el escenario de una cumbre sin precedente de donantes en la que se diseñó un plan de acción para asegurar que los recursos, 4.000 millones de dólares prometidos por la comunidad internacional -el mayor acopio en la historia- lleguen efectivamente a su destino. Se trata de evitar lo que sucedió con gran parte de las donaciones que se anunciaron hace un año por el terremoto de Bam, en Irán. La Organización de Naciones Unidas estará a cargo de la coordinación. Su secretario general, Kofi Annan, advirtió que se necesitaban 979 millones de dólares durante los primeros seis meses. Este dinero estará repartido para alimentación, sanidad e infraestructura, entre otras necesidades. Una de las grandes consecuencias que puede tener la tragedia es que a medida que pase el tiempo, el número de muertos aumente debido a las epidemias. Inclusive se teme que la gripa de las aves, conocida como Sars, que atacó a los países orientales hace más de un año, vuelva aparecer. Y hay que resolver qué hacer con los cientos de miles de personas que quedaron sin vivienda y que tendrán que ser reubicadas en los próximos meses, especialmente en Indonesia y Sri Lanka, donde gran parte de la población costera quedó desprotegida. "He estado en la guerra, he presenciado un gran número de huracanes, tornados y otras operaciones de rescate, pero nunca había visto algo igual", dijo el secretario de Estado estadounidense, Colin Powell, después de visitar la zona de Banda Aceh, al norte de la isla de Sumatra, el lugar más afectado por el maremoto. La movilización fue creciendo a medida que pasaban los días y se conocía la inmensidad de la tragedia, y los países fueron aumentando sus promesas. Estados Unidos, que en los primeros días anunció una cifra irrisoria, subió su donación a 350 millones de dólares, que equivale al costo de un día y medio de la guerra de Irak, y se espera que el monto aumente. Hasta el momento Australia es el país que más dinero ha ofrecido (815 millones de dólares), seguido de Alemania (680 millones), la Unión Europea (529 millones) y Japón (500 millones). El hecho de que un gran número de europeos haya sido víctimas de la tragedia también ayudó a que en el Viejo Continente se movilizara la sociedad de una manera abrumadora. Las ayudas a las organizaciones humanitarias han sido inmensas, lo que ha llevado a muchos analistas a preguntarse qué hacer para que otro tipo de tragedias como las de Darfur en Sudán, África, logren la misma movilización. Por el momento, miembros de las ONG han advertido que lo primero que tendrán que hacer es luchar porque el dinero sea invertido y no se pierda en corrupción. "Gente ordinaria del mundo entero ha donado cientos de millones de dólares para ayudar a los sobrevivientes del tsunami. Ellos tendrán todo el derecho de sentirse engañados si la promesa que hicieron sus gobiernos en Yakarta no es cumplida", dijo a la BBC James Ensor, director de políticas de la ONG Oxfam. Esta tragedia no sólo es la más catastrófica de las últimas décadas. Representa también el mayor reto para la Organización de las Naciones Unidas, pues la crisis se presenta precisamente cuando su capacidad de gestión ha sido puesta en duda por algunos políticos internacionales. Esta es la mayor catástrofe natural que ha tenido que afrontar la Organización desde su origen hace 60 años y todos los ojos del mundo estarán sobre la máxima instancia multilateral del mundo.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.