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| 11/27/1995 12:00:00 AM

LA JAULA DE ORO

El general Contreras, responsable de más de mil desaparecidos en Chile, tiene su propia Catedral al estilo de Pablo Escobar.

PABLO ESCOBAR NO LO HUbiera hecho mejor. Manuel Contreras, ex director de la Dirección de Inteligencia Nacional de Chile -Dina-, y responsable de más de mil desaparecidos durante la guerra sucia de la dictadura de Augusto Pinochet, consiguió una cárcel de cinco estrellas para cumplir su leve condena de siete años por el asesinato en Washington del ex canciller Orlando Letelier y su secretaria norteamericana Ronnie Moffit.
Recién el sábado 21 de octubre a la 1:30 de la madrugada ingresó a la Unidad de Alta Segregación -U.A.S.- de Punta Peuco. Terminaban los cinco meses durante los que resistió a ser trasladado junto con su subalterno y compañero de fechorías, el brigadier general Pedro Espinoza, quien por el mismo delito fue condenado a seis años de cárcel.
El traslado desde el Hospital Naval de Talcahuano fue al más puro estilo hollywoodense. Más de 20 carros militares y civiles participaron en el operativo, cinco helicópteres cooperaron en las maniobras distractivas, un avión Citation del Ejército cubrió la retirada, y más de un avión comercial sirvió para despistar sobre los posibles lugares de llegada. Nuevamente el 'Mamo' como lo conocen sus amigos y enemigos, se salió con la suya: organizar a todo el Ejército en torno suyo. Las nueve horas que duró el traslado incluyeron el paso por dos regimientos y una comida de despedida en un recinto militar, donde Contreras fue agasajado con champaña y recibió, como en sus mejores tiempos, la lealtad de unos 15 ex camaradas de armas.
El gobierno, al igual que el resto de los chilenos, guardaba silencio y esperaba sin saber dónde se encontraba el condenado. En las afueras de Punta Peuco, cientos de periodistas hacían guardia esperando el gran momento que nunca llegó: ver a Contreras y grabar el momento.
A la propia ministra de Justicia, Soledad Alvear, le tocó amanecer para confirmar el ingreso. Se trata de la misma funcionaria que ha tenido que justificar la construcción de la 'cárcel especial' de Punta Peuco. Dentro de las dependencias se encuentra una completísima clínica instalada especialmente para Contreras. Para la distracción de los reos y estimular su creatividad hay talleres para actividades manuales, y una multicancha donde podrán practicar eso de 'mente sana en cuerpo sano'.
El único cuarto del penal que posee baño completo es la 'suite' de Contreras. Allí tiene instalado un computador, en el cual está escribiendo sus memorias, un televisor, radio con compact disc para escuchar su adorada 'Lili Marlen' y una biblioteca con libros sobre inteligencia militar.
El régimen de visitas al igual que en otros penales es de dos días a la semana; lo curioso es que desde que Contreras arribó al recinto, su amante, que fue su secretaria privada en la Dina, lo visita todos los días.
Los únicos habitantes que hay en Punta Peuco aparte de Contreras son los 20 gendarmes que protegen a los presos desde el lado externo de la cárcel sin tener acceso a Contreras. Cincuenta militares, a cargo de un mayor y dos capitanes, están a cargo de la protección inmediata de los condenados Contreras y Espinoza, no se sabe si para cuidarlos o cuidarse de que no hablen, y con ellos un contingente de carabineros que custodia los accesos.
Se puede decir que Contreras ha cumplido su palabra. No está en una cárcel sometido a la vigilancia de gendarmería sino en un recinto militar propio habilitado al interior de una cárcel. Nadie, menos el gobierno, puede asegurar que el condenado permanezca al interior del recinto cumpliendo su pena, pues ello depende exclusivamente de su guardia militar.
¿Cuánto le cuesta al Estado chileno tener a estos dos únicos huéspedes encarcelados? Según datos extraoficiales, cada uno costaría la módica cifra mensual de 20.000 dólares, cantidad astronómica si se compara con los 80 dólares mensuales que gasta el Estado en cada uno de los 40.000 presos que viven hacinados en cárceles construidas a comienzos de siglo. A ello hay que agregar el costo de la guardia de honor militar que se puede calcular en unos 300.000 dólares cada mes.
Por estas razones, en Chile la llamada igualdad ante la ley ha sido puesta en duda. Y no solo por los chilenos que ven en su propia cara cómo se les da privilegio a quienes gozaron de impunidad durante casi 20 años. También el influyente diario The New York Times, en su editorial del día lunes 23, ha calificado a la democracia chilena de débil y a su justicia como simbólica.
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