Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1986/03/24 00:00

LA MAFIA AL BANQUILLO

Italia se sacude con el proceso judicial anti Mafia más grande de la historia

LA MAFIA AL BANQUILLO

Italia está asustada. Sicilia tiembla. En el extranjero nadie puede creerlo todavía, a pesar de mirar las fotos en los periódicos y contemplar los rostros con barbas oscuras en los noticieros de televisión: desde el 10 de febrero, 353 hombres están sentados en una de las grandes salas en el Tribunal de Palermo, acusados de todos los crímenes posibles, desde asesinatos políticos hasta robos de automóviles. 121 están huyendo.
Es el proceso más grande emprendido dentro de la historia judicial italiana contra el enemigo público número uno: la Mafia. Entre los acusados se encuentran algunos de los grandes e intocables "capos" de esa organización criminal y lo que el juez Giovanni Falcone, un hombre de mediana edad que no da un solo paso si no es acompañado por unos carabineros bien armados, tiene que probar, es que los actos de estos individuos eran parte de una vasta conspiración criminal que comenzó muchos siglos atrás y que ahora extiende sus redes desde Bangkok hasta las calles apestosas de Brooklyn.
El fiscal que acusa a estos detenidos se basará, en buena parte, en los testimonios de altos dirigentes y simples soldados de la Mafia quienes confesaron ante las autoridades todo cuanto sabían, dándole a la justicia la oportunidad de conocer a fondo la bien aceitada maquinaria de esa organización.
Por supuesto, los italianos saben que este juicio, aun si resultara condenatorio contra los acusados, no debilitará el poder de la Cosa Nostra pero servirá para que sus enemigos naturales frenen muchas de sus actividades.
El juicio, que se adelanta en medio de las mayores medidas de seguridad, ha despertado encendidas controversias entre los italianos. El cardenal Salvatore Pappalardo, de Palermo, dijo que este juicio lo que sirve es para aumentar el tamaño mítico de la Mafia, mientras el alcalde de esa ciudad, Leoluca Orlando, dijo a los periodistas que el peor mal que se puede hacer a la sociedad siciliana es darle demasiada importancia a este proceso.
Los cargos contra los acusados están consignados en 8.607 páginas de un proceso que dice en su primera línea: "Este es el proceso contra la Mafia, organización llamada Cosa Nostra, asociación peligrosamente criminal la que, con violencia e intimidación, ha sembrado el terror y la muerte a su paso".

El peor error
Se espera que el juicio dure más de un año y entre los cargos está el crimen más importante por el impacto que causó y el que más ha llamado la atención de los observadores, el del general Carlos Alberto Dalla Chiesa, asesinado el 3 de septiembre de 1982 en las calles de Palermo. Una película con Lino Ventura reconstruye esos fatídicos días, cien exactamente, los que duró el militar gobernando en Palermo.
Según Pino Arlachi, miembro de la comisión anti Mafia del Parlamento italiano, el crimen del militar fue el peor error de la Mafia y en este proceso, el asesinato servirá para demostrar en qué forma la organización defiende sus intereses económicos. A Dalla Chiesa lo mataron cuando descubrió los lazos que existían entre mafiosos e industriales sicilianos. El proceso también servirá para develar la muerte violenta de otros oficiales además de la desaparición de un centenar de miembros de la Mafia, enredados en disputas internas. Durante tres años un equipo de investigadores, apoyado en la ley anti Mafia promulgada en 1982, se dedicó, ayudado por las delaciones de ex mafiosos, a seguir el rastro de todos los inculpados, in vestigando sus finanzas y negocios, analizando documentos bancarios que antes de esa ley eran inaccesibles, secretos y demostrando qué relaciones existen entre el comercio internacional de la heroína y los mafiosos sicilianos.
En uno de los bancos suizos se encontraron pruebas de cómo el tráfico de drogas con Estados Unidos le había reportado al "capo" Tomasso Spadaro, más de 20 millones de dólares al año. La mayor parte de los cargos se basa en la asociación para delinquir que se le ha comprobado a la mayoría de los detenidos y en este sentido, la ley italiana tiene profundos lazos con algunas leyes federales norteamericanas que combaten el crimen organizado.
Un juez, Justo Sciacchitano, resumiendo el significado de este proceso dijo cómo, en el pasado, "habíamos mirado los crímenes como piezas suellas, como actos individuales sin que tuviéramos una idea clara de las conexiones que tenían esos actos, esos individuos con organizaciones tan peligrosas como éstas. Por eso este juicio sirve para analizar profundamente hasta dónde llegan las raíces mafiosas hasta dónde alcanza su influencia, hasta dónde sus jefes y soldados han afectado la moral y la justicia y la economía de este país".
El informante N° 1
En estas investigaciones que llevaron a la detención de 353 personas las autoridades se apoyaron en los informantes y delatores, y uno de los que más datos ha aportado a la Policía es Tomasso Buscetta, quien durante el otoño pasado sirvió de testigo en el juicio que en Nueva York se seguía contra 23 traficantes de heroína.
Durante el juicio en Palermo, Buscetta servirá para que explique a los jueces y abogados y policías cómo funciona la cúpula de la Mafia, quiénes son los jefes, cuántas sus propiedades, cuántos sus empleados, cuáles sus territorios de acción. Buscetta le entregó a las autoridades todos los nombres e identificó a doce que formaban parte del comité que regía todos los negocios y decisiones de la Mafia. Todos están acusados pero hay 7 que se encuentran huyendo con otros 200 que son buscados por la Policía.
Uno de los investigadores reveló que, cuando se conozca en detalle el informe preparado por estos delatores (son más de treinta, de varias nacionalidades) habrá más detenidos y muchas sorpresas, aludiendo seguramente a los tradicionales lazos que han existido entre la Iglesia, la Banca, los políticos y la Mafia desde hace varios siglos.
Otro de los jueces, comentando este proceso, asegura que por primera vez se ha roto la ley del silencio que durante siglos sirvió de manto a las actividades mafiosas: ahora cualquiera puede denunciar a un mafioso porque después de Buscetta, todos se sienten seguros.
Para los habitantes de Palermo, este juicio al que asisten centenares de periodistas de todo el mundo encierra algunos beneficios económicos y turísticos, pero en el fondo se sienten molestos porque los reporteros quieren encontrar informantes en cada esquina. Mientras tanto, algunos esperan la reacción de los mafiosos que están libres, en la calle. Esperan que el Tribunal sea demolido a golpes de bazooka o que una bomba acabe con el juez y los empleados de esos juzgados que no cierran sus oficinas desde hace varios meses, acumulando pruebas contra los detenidos.
Como la Mafia no avisa, ni amenaza, ni previene, ni escribe libros, ni panfletos, sino que actúa sorpresivamente, la gente en Sicilia está esperando que algo ocurra, que los 25 arrepentidos que "cantaron" ante la Policía sean eliminados cuando lleguen a la cárcel, que esos jefes que tienen nombres como Salvo, Greco, Ciancimino, Spatola puedan ser rescatados de alguna forma, aunque sea volando ese edificio blanco que costó 56 millones de liras.
Todos están prevenidos porque saben que la Mafia no se quedará con los brazos cruzados: el ala "militar" seguramente realizará algunos atentados y la otra, de tipo político, intentará sabotear el proceso, pedirá un cambio de lugar para el mismo y utilizará otros recursos legales.
"Queremos a la mafia"
Y en medio de este ruidoso proceso se encuentran los abogados contratados por la Mafia, quienes usarán todos sus recursos para estancar el proceso, pedir más garantías para sus clientes, prolongando sus vinculaciones con esa organización en una ciudad donde hay un abogado por cada mil habitantes y de esos 776, la mitad está vinculada con la Mafia.
No será un proceso fácil y el juez Falcone lo sabe. Las pruebas serán refutadas, en los periódicos aparecerán artículos en los que serán recusados los "arrepentidos", los capos serán mostrados ante la opinión como beneméritos hombres de sociedad y buenos padres de familia y así paulatinamente mientras se busca que este juicio acabe como todos los anteriores contra la Cosa Nostra en Sicilia: sin pruebas contra los acusados.
Quizás la imagen que mejor resume hasta dónde llega la influencia de la organización en la vida cotidiana de Sicilia esté en los piquetes que se forman al Tribunal con pancartas que dicen: "Queremos la Mafia", "Con la Mafia sí hay trabajo". Mientras tanto, los negocios y casas de los familiares de los "arrepentidos" han sido volados o atacados a bala y los chantajes contra los comerciantes para que paguen sus cuotas mensuales a la Mafia han continuado a pesar del aumento del pie de fuerza en toda Sicilia. Un pie de fuerza que tiene miedo porque los asesinatos de policías han aumentado en los últimos meses mientras las condiciones de trabajo son paupérrimas, sin medios de transporte, amenazas constantes, falta de colaboración de los ciudadanos y la sensación de que mañana, al salir a la calle, pueden darle un tiro de "lupara", la escopeta recortada que es el símbolo de los mafiosos.
Lo peor de todo, a pesar de este proceso, es que el gobierno italiano sigue pensando que el problema de la Mafia puede ser solucionado por los sicilianos, pero éstos ni siquiera tienen suficientes vehículos para que los carabineros persigan a los delincuentes y cuando hay que pagar a un informante, tienen que hacer una colecta entre todos. Faltan varios meses para que de este proceso salgan cosas concretas: si se les aplica a los mafiosos medidas económicas, que les duela en sus cuentas bancarias, como dice un juez con humor, entonces la Cosa Nostra se sentirá tocada a fondo. Hay que esperar a que algún atentado cambie el orden de los acontecimientos.--

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