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| 6/29/1992 12:00:00 AM

LA MAFIA NO PERDONA

El asesinato de Giovanni Falcone subraya el poder terrorista de la Cosa Nostra y el desbarajuste de Italia

LA MAFIA NO PERDONA
LO ESTABAN ESPERANDO. Eran las 18:57 del sábado 23 de mayo cuando una tonelada de dinamita estalló en la autopista del aeropuerto de Palermo, Sicilia. Un atentado perfecto al estilo colombiano, decía la prensa al registrar el asesinato del juez símbolo de la lucha contra la mafia, Giovanni Falcone. La bomba arrasó también con su esposa, Francesca Morvillo, y tres guardias de la escolta, y dejó cerca de 20 personas heridas. La muerte atroz del héroe ha sido comparada con el asesinato del secretario de la Democracia Cristiana Aldo Moro, por las Brigadas Rojas en 1978, y conmovió el país entero. Y no sólo por el hecho en sí, sino porque el atentado puso en evidencia la grave crisis política, institucional y moral del país, la terrible imagen de una Italia impotente ante la criminalidad organizada y ante el arrogante poder terrorista de la mafia.

Por eso Italia ha sido comparada inevitablemente con Colombia por muchos editorialistas. Desde hace decenas de años los atentados y las matanzas ensangrientan al país y sobre todo a Sicilia. Como en Colombia, coincide con momentos claves y decisivos de la vida política. Esta vez el juez Falcone murió mientras la clase política debatía, negociaba y en ocasiones disputaba hasta con los puños la elección del nuevo presidente de la República, tras una campaña electoral tensa, iniciada con el asesinato por parte de la mafia, del dirigente político de la Democracia Cristiana de Sicilia Salvo Lima, en marzo pasado.

Se habla mucho de las conexiones entre mafia y política. Hace sólo dos semanas, en una reunión realizada en Roma sobre narcotráfico, el juez Falcone había encontrado un anónimo en el que le pedían que dejara de hacer política". Esa pista ha sido relacionada por las autoridades con el contenido de su informe presentado en esa reunión, donde denunció la alianza entre Cosa Nostra y el cartel de Medellín por el lavado de dinero sobre todo en bancos suizos.

Pero si bien muchos elementos indican que el asesinato pudo ser un crimen "usual", de los que reafirman el mito implacable de la mafia, son también evidentes sus implicaciones políticas. Falcone, de 53 años, había comenzado su carrera en 1979 cuando entró a formar parte del primer grupo de jueces comprometidos contra la mafia. Desde entonces vivió una vida blindada. Creía en el trabajo de grupo y usó nuevas técnicas de investigación, como los llamados "arrepentidos". Entre los casos más importantes que tuvo fue el de Tomasso Buscetta, gracias al cual lograría hacer una radiografía de la Cosa Nostra desde dentro, llamada la primera derrota de la mafia. En 1991 aceptó transladarse a Roma con el encargo de director de Asuntos Penales del Ministerio de Justicia.

La muerte de Falcone precipitó la elección por el Parlamento del nuevo presidente de la República, Oscar Luigi Scalfaro pocas horas después de los funerales de estado realizados la tarde del 26 de mayo. La clase política, dividida y criticada, escogió un representante de las "instituciones", fiel reflejo de los resultados electorales de las elecciones legislativas del 5 y 6 de abril. En ellas la coalición de gobierno, encabezada por la Democracia Cristiana, en el poder desde hace más de 45 años, los socialistas, socialdemócratas y liberales, fueron derrotados mientras la derecha separatista resultó ser la gran vencedora. Los cerca de mil parlamentarios italianos escogieron un político "medio", tenazmente conservador y moralista, que hizo parte de la Asamblea Constituyente formada en 1947 después de la Segunda Guerra Mundial. Scalfaro es un católico devoto, lejano de los escándalos y de las negociaciones entre bambalinas. Una figura completamente diferente a la del presidente saliente, Francesco Cossiga, con la que los italianos esperan sin muchas esperanzas hacer por fin borrón y cuenta nueva.
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