Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/05/27 00:00

La mala educación

La medida tomada en el caso del Fundador de los Legionarios de Cristo es una salida a un lío que involucra una de las congregaciones con más poder en la Iglesia.

El padre Marcial Maciel, fundador de los Legionarios de Cristo, fue acusado de pederastia. El caso no prosperó en el papado de Juan Pablo II. La Legión recibió la bendición del ese pontífice, que compartía su visión conservadora

Para la mayoría de las personas, el nombre de Marcial Maciel Degollado suena desconocido. Sin embargo, por estos días pasó a ser uno de los más sonados, junto con el de la congregación que él mismo fundó hace 65 años en México. Este sacerdote mexicano, fundador de los Legionarios de Cristo, fue obligado por el Vaticano a alejarse de toda actuación pública el 19 de mayo. Una decisión que llega luego de años de silencio a las acusaciones contra el padre Maciel por pederastia.

Los casos por los que se señala al sacerdote de 86 años son de vieja data, no sólo porque se hicieron públicos en 1997, sino porque los abusos ocurrieron hace más de 40 años. Ocho antiguos miembros de la congregación manifestaron que el sacerdote había cometido vejámenes en su contra durante su adolescencia, en la época en que ellos pertenecían a la Legión. Las declaraciones de estos hombres desataron uno de los primeros escándalos por pederastia y homosexualismo en los que la Iglesia se ha visto envuelta en los últimos años. Aunque las primeras denuncias se hicieron en 1993, el tema se hizo público cuatro años después, por una carta abierta al Papa en la que los ex legionarios acusaban a Maciel y de paso le reclamaban por no haberse pronunciado cuando las denuncias llegaron al Vaticano, pues el caso fue archivado por 'falta de pruebas'.

La misiva tuvo un efecto pasajero y las investigaciones se reabrieron, pero con la misma rapidez se olvidaron. Sólo a fines de 2004 las acusaciones empezaron a surtir efecto; Martha Wegan, la abogada que representa a los acusadores ante la Santa Sede, les escribió a sus defendidos diciéndoles que "me parece que ahora el caso está siendo tomado en serio". Y así fue, un año y medio después, el Vaticano se pronunció, y a través de un comunicado, informó la decisión de "invitar al padre a una vida reservada de oración y penitencia, renunciando a todo ministerio público".

Esta es la primera gran determinación del papa Benedicto XVI y, aunque debía ser vista como una señal de mano dura ante los casos de abuso sexual, "el documento es ambiguo intencionalmente y no responde al sistema típico de prudencia que se maneja en la Iglesia", señaló a SEMANA José Barba Martín, uno de los hombres que acusan a Maciel de violación y hoy se ha convertido en un vocero de los querellantes.

Detrás de este caso hay mucho más que el interés de la Iglesia por darle punto final, en una época de escasez vocacional, a un caso de pederastia que involucra al fundador de una congregación que aporta más de 650 sacerdotes, 2.500 seminaristas y más de 60.000 laicos consagrados -de su brazo laico, el Regnum Christi- . Por eso, el fallo de la Iglesia es más bien simbólico, pues el padre Maciel se alejó de la vida pública el año pasado, cuando renunció a la dirección de los Legionarios.

La figura de Maciel, que está rodeada por muchos otros escándalos, incluso por el consumo de un derivado de la morfina, es bastante cercana a la de José María Escrivá de Balaguer, el fundador del Opus Dei y, de hecho, las comparaciones entre estos dos grupos no son pocas. Tanto los Legionarios como el Opus son conocidos por profesar doctrinas católicas ultra conservadoras que se encargan de difundir a través de los colegios y universidades.

Los Legionarios han llegado a 20 países, entre ellos México, Chile, Estados Unidos, Colombia, Italia y España, en donde cuentan con miles de adeptos principalmente de las elites, lo que les da gran poder e influencia. Por eso, para José Barba, "el problema con los legionarios va mucho más allá del tema de abuso sexual, tiene que ver con el afán de poder " de esta comunidad. Tanto así, que el diario The Wall Street Journal publicó un artículo en el que se afirma que uno de los hombres más ricos del mundo, el empresario Carlos Slim, es un legionario. También se ha relacionado a Ana Botella, la esposa del ex presidente español José María Aznar, y a varios ex ministros ibéricos, con los legionarios.

Otra de las comparaciones entre estas dos comunidades tiene que ver con el poder que tienen dentro de la Iglesia. Tanto Maciel como Escrivá contaron con el respaldo del papa Juan Pablo II. Durante su pontificado, el fundador del Opus Dei fue canonizado en tiempo récord. Del mismo modo, muchos aseguran que una de las razones por las que las acusaciones contra Maciel no prosperaron fue la cercanía entre este y Juan Pablo II.

En la misma línea Barba, de 70 años y quien sufrió en carne propia los abusos del sacerdote durante su juventud, asegura que la decisión se dio en parte por la necesidad del Vaticano de mantener su imagen y, especialmente, la de Juan Pablo II.

Si bien es cierto que mucho de esto suena a chisme, la reserva y el secretismo que rodean a la Legión propician el misterio y dan pie a que las suposiciones aumenten casi al nivel de una teoría conspirativa. Tanto así, que no es claro el paradero del padre Maciel; mientras algunos aseguran que vive en México, otros afirman que se encuentra en Roma. Tal vez esté huyendo de su conciencia.

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