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| 12/18/2012 12:00:00 AM

La mala hora de los chinos en España

Prósperos dueños de tiendas y restaurantes de barrio viven en la Península el precio de la estigmatización, tras descubrirse una red de lavado de activos que incolucra a empresarios y parientes lejanos de la casa Real.

El lugar: el último filtro previo a la puerta de salida de la sala de equipajes de un aeropuerto del sur de España. Los protagonistas: tres personas. Un ciudadano chino (lo decía el pasaporte) y dos policías empeñados en obtener respuesta a una pregunta difícil: “¿es esta (le indicaban, mientras agitaban una y otra vez el contenido de su única maleta), toda la ropa que usted piensa utilizar en tres meses que estará en este país?” 

¿Y la época? Esta misma, cuando peor parecen estar pasándola los chinos, y no por la crisis, como podría pensarse, que vive España, sino por una explosiva mezcla que siempre termina por dejar damnificados entre los inmigrantes, en cualquier parte del  mundo: estigma, mala prensa y autoaislamiento.

Y resulta curioso que ahora sean chinos los que estén en la mira de las autoridades, cuando, paradoja, mejor les iba. De hecho, pocos extranjeros habían entrado con más facilidad en la cotidianidad de los españoles. Incluso, un  término se acuñó hasta volverse genérico: ‘el Chino’, expresión con la que se significa esa tienda de barrio que siempre está abierta y en donde se consigue todo aquello que hace falta.

Los chinos decidieron incursionar en España, de forma masiva, en las últimas dos décadas. Poco a poco han ido comprando restaurantes y bares, además de negocios en decadencia (abundantes hoy), para montar pequeños mercados en los que siempre atienden, con precios sin competencia.
Hoy son, según registros  del Instituto Nacional de Estadísticas y del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, 175.813 ciudadanos los chinos debidamente registrados antelas autoridades. Eso les significa ocupar el lugar número 10 de las colonias extranjeras, puesto en el que les anteceden, en su orden, Rumania, Marruecos, Reino Unido, Ecuador, Colombia (244.670), Alemania, Italia, Bolivia y Bulgaria.

Por supuesto hay otra la realidad: la de los ilegales, que, afecta de manera sensible ese conteo.
¿Qué les pasa a los chinos? Pues que, a diferencia de otras grandes migraciones de nacionales de ese país, como el que terminaron por ser enclaves en grandes capitales (Chinatown, por ejemplo  en Nueva York), en donde han generado integración con comunidades locales, en España son casi un mundo aparte.  Su relación es comercial y nada más, con decir que casi nunca van más allá del “hola” tradicional que enmarca el saludo.

De paso, las jornadas extenuantes de sus tiendas de abarrotes, abren de primeros y cierran de últimos, los convierte en una necesidad de última hora, con la que la gente no siente  no socializa, más aún cuando de puertas para adentro.
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