Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2000/01/10 00:00

La marihuana: ¿es legal?

La legalización para fines terapéuticos en varios estados de Estados Unidos no disminuye la intensidad del debate sobre la yerba.

La marihuana: ¿es legal?

La marihuana adquirió visos de respetabilidad en Maine el 2 de noviembre por decisión del 61 por ciento de los votantes. Una nueva ley, que acaba de ser refrendada por todo el cuerpo electoral, permite a los pacientes —que sufran de ciertas dolencias y que hayan ensayado sin éxito otros remedios— el cultivo, la posesión y el uso de pequeñas cantidades de la hierba, previa aprobación médica. La ley recién votada es similar a aquella que fue sancionada por ambas cámaras del estado en 1994 y vetada por el gobernador de entonces.

La policía y las asociaciones de comisarios se opusieron a la celebración del referendo, como es natural. Sin embargo su posición resultó debilitada cuando el comisario del condado de Cumberland, en el suroeste, se pronunció a favor del referendo, al calificar la nueva ley como “un alto al fuego motivado por razones humanitarias”.

Maine es el último de siete estados —los demás son Alaska, Arizona, Colorado, Nevada, Oregón y Washington— que recurren a los electores de base para legitimar una ley similar. (Colorado no pudo llevar a cabo el referendo por problemas con las firmas de los ciudadanos que lo solicitaban; pero hará un nuevo intento el año próximo). Cerca de 36 estados han aprobado ya leyes que permiten el uso terapéutico de la marihuana. En 28 de ellos las leyes no han pasado de ser un detalle curioso en los códigos.

La utilización terapéutica de la marihuana se está volviendo cada vez más popular y los argumentos en su contra parecen en vía de desaparición. A comienzos del presente año, un informe del Instituto de Medicina, encontró “un valor terapéutico potencial en las drogas canabinoides, especialmente para ...el alivio del dolor, el control de las náuseas y el vómito, así como para la estimulación del apetito”. Los efectos adversos que pudieran presentarse, como vértigo, “no corresponden necesariamente a las consecuencias dañinas que produce el abuso de drogas” y los riesgos de que se presente dicho abuso son bajos. Los síntomas que trae la privación cuando se abandona el uso de la droga son suaves y el principal efecto a largo plazo es el mismo del tabaco: daño pulmonar. No obstante, precisa que la marihuana “no es una sustancia completamente benigna”.

Con seguridad las autoridades federales no la consideran benigna. La ley federal aún clasifica la marihuana como droga de represión prioritaria cuya posesión basta para hacer multar o encarcelar a las personas. Los habitantes de Maine que sufren de cáncer o de glaucoma y que sean hallados fumando la hierba no están exentos de que los arresten o los procesen bajo los términos de la ley federal; pero la nueva ley estatal —según afirma Allen St Pierre, director de la Organización Nacional para la Reforma de las Leyes sobre la Marihuana— podría lograr que los acusadores reflexionaran dos veces antes de recurrir a las normas federales. Jay McCloskey, el fiscal federal del estado de Maine, dice que él persigue a los traficantes y no a los pequeños usuarios. “No estamos tras quienes tienen tres maticas, o seis maticas, ni tampoco tras los que tienen 60 matas”, afirma.

Una corte federal ha dictaminado que la primera enmienda de la Constitución norteamericana, el derecho a la libertad de expresión, ampara a los médicos que les recomiendan a sus pacientes el uso de la marihuana. Sin embargo la criminalización federal de la marihuana —independiente de cualquier circunstancia— no está próxima a cambiar. Barney Frank, un congresista demócrata de Massachusetts famoso por su talante liberal, ha intentado en dos ocasiones la aprobación de leyes que reclasifiquen la marihuana y la conviertan en droga de segundo nivel de prioridad en la represión de manera que se permita su uso terapéutico. Su última tentativa ni siquiera logró salir adelante en la comisión que la estudió. Por el contrario, la Cámara de Representantes aprobó recientemente, por 310 votos contra 93, una resolución conjunta que expresó una profunda oposición a las tentativas de legalización actualmente promovidas en Estados Unidos.

En septiembre de 1998, cuando pareció que los votantes del Distrito de Columbia —en el cual se encuentra la capital federal— iban a aprobar una iniciativa ciudadana que legalizaba el uso terapéutico de la marihuana, el Congreso aprobó inmediatamente una ley que prohibió el conteo de los votos. Luego de una apelación ante los tribunales los votos fueron contados y resultó que el 69 por ciento de los electores había aprobado la iniciativa. La consiguiente respuesta fue igual de fulminante: la ley de apropiaciones presupuestales del Distrito se aprobó con una enmienda especial que prohibió la adopción de cualquier norma que facilitara el consumo de la marihuana en relación con lo estipulado en la ley federal. “De ese modo, dice un residente de Washington, nos hicieron comer nuestros votos”.

La administración Clinton, que se halla por encima de toda sospecha puesto que la fumó pero sin aspirarla, se muestra igual de implacable. Donna Shalala, la secretaria de salud y servicios humanos, afirma que la marihuana es una droga peligrosa. En 1997, cuando California aprobó una ley sobre “el uso autorizado por compasión”, la fiscal Janet Reno declaró que los médicos de los estados que prescribieran marihuana podían sufrir la prohibición de formular y serían llevados ante los tribunales.

Pese a todo es probable que la tendencia siga en marcha y que en algunos casos vaya más allá de la mera aprobación para fines medicinales. Gary Johnson, el gobernador de Nuevo México, un republicano que preside los destinos de un estado lleno de envejecidos hippies, está convencido de que la guerra contra la droga es un error y que algunas drogas, en particular la marihuana, deberían ser legalizadas. “Necesitamos convertir a las drogas en sustancias controladas, exactamente como el alcohol”, dice el gobernador Johnson. “Tal vez deberíamos dejar que el gobierno la regulara, la cultivara, la distribuyera y la mercadeara. Si eso no conduce a una fuerte reducción en el consumo, no veo qué podría funcionar”.

Actualmente el gobernador está analizando la manera en que podría utilizarse la ley de uso terapéutico que en su estado fue aprobada hace ya 21 años pero que nunca ha podido ser aplicada. Lo esencial es no provocar la riposta de los federales. Estos, sin embargo, ya lo tienen en la mira. En octubre Barry McCaffrey, director de la Oficina de la Casa Blanca para la Política de Control Antidroga, reunió en Albuquerque a la delegación de congresistas de Nuevo México para manifestar abiertamente la oposición del gobierno federal a las ideas de legalización.

McCaffrey considera que la autorización para el consumo medicinal es una cortina de humo tras la cual se agazapa una mentalidad permisiva. Antes del referendo de Maine escribió en el Maine Sunday Telegram que la nueva ley propuesta era “innecesaria y peligrosa”. Señaló que el componente sicoactivo de la marihuana, el tetrahidrocanabinol (THC), ha estado siempre disponible bajo el nombre comercial de Marinol. Luego añadió: “Del mismo modo que las personas que requieren penicilina no se ponen a cultivar pan mohoso para comérselo y obtener así su dosis de antibiótico, no parece razonable obtener una dosis pura de THC produciendo marihuana en bruto”.

En todo caso el Marinol tiene sus problemas. Los pacientes con náuseas encuentran dificultad en asimilarlo. Otros lo encuentran demasiado potente, en algunos casos, o demasiado suave, en otros. “Lo vuelve a usted un zombie”, dice un paciente de sida al que le fue recetado. Los pacientes que fuman marihuana encuentran mucho más sencillo regularse ellos mismos las dosis. El Marinol también resulta costoso: vale 10 dólares la tableta (la dosis normal es de dos tabletas al día) y su utilización no está amparada por los seguros de salud. Hace poco fue reclasificado para convertirlo en droga de prioridad tres, lo cual significa que puede ser obtenido repetidamente con una sola prescripción. Sam Smith, editor de Progressive Review —una publicación muy liberal— dice que “no es la primera vez que una droga ha sido legalizada luego de que los laboratorios farmacéuticos con ánimo de lucro han hallado la manera de producirla artificialmente a cambio de un copioso beneficio, cuando la naturaleza la ofrece a manos llenas y a bajo costo”.

Con todo, hay ocho pacientes en Estados Unidos que pueden fumar marihuana en forma legal y gratuita. El gobierno federal les suministra 300 cigarrillos de ‘marimba’ mensuales con cargo a un programa de exploración de ‘nuevas drogas’ que comenzó en los años 70 y concluyó en 1992, dejando activado el suministro de estas ocho personas. Lo absurdo es que no se ha llevado a cabo ningún estudio sobre los efectos que ha tenido sobre este pequeño grupo el consumo de marihuana en el largo plazo. Sin embargo las disposiciones de alta seguridad que rodean el experimento elevan el costo del suministro de estas personas a 285.000 dólares anuales. n

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