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| 7/29/2013 12:00:00 AM

La masacre de EE. UU. enluta a una familia en el Atlántico

Tres de las siete personas muertas en el tiroteo del condado de Miami-Dade, Estados Unidos son colombianos.

Cuando los esposos Ítalo Pisciotti y Samira George, de 79 y 69 años de edad respectivamente, advirtieron el humo que salía del apartamento 408 del edificio Casa Real en la ciudad de Hialeah, estado de La Florida (Estados Unidos), se encontraron con la muerte.

Luego de intentar el ingreso infructuoso a la residencia e insistir en que llamarían a la policía, Ítalo, proveniente de El Banco, Magdalena y Samira, de Barranquilla, se devolvieron y fue allí cuando uno de los inquilinos llamado Pedro Alberto Vargas, un diseñador gráfico cubano de 43 años quien vivía con su mamá Esperanza Patterson de 83, abrió la puerta y con una pistola de 9 mm disparó en reiteradas oportunidades contra la pareja costeña. 

La hija de ambos, Shamira Pisciotti, vio cómo su mamá moría al instante y su papá se desangraba en el pasillo. Eran poco más de las 6:30 p. m. 

Acto seguido Vargas regresó a su apartamento, asomó su cabeza por el balcón y al ver que el carro de bomberos se acercaba para atender la emergencia empezó a disparar sin un blanco fijo.

Mientras estacionaba su carro luego de recoger a su hijo de una clase de boxeo, tal como lo recoge el diario Nuevo Herald de Miami, uno de los tiros alcanzó a Carlos Javier Gavilanes, de 33 años.

El homicida bajó al tercer piso y a punta de patadas entró al apartamento 304, donde disparó contra los tres ocupantes: Patricio Simono, de 69 años, su hija Priscila de 17 años, y Merly Niebles, de 51, oriunda de Soledad, Atlántico. 

“Todo fue sorpresivo. Hace muchos años que ella vivía allá y no sé qué pudo pasar”, dijo Hermelinda Niebles Rúa, tía de la víctima al periódico El Heraldo de Barranquilla.

Según el relato de Hermelinda a este medio, su sobrina vivía desde la edad de 20 años en Miami y su hija había nacido fruto de una anterior relación. Esta fue perseguida por Vargas hasta el interior del baño del domicilio para dispararle y cegar así en definitiva a seis vidas.  

Mientras las autoridades ingresaron al edificio el asesino corrió para no ser capturado. El hombre permaneció escondido por varias horas hasta las 10:00 p. m., cuando llegó al quinto piso y allí tomó como rehenes a una pareja indios.

Al salir a uno de los pasillos, y luego de diálogos fallidos por parte de la policía, Vargas intercambió disparos que acabaron con su vida. Eran las 2: 00 a. m. del sábado. 

Autoridades locales revelaron que todo inició luego de que el ciudadano cubano prendiera fuego a 10.000 dólares retirados de su cuenta bancaria, al igual que la quema de un computador portátil. 

Los familiares colombianos informaron parcialmente a la prensa barranquillera que las exequias de las víctimas se realizarían en Miami. 

Por otra parte, medios locales estadounidenses reportan que es la mayor masacre ocurrida en la ciudad de Hialeah desde la década de los 90. 
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