Martes, 21 de octubre de 2014

| 2012/12/21 00:00

La Merkel coreana

Su padre fue el dictador que reconstruyó el país, su madre fue asesinada por un espía y ella es la primera mujer elegida presidente de Corea del Sur. Esta es la historia de Park Geun-hye.

Park Geun-hye nunca se casó y declara que su familia es Corea.

“Voy a ser la presidenta de la vida del pueblo y de la unión”, dijo la conservadora Park Geun-hye poco después de enterarse de que había ganado las elecciones presidenciales de Corea del Sur con un apretado margen de tres puntos. El resultado es histórico, pues Park se convierte así en la primera mujer al mando en Seúl. Un símbolo fuerte en un país aún muy patriarcal, donde la desigualdad entre sexos es una de las más marcadas en el mundo.

A sus 60 años Park Geun-hye no es una aparecida. Su familia es conocida por todos los coreanos y su historia se confunde con la de su país. En 1961, cuando solo tenía 9 años ya vivía en la Casa Azul, el inmenso complejo presidencial de Seúl. Su padre era el general Park Chung-hee, por 18 largos años el mandamás del país.

La herencia del dictador todavía divide la nación casi tres décadas después de las primeras elecciones libres. Algunos lo admiran por haber reconstruido el país después de la guerra fratricida contra Corea del Norte. Dicen que gracias a él Corea del Sur tiene una de las economías más dinámicas y boyantes del mundo. Pero su gobierno también fue sinónimo de violencia, arbitrariedades, represión, censura y un permanente estado de sitio.

Geun-hye estudió Ingeniería en las mejores universidades de su país y se fue a hacer un postgrado a Francia. El 15 de agosto de 1974 su destino cambió. En medio de las celebraciones de independencia, un espía norcoreano le disparó al general Park, pero falló y mató a su esposa Yuk Young-soo. Según el diario inglés The Guardian, “la madre de Geun-hye fue una de las primeras damas más populares de Corea del Sur, aún muchos le tienen cariño”.

A Geun-hye le tocó reemplazar a su madre. Acompañaba al general Park en todos sus viajes oficiales, recibía a los presidentes extranjeros y organizaba banquetes y recepciones para los embajadores. A los 22 años, era una de las figuras más reconocidas de su país. Pero en 1979 su vida volvió a dar un giro. Las protestas estudiantiles se multiplicaban y el general Park tenía cada vez más dificultades para mantenerse en el poder.

El 26 de octubre su padre se juntó con varios altos dignatarios para una comida que terminó en un drama. En un incidente confuso, en medio de la borrachera y después de una fuerte discusión, el director de la Agencia Secreta Surcoreana asesinó al dictador. Nunca se supo si había sido un accidente, un golpe de Estado o gesto impulsivo. Geun-hye tuvo que salir de la Casa Azul. Pero nunca abandonó la política.

En 1998 la eligieron por primera vez a la Asamblea Nacional y en 2007 fracasó en el intento de ser la candidata del Partido Conservador. Dijo que Angela Merkel y Margaret Thatcher son sus modelos, prometió mejorar redistribución de las riquezas y reformar los conglomerados que monopolizan la economía.

Soltera y sin hijos, se presentó como la hija de Corea. Como dijo “no tengo familia ni herederos, ustedes, el pueblo, son mi familia y la única razón por la que sigo en la política”. Sin embargo, la critican por la sangre autocrática que lleva en las venas y los analistas dicen que los nostálgicos del régimen votaron por ella. En una ironía de la historia, le ganó la presidencia a Moon Jae-In, un abogado defensor de derechos humanos y uno de los principales opositores de la dictadura de su padre.

Muchos esperan que tener una mujer presidente muestre el ejemplo y permee una sociedad sexista y conservadora. Según la revista The Economist, las mujeres en Corea del Sur ganan solo el 63 por ciento de lo que devengan los hombres. Solo seis de cada diez mujeres universitarias trabajan. Y en menos del 1 por ciento de los consejos administrativos de las empresas más grandes hay mujeres. Por eso, a pesar de ser sucesora del ala más conservadora de Corea del Sur, la sola Presidencia de Park Geun-hye es un viraje histórico.

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