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| 6/26/1989 12:00:00 AM

LA MILONGA DE LA POBREZA

Pánico y economía de guerra tras las elecciones.

No se sabe aún si el presidente Raúl Alfonsín podrá cumplir,el 10 de diciembre,su anunciada proeza de entregar el poder al sucesor, el peronista Carlos Saúl Menem, en lo que sería la primera transmisión constitucional del mando en la Argentina desde 1928 (si se exceptúa la reeleción de Juan Domingo Perón en 1952). Las razones: el caos económico y financiero y el temor de un estallido social generalizado sobre el telón de fondo de intensos y amenazantes cabildeos castrenses.
Hoy, en el país de la fértil pampa húmeda conocido hasta hace pocos años como "el granero del mundo" y que todavía vive de la exportación de decenas de millones de toneladas de productos agropecuarios, empiezan a proliferar los motines de hambre. La ciudad de Buenos Aires (con unos 8 millones de habitantes), Córdoba y Rosario (con unos 2 millones cada una) y Tucumán (con más de medio millón), las tres últimas capitales provinciales, fueron escenario de episodios impensables hasta para los argentinos más pesimistas: multitudes de personas asaltando supermercados en busca de alimentos, arrasando con las mercaderías sin tocar los licores ni el dinero, ni máquinas ni otros valores, pasando por encima de las imponentes custodias policiales, en la desesperación que desata la miseria.

ECONOMIA DE GUERRA
Los saqueos se extendieron tras fracasar las negociaciones de los radicales de Alfonsín (cuyo candidato. Eduardo Angeloz, alcanzó el 37% de los votos en las elecciones del 11 de mayo) y los peronistas de Menem (el presidente electo, con el 49%) para acordar el traspaso anticipado del poder, debido a que los triunfadores en los comicios no aceptaron los condicionamientos de política económica que les quería imponer el gobierno saliente para irse antes. Alfonsín anunció al país,el martes 23.que completaría su mandato y que impondria "una economía de guerra... con métodos duros, que no me gustan" y un "gobierno de crisis", renovando el gabinete ministerial, para parar el caos. Los sectores más desposeídos le tomaron la palabra. La guerra se inició en los supermercados. Una mujer desconocida ingresó a la Cámara de Diputados de la provincia de Córdoba gritanto a los legisladores:"¡Hagan algo! ¡No damos más, somos el pueblo y no sabemos qué hacer para sobrevivir! ".
Y es que el desastre económico no hizo más que agravarse después de los comicios. El dólar, que se cotizaba a 16 australes en enero pasado, en el mercado libre sube con el paso de las horas y ya traspasó la barrera de los 200 australes. El alza de un 40% en el transporte y en las tarifas de los servicios públicos inmediatamente después de las elecciones y una inflación superior al 55% mensual -la mayor de la historia- desbordaron la capacidad de asimilación de una masa trabajadora que debe subsistir con sueldos minimos de 5 mil australes (unos 25 dólares al cambio actual, que sigue deteriorándose), cuando según estimaciones privadas tendría que percibir 30 mil australes (unos 150 dólares) para poder adquirir los insumos básicos de la canasta familiar. Los sectores de mayor poder adquisitivo concurren a los supermercados en los últimos días para realizar compras de pánico, aprovisionándose como se haría en tiempos de guerra, como medida de precaución ante la inseguridad reinante y para eludir los aumentos de los precios, con dos y tres incrementos diarios (reetiquetaciones). El cierre de los bancos, que abarcó toda la semana pasada, y la limitación de los retiros a un máximo de 20 mil australes (unos 100 dólares)agravaron las consecuencias de la crisis hiperinflacionaria.
"Vamos a llegar al 10 de diciembre con el esfuerzo extraordinario del pueblo argentino",enfatizó Alfonsín, mientras Menem declaraba que "hace tiempo que estamos ya en la hiperinflación y la economía de guerra",y que las nuevas medidas anunciadas por el gobierno radical "son de neto corte antipopular, razón por la cual el justicialismo (peronismo)no acompañó las ideas económicas de las autoridades salientes y no hubo acuerdo para el traspaso anticipado del poder". Y aclaró: "Nosótros no podemos entrar en un juego que termine quemando las herramientas que tenemos para sacar al país de esta situación".Eduardo Bauza, principal asesor de Menem, que suena como futuro ministro del Interior, opinó que "el radicalismo deberá reflexionar y abrir una nueva instancia de diálogo, ya que no se vislumbra cómo hará para transitar estos siete meses".Entre tanto, la poderosa Confederación General del Trabajo (central sindical única, de orientación peronista) anticipó su rechazo a las medidas económicas anunciadas por Alfonsin y sostuvo: "concluyó el tiempo de la usura, la insensibilidad y la desocupación. Jamás aprobaremos planes ni medidas que lesionen los intereses y los derechos de los trabajadores". El secretario general de la CGT, Saúl Ubaldini, aseguró: "Estamos en los umbrales de un estallido social", al tiempo que se informaba que durante un saqueo a un centro comercial, protagonizado por una 400 personas, la Policía estaba usando gases lacrimógenos.
En una conferencia de prensa el miércoles 24, Menem dijo que asumiría el gobierno de inmediato pero que no estaba dispuesto a cogobernar con Alfonsín, y prometió un plan económico que reduciría la inflación a un 12% anual en el plazo de 18 meses, "poniendo en funcionamiento la capacidad ociosa de la industria mediante un programa total, con el menor costo social posible y ampliando las fuentes de trabajo". Los observadores se preguntan cómo podrá hacerlo.

HOYO NEGRO
Pero siete meses más en el hoyo negro del traspaso del poder, en medio de la ingobernabilidad total y de los insultos recíprocos, parecen ser demasiado tiempo para que no se vea amenazada la estabilidad misma de las instituciones. En su discurso del miércoles pasado Alfonsin reaccionó con vehemencia ante las reiteradas y documentadas denuncias de corrupción en su gobierno (con estafas y saqueos de fondos públicos en la Dirección de Aduanas, el Banco Hipotecario Nacional,las adjudicaciones sin licitación de compras y obras del Estado, etc). "Vivimos ahora -dijo- bajo una verdadera orgía de calumnias,lo que se debe a que las reglas jurídicas no pueden llegar a los sinverguenzas.Pero quien tenga prueba de corrupción que acuda a la justicia.
Quien vagamente diga que hay corrupción y no presente pruebas es un sinverguenza que busca desestabilizar las instituciones, porque este es un gobierno decente".
Los radicales, que tenían fama de honestos en el manejo de la cosa pública, vieron seriamente dañada su imagen con el descubrimiento de una serie de escándalos de fraudes y negocios ilícitos en diferentes sectores de la administración. Ahora los peronistas -que nunca tuvieron fama de honestos- prometen investigar, desde el poder los casos de corrupción y estafas registrados bajo la gestión de Alfonsin y el enfrentamiento entre los dos mayores partidos políticos (que reunieron el 86% de los votos en la elecciones presidenciales) debilita e frente civil ante las siempre amenazantes presiones militares.
Las Fuerzas Armadas aguardan su turno y reclaman la reivindicación de su dictadura terrorista de Estado en el periodo 1976-1983, el cese de los enjuiciamientos por violaciones a los derchos humanos, la libertad de los jefes presos, un aumento de su presupuesto y la recuperación de su papel protagónico en la política nacional. La semana pasada Roberto Dromi, enlace del presidente electo con el sector castrense, aseguró que el partido justicialista (peronista) "no piensa en la solución política para el tema de los juicios pendientes contra militares,los que deben proseguir en el marco del poder judicial". Pero las reuniones de altos mandos se multiplican y nadie puede garantizar que no lleguen a traducirse en nuevos planteamientos, como los que pusieron al país al borde del golpe de estado en tres oportunidades, durante el periodo presidencial que ahora termina.
El calvario argentino tiene más de tres décadas. Data, concretamente, del golpe militar que en 1955 derrocó al gobierno constitucional y popular del general Juan Domingo Perón, y no ha hecho sino agravarse con el correr de los años. Pero todo indica que no ha tocado fondo.




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